Daniel Asz: Opiniones de un Dermatólogo Destacado y su Impacto en la Dermatología

La dermatología es una especialidad médica en constante evolución, influenciada por factores ambientales, avances científicos y la experiencia de profesionales dedicados. En este contexto, exploramos la figura de Daniel Asz y su impacto en el campo de la dermatología, basándonos en diversas fuentes y opiniones de expertos.

El Cambio Climático y su Impacto en la Dermatología

Es bien conocido que algunas de las radiaciones solares son reflejadas por el planeta Tierra y la atmósfera, aunque la mayoría de estas radiaciones son absorbidas por la superficie terrestre, calentándola. Entre las radiaciones infrarrojas que atraviesan la atmósfera, algunas son absorbidas y reemitidas desde la superficie terrestre en todas las direcciones, siendo retenidas por determinados gases: esto calentará aún más esta superficie terrestre y las capas bajas de la atmósfera, suponiendo el fenómeno conocido como efecto invernadero. Según refrenda Naciones Unidas, esto conduce al calentamiento global y al cambio climático, y el mundo se está calentando más rápidamente que en cualquier otro momento de la historia registrada. Desde el siglo XIX, las actividades humanas han sido el principal motor del cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles, lo que produce estos gases que atrapan el calor, y se calcula un aumento de 1,1 °C en la temperatura global media durante este período de tiempo.

El cambio climático se asocia a una elevación de la temperatura global media, pero también a más fenómenos climáticos extremos (olas de calor, inundaciones, huracanes, incendios, sequías…), aumento en los niveles de CO2 y elevación del nivel del mar. Esto, a su vez, tiene diferentes consecuencias, incluyendo una mayor polución del aire, aumento de alérgenos ambientales, cambios en la ecología de los vectores de enfermedades, impacto en la calidad del agua y en los suministros de agua y alimentos, degradación del medio ambiente… y parece lógico pensar que todos estos cambios tendrán finalmente impacto en la salud humana.

Así, una mayor polución en el aire y el aumento de alérgenos predispondrá a un aumento en la incidencia de asma, alergias respiratorias y enfermedades cardiovasculares. Los cambios en la ecología de los vectores de enfermedades favorecerán la diseminación de enfermedades actualmente más limitadas geográficamente como la leishmaniosis, el paludismo, la enfermedad de Lyme, el chikungunya, el dengue, la enfermedad causada por el virus de Zika, la infección por el virus del Nilo Occidental. El impacto en la calidad del agua y en los suministros de agua y alimentos favorecerán enfermedades como el cólera, infecciones por Campylobacter, leptospirosis, malnutrición, diarrea… La degradación medioambiental da lugar a migraciones forzosas, conflictos civiles e impacto en la salud mental.

Las altas temperaturas extremas propiciarán el agravamiento de diferentes trastornos cardiovasculares, respiratorios, renales o mentales, y se relacionan con aumento de la mortalidad, y a nivel cutáneo favorecerán erupciones como la miliaria. Además, afectarán sobremanera a personas con trastornos de sudoración, como ocurre con algunas enfermedades genéticas como las displasias ectodérmicas, el síndrome de Ehlers-Danlos o las ictiosis, entre otras. Los fenómenos meteorológicos extremos, a su vez, facilitarán heridas, migraciones, afectación de la salud mental.

La OMS establece que, tras inundaciones graves, los trastornos cutáneos serían los problemas de salud asociados más frecuentes, por delante de diarrea o infecciones respiratorias, e incluirían diferentes tipos de infecciones, picaduras de artrópodos, mordeduras, «pie de inmersión», dermatitis de contacto o heridas traumáticas. Los cambios de temperatura y humedad también pueden afectar, por ejemplo, a la estacionalidad habitual de determinadas enfermedades, como ocurre con la enfermedad boca-mano-pie, originada por enterovirus.

Como paradigma de enfermedad dermatológica que puede verse afectada por el cambio climático, tenemos la dermatitis atópica, claramente influenciada por diferentes factores climáticos y la polución ambiental, que pueden empeorar la función de barrera, la desregulación inmunitaria, la disbiosis y el prurito, que están implicados en la patogenia de la enfermedad. Así, las radiaciones ultravioleta pueden originar inflamación, apoptosis, daño en el ácido desoxirribonucleico y una reducción de la función de barrera, como ocurre en una quemadura solar.

La polución del aire, los alérgenos ambientales y las sustancias irritantes pueden interrumpir la homeostasis cutánea, originando dichas alteraciones en la función de barrera, disbiosis (descendiendo la flora normal y aumentando la colonización por Staphylococcus aureus), prurito y daño oxidativo. El frío y la humedad ambiental pueden igualmente alterar la función de barrera (al aumentar la pérdida transepidérmica de agua), mientras que el calor y la sudoración pueden provocar prurito.

Igualmente, son esperables cambios en relación con las infecciones fúngicas, ya que estas condiciones (aumento de temperatura global, más fenómenos meteorológicos extremos…) estimulan la emergencia de nuevos patógenos fúngicos, y la adaptación de determinados hongos a ambientes previamente inhóspitos para ellos. Es esperable, por tanto, un aumento de estas infecciones fúngicas, al favorecerse su crecimiento y diseminación; los hongos pueden infectar más fácilmente a los seres humanos, y el uso de fungicidas en agricultura puede propiciar el desarrollo de resistencias a antifúngicos. Un ejemplo lo tenemos en la emergencia a nivel global de Trichophyton indotineae.

En definitiva, como dermatólogos, no podemos ignorar el fenómeno del cambio climático, y debemos prepararnos para poder ayudar lo mejor posible a aquellos que sufran sus consecuencias.

Hemangioma Infantil y Alteraciones Oculares

El hemangioma infantil (HI) es el tumor vascular más frecuente en la infancia. Cuando se localiza en la región periocular, puede alterar el desarrollo visual del niño, al asociarse potencialmente a ciertas enfermedades oculares (ptosis palpebral, astigmatismo, estrabismo o neuropatía óptica) y, además, es importante tener en cuenta su posible relación con el síndrome PHACE(S), por lo que es necesario realizar una evaluación oftalmológica del paciente. Cuando el hemangioma precisa tratamiento, el propranolol oral se ha convertido en el tratamiento de elección.

El hemangioma infantil (HI) es el tumor vascular más común en la infancia. Está originado por la proliferación de células endoteliales de los vasos sanguíneos. Su incidencia es del 4 al 10 % en niños menores de un año, siendo más prevalente en la raza caucásica y en el sexo femenino. La mayoría se localizan en la cabeza y el cuello, con frecuencia, en la región periocular. La gestación múltiple, la edad materna avanzada, el bajo peso al nacimiento y la fecundación in vitro son factores de riesgo asociados a esta entidad.

El HI no suele estar presente al nacimiento, apareciendo en las primeras semanas de vida, aunque, en el 30-50 % de los casos, podemos identificar una lesión precursora al nacimiento (telangiectasias o pequeñas lesiones maculares). Los HI suelen cursar con un crecimiento rápido en los primeros meses de vida, un período de estabilidad, en el que el tumor mantiene su tamaño y, finalmente, con una fase de regresión lenta, que puede durar hasta los 7-9 años. Se estima que el 90% de los HI regresarán de forma completa. Su aspecto macroscópico puede variar según su estado evolutivo y localización anatómica.

Según su localización, distinguimos entre HI superficiales, profundos o mixtos. Así, los hemangiomas superficiales (aquellos que afectan a la dermis superficial), se aprecian, habitualmente, como una lesión roja brillante, plana o ligeramente sobreelevada. Si el hemangioma es profundo (afecta a la dermis profunda y al tejido subcutáneo), se expresará como una tumoración subcutánea, que producirá una sobreelevación de la piel suprayacente, que adoptará tono azulado y, si es mixto (combinando componente superficial y profundo), en superficie, se verá de color rojo en su centro, y azulado en el área periférica. En fase involutiva, la lesión tomará coloración más apagada.

Un HI de gran tamaño en localización intraorbitaria puede comprimir el nervio óptico, causando neuropatía óptica y pérdida de agudeza visual definitiva. Un HI orbitario puede provocar una proptosis ocular que impida el correcto cierre de la hendidura palpebral, provocando queratitis y úlceras corneales. Puede originarse por compresión de la vía de drenaje lagrimal, provocando epífora e infecciones concomitantes. En forma de hemovítreo, cuando la lesión se localiza en la vasculatura coriorretiniana, o de hipema, si la localización es en el estroma vascular del iris.

El síndrome de PHACE(S) es una entidad potencialmente letal, donde vemos asociación del HI a diferentes posibles alteraciones. Se trata de un acrónimo:

  • P (posterior fossa brain malformations): hipoplasia/ displasia cerebelosa uni-/bilateral, malformación de Dandy-Walker...
  • H (hemangioma), comúnmente, de tipo segmentario.
  • A (arterial anomalies): anomalías arteriales, como displasia, estenosis, oclusión, u origen/curso aberrante de las arterias cerebrales principales, aumentando el riesgo de accidente isquémico cerebrovascular.
  • C (cardiac defects): alteraciones cardíacas, como coartación aórtica.
  • E (eye): las anomalías del segmento posterior ocular, entre las que se incluyen la vasculatura fetal persistente, la persistencia de vítreo primario hiperplásico, la anomalía de la papila óptica en morning glory, la hipoplasia de nervio óptico, el estafiloma peripapilar y el coloboma coriorretiniano, se consideran criterios mayores dentro del diagnóstico del síndrome PHACE(S).

Las anomalías afectan a un segmento corporal y están asociados a mayor tasa de complicaciones y necesidad de tratamiento, y HI inde...

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¿Como nos afecta el cambio climático en nuestra piel y salud?

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