El Hombre Árbol: La Historia de Abul Bajandar

Abul Bajandar es un hombre de Bangladesh que se dio a conocer en el mundo entero por ser víctima de una enfermedad rara que afecta a cinco personas en todo el mundo. La Epidermodisplasia verruciforme está producida por una alteración genética que provoca en el paciente una sensibilidad extrema al virus del papiloma humano. A causa de estas verrugas, sus pies y manos empezaron a parecer raíces de árbol, por lo que tomó el nombre de el 'hombre árbol'.

Epidermodisplasia Verruciforme

El Comienzo del Calvario

Cuando apenas tenía 10 años, Abul Bajandar, comenzó a experimentar los primeros síntomas. El joven de 26 años comenzó a notarlas hace diez y pensó que no serían dañinas. A Abdul Bajandar la mala suerte le pesa exactamente seis kilos. Eso, en verrugas y protuberancias, es un mundo. Fueron tomando el espacio de su autoestima, de su trabajo, de las posibilidades de tener una familia y ahora están a punto de pararle el corazón. Pero le han ido ocupando las manos, los pies, las piernas y casi la vida entera.

Durante más de tres lustros, ahora tiene 27 años, vivió con el EV en un pequeño pueblo de Bangladesh. La dolencia le impedía hacer tareas tan cotidianas como alimentarse, lavarse los dientes o sostener a su pequeña hija en brazos.

La Lucha Contra la Enfermedad

Le llaman El hombre árbol y el ministro de Sanidad de Bangladesh acaba de anunciar que el estado le va a pagar una complejísima operación para devolverle la vida. La pesadilla de Abdul se llama epidermodisplasia verruciforme o enfermedad de Lewndowsky-Lutz, que fueron los primeros dermatólogos que identificaron la patología a principios del siglo pasado.

Entonces comenzaron a ver a pacientes a los que les comían las manos y los pies verrugas descomunales que terminaban por cubrir el cuerpo entero provocándoles la muerte. Hoy la ciencia ha averiguado que esta enfermedad tiene su origen en la mutación de un gen del cromosoma 17 que convierte a las personas que la sufren en muy vulnerables al virus del papiloma humano. Este produce en los individuos sanos pequeñas infecciones sin importancia, pero en los hombres árbol genera deformidades monstruosas.

La ciencia ha explicado lo que ocurre a los pacientes pero no ha podido hacer más por ellos. El desarrollo de verrugas es degenerativo y no tiene cura. La falta de glóbulos blancos en estas personas dificulta la lucha contra el virus, que secuestra las células de la piel y que produce cantidades ingentes de queratina, la misma proteína de la que están hechas las uñas y el pelo.

Abdul comenzó su calvario hace una década y en ese tiempo cada vez fue quedándose más recluido en casa y la casa fue llenándose de cientos de personas que querían ver al hombre árbol como le llamaban. Sintió esa crueldad, las miradas de asco y supo que tenía que hacer algo, así que viajó a India para operarse, pero había perdido su trabajo como conductor de bicitaxis en la aldea de Khulna, en Bangladesh, y no podía hacerse cargo de la factura.

Fue ese mismo morbo el que lo salvó. La agencia AFP publicó su historia que está recorriendo el mundo y, gracias a esa visibilidad, el gobierno de Bangladesh ha decidido hacerse cargo de los gastos de su tratamiento médico. Los familiares que lo cuidan han advertido a la prensa que Abdul necesita ayuda para todas las tareas diarias, «desde alimentarse hasta ir al baño» y que además sufre terribles dolores cuando mueve sus miembros. Su doctora ha explicado que Abdul incluso intentó cortarse él mismo las raíces, pero que tuvo que parar porque le resultaba extremadamente doloroso.

Los médicos saben que retirar los seis kilos de verrugas que tiran de sus brazos y dañan hasta sus huesos va a resultar una tarea complicada. En el hospital universitario de Daca, la capital de Bangladesh, un equipo de seis doctores de diferentes especialidades van a estudiar durante semanas las posibilidades quirúrgicas de retirar toda esa masa de queratina y provocar las menores lesiones posibles a Abdul, que sigue siendo el centro de atención. Su hermana ha explicado que decenas de curiosos se acercan continuamente a la habitación para ver su aspecto. Es una estrella fea. Desgraciadamente, la suya es una carrera perdida de antemano. Los doctores saben que las verrugas seguirán creciendo y que tarde o temprano volverá a la casilla de salida. También saben que si no hacen nada, la enfermedad (que afecta solo a tres personas en todo el mundo) terminará por apagar su vida.

Intervenciones Quirúrgicas y Esperanza

Pero el pasado febrero, el doctor Samanta Lal Sen, jefe de cirugía plástica del Dhaka Medical College Hospital, comenzó una serie de cirugías, 17 en total hasta la fecha, para devolverle la salud y la independencia a Bajandar. Este es al aspecto de Abul después de las primeras intervenciones.

Abul Bajandar antes y después de la cirugía

El conocido como "hombre árbol", un joven que ha desarrollado una extraña dolencia con pesadas verrugas con apariencia de cortezas de árbol en manos y pies, fue operado hoy por primera vez y con "éxito" en el principal hospital público de Bangladesh, informó a Efe una fuente médica. Un equipo de nueve especialistas operó entre las 09.30 y 12.30 hora local (03.30 y 06.30 GMT) la mano de derecha de Abul Bajandar, de 26 años, dijo el doctor Samanta Lal Sen, coordinador de la unidad de quemados y cirugía plástica del Hospital Universitario de Dacca.

"La primera operación ha sido un éxito. Ahora tenemos que hacer pruebas y análisis y procederemos a operar el resto de sus extremidades dentro de tres semanas", indicó la fuente. Según Sen, el paciente se encuentra "bien" y "sonríe".

Hace dos años un equipo médico le sometió a un tratamiento que combinó fármcaos con 16 intervenciones quirúrgicas. Tras diez años de sufrimiento, Abul pudo volver a comer por sí mismo, abrazar a su hija y realizar tareas cotidianas que antes no podía. Además, pudo construirse una casa con una donación que hizo el gobierno de Bangladesh.

Recaída y Continuación del Tratamiento

Sin embargo, una de las mayores preocupaciones de los médicos y del paciente era que las verrugas volvieran a crecer. Desafortunadamente, lo han hecho. Cuatro años después de ingresar por última vez en un hospital por las grandes verrugas que cubren su cuerpo, el conocido como «hombre árbol» de Bangladesh fue readmitido de nuevo en un centro para reanudar su tratamiento después de que su condición se agravase y le impidiese desarrollar una vida digna.

«Mi condición empeoró cuando regresé a mi pueblo. Bajandar, que ya se sometió a más de veinte cirugías complejas entre 2016 y 2018 para extirpar las lesiones similares a ramas de árboles que crecen en su cuerpo, fue ingresado de nuevo el sábado en el Instituto Nacional de Quemaduras y Cirugía Plástica Sheikh Hasina de Dacca, donde permanece desde entonces. «Regresó en estado grave. Tenemos que empezar su tratamiento desde cero.

Durante este tiempo, este hombre ha vuelto a ver crecer las enormes verrugas que cubren su cuerpo y en especial sus extremidades, una recaída que ya vivió cuando abandonó el hospital por primera ocasión en 2018 totalmente libre de lesiones y las deformaciones volvieron a surgir a los pocos meses. «Dejé el hospital antes porque no podía permitirme quedarme aquí por un largo período de tiempo», aseguró el paciente, que tiene todos sus gastos hospitalarios cubiertos, pero no encuentra manera de mantener a su familia.

La Vida Personal y Familiar

Abul Bajandar no pudo abrazar a su hija hasta que Jannatul cumplió tres años. Se lo impidieron las gigantescas verrugas que recubrían sus manos y sus pies, consecuencia de la enfermedad extremadamente rara que sufre: la epidermodisplasia verruciforme. Gracias a un periodista local que lo descubrió mendigando en la localidad de Khulna, la primera ministra de Bangladés, Sheikh Hasina, se involucró personalmente para que uno de los mejores equipos de cirujanos del país asiático le extirpase las verrugas y los carcinomas con forma de ramas que le dieron el apodo de 'hombre árbol'.

En 2016, cuando se sometió a la primera de 25 operaciones, su historia trascendió el ámbito nacional para copar portadas en todo el mundo. Una serie de fotografías en su móvil recoge el espejismo de normalidad que vivió en 2018: un abrazo con la niña, Bajandar sujetando una cuchara o caminando con soltura son chispazos de una vida que no duró mucho. «Al cabo de un par de meses, las verrugas comenzaron a crecer de nuevo», recuerda el bangladesí en la humilde vivienda de chapa que habita con su mujer, Halima Khatun, y las dos hijas del matrimonio, que ahora tienen 9 y 2 años respectivamente.

«Los médicos ya me habían advertido de que es una enfermedad genética que no tiene cura, pero no pensé que volviese a sufrirla tan pronto. Bajandar muestra en su teléfono móvil su mano tras la intervención de 2016 mientras se lamenta de su estado actual. Debido al covid, Bajandar tuvo que regresar a la región de Khulna y detener el tratamiento. Ahora, sus extremidades vuelven a estar escondidas bajo las verrugas, cuyo tamaño ha crecido hasta superar con creces el que tenían hace siete años. Sobre todo en los pies.

«Aunque utilizamos hilo para tratar de evitar que aumenten y que se abran, no hay manera», explica Khatun mientras realiza esta delicada operación ante las muecas de dolor de su marido. El problema es que las verrugas se extienden en todas las direcciones, provocando problemas musculares y óseos. Las manos se abren más allá de los límites húmanos, y la planta de los pies se arquea de forma que caminar es un suplicio. «Además, me hago heridas que se infectan constantemente. El dolor es insoportable», comenta Bajandar, que no puede vivir sin tomar antibióticos y analgésicos a diario.

A sus 35 años, Bajandar se siente condenado de por vida. «Soy inservible. No puedo trabajar para mantener a la familia y dependo para todo de mi mujer, que gana algo de dinero como costurera y criando patos. Unos vecinos pobres incluso nos han dejado su cabra para que cuidemos de ella porque acaba de parir. Es humillante», se sincera, incapaz de contener el llanto. Tal es su desesperación que siempre suplica a los médicos para que le corten las manos y los pies. «Hay gente que vive dignamente con múltiples amputaciones gracias a las prótesis que hay. Yo creo que es mejor eso que sufrir dolor constantemente, pero siempre me dicen que no», afirma. Él aún no ha reunido el valor suficiente para utilizar el machete por su cuenta, pero asegura que cada vez está más cerca.

«Cada uno o dos meses, mi mujer me corta un poco las verrugas. Tengo que meter las manos y los pies durante mucho tiempo en agua caliente para que se ablanden y, aun así, siento mucho dolor. Es fácil entender por qué, a pesar de ser un hombre tranquilo y bienhumorado, Bajandar desespera. «Ya no puedo ir a la ciudad a mendigar porque caminar me provoca tanto dolor que luego estoy postrado en la cama tres días. Así lo cuenta Bajandar, que se cubre las manos y los pies con pañuelos para disimular las verrugas.

La vida de Khatun tampoco es un camino de rosas. Sobre ella recae el peso de toda la familia, algo poco habitual en los países musulmanes. «Apenas gano mil takas al mes (menos de diez euros) con la costura. Y en el último año hemos ingresado otros 2.500 (22 euros) vendiendo unos pollos y un pato. Subsistimos con la huerta, el pescado del estanque, y algunas donaciones, pero es una miseria», cuenta. A pesar de todo, la mujer no se amilana y busca con tanto ahínco como ingenio mejorar la calidad de vida de Bajandar. Ha hecho arreglos en la ropa de Bajandar, cortándola y añadiendo cremalleras, para que pueda ponérsela. Y ha adaptado las suelas de unas sandalias para protegerle los pies.

Esos primeros pasos juntos tampoco fueron fáciles. La familia de ella se opuso a la unión, y Khatun reconoce que solo el nacimiento de su primera hija logró que cambiasen de opinión. «Reconozco que me enamoré por pena. Lo vi como a una buena persona que necesitaba cuidado, pero entonces todavía ganaba dinero mendigando y no pensé que acabaría dependiendo por completo de mí. Ahora siento vergüenza cuando estoy con mis padres, porque ya me avisaron de que era una mala idea».

La prioridad de la pareja es proporcionar a sus hijas las herramientas necesarias para aspirar a una vida mejor. «Los médicos nos han confirmado que no van a sufrir la enfermedad, y hacemos lo posible para darles la formación que nosotros no hemos tenido», explica ella. Tanto Khatun como Bajandar son analfabetos, pero tienen meridianamente claro que, para acabar con el círculo vicioso de la pobreza, Jannatul y a la pequeña Shayera deben estar escolarizadas. No les resulta fácil lograr los mil takas (9 euros) que cuesta al mes el colegio de la mayor, pero que ella sea feliz es ya la única esperanza que les queda.

El Futuro y la Superstición

Abul Bajandar le estará eternamente agradecido al Hospital Universitario de Daca por el cuidado que le brindó de forma gratuita entre 2016 y 2018. Gracias a la veintena de operaciones que le realizaron sus especialistas para retirarle casi seis kilos de verrugas, Bajandar pudo volver a utilizar sus extremidades. Pero a falta de una cura, ahora se resiste a vivir constantemente bajo las luces del quirófano. «Supondría mudarnos a la capital, y no creo que allí pueda darles una buena vida a mi mujer y mis hijas, porque no tenemos estudios», explica.

Desde el Centro Nacional para Cirugía Plástica y de Quemados, sin embargo, critican esta postura de Bajandar. Su coordinador, Samanta Lal Sen, afirma en una entrevista con este diario que la institución incluso le ofreció un trabajo para que pudiese subsistir en Daca. «Pero lo rechazó. Y, como se trata de una enfermedad genética, la única solución es ir cortando las verrugas según crecen. Con operaciones periódicas, podría utilizar las manos y caminar correctamente. Pero con el covid le perdimos la pista y ahora no quiere volver a vivir lo de hace siete años.

Mientras tanto, Bajandar se deja llevar por la superstición. Hace un año recibió la visita de un santón islámico que se ofreció a viajar desde Dubai para tratar de curarle con su magia: «Me tocaba y me soplaba, me rociaba con agua bendita y rezábamos juntos. Tenía esperanza de que funcionase». Obviamente, no lo hizo. Más realista, ahora está convencido de que su única esperanza está fuera de Bangladés.

Todavía no las puede cerrar completamente y en las palmas hay aún una capa de verrugas, pero el conocido como "hombre árbol"de Bangladesh está feliz con sus nuevas manos, libres tras un rosario de operaciones, mientras encara un proceso de retoques estéticos y piensa en un futuro como persona normal. "Me siento genial, todavía no puedo caminar por las recientes operaciones y tengo que ejercitar cada día mis manos para adquirir mayor movilidad, pero tenerlas libres es algo estupendo", explicó a Efe Abul Bajandar, de 27 años, en la habitación del Hospital Universitario de Dacca donde se halla ingresado desde enero.

El joven Bajandar, oriundo de una aldea en la provincia sureña de Khulna, asomó a principios de año a las portadas de medio mundo tras conocerse que tenía una extraña enfermedad, epidermodisplasia verruciforme, con la que había desarrollado pesadas verrugas con forma de corteza de árbol en manos y pies. "Poco a poco vuelvo a recordar las sensaciones que tenía antes de que a los 15 años mis manos empezaran a llenarse de verrugas. ¡He sufrido tanto! Había gente que me evitaba y tuve siempre muchos dolores. Echaba de menos todo. Desde comer por mi cuenta a jugar con mi hija, abrazarla. Esas cosas que todo padre quiere hacer con sus hijos", dijo.

Después de una decena de operaciones quirúrgicas en sus extremidades, Abul afronta ahora un proceso de "embellecimiento", con unas cinco intervenciones más que le mantendrán ingresado al menos durante "los próximos seis meses", según el centro médico. Y, entretanto, el hospital estudia en cooperación con médicos de Estados Unidos, a quienes han enviado muestras de ADN del paciente y varios familiares, si existe manera de evitar que las protuberancias vuelvan a crecer dado que la dolencia, una enfermedad no contagiosa de la que se conocen muy pocos casos, a priori no tiene cura.

"De momento no ha habido recurrencia y su condición está mejorando. Pero no sabemos qué pasará en el futuro", admitió a Efe el doctor Samanta Lal Sen, coordinador de la unidad de quemados y cirugía plástica del hospital. Tras la presión mediática que suscitó el caso, el costoso tratamiento de Bajandar fue asumido por el Gobierno de Bangladesh y ahora Sen saca pecho de la respuesta ofrecida por su equipo de cirujanos, dermatólogos y otros especialistas. "Era una operación muy nueva para nosotros. Era muy complicado saber dónde estaban los dedos, los vasos sanguíneos. Había mucho riesgo de crear complicaciones. Es un logro y hemos demostrado que si lo intentamos, en Bangladesh podemos hacer un buen trabajo", subrayó el doctor.

Bajandar, por su parte, solo tiene buenas palabras hacia los médicos y es "plenamente optimista"de que sus manos serán "completamente normales"al final del proceso. "Mucha gente me ha visitado y ofrecido apoyo en este tiempo. Es bueno que mi caso haya sido conocido en todo el mundo, pues ha animado a otras personas a tratar enfermedades difíciles", aseguró.

Un propietario de una fábrica textil ha prometido a su familia una ayuda mensual de 5.000 takas (63 dólares) y un doctor del centro, Kobir Chowdhury, le dio 600.000 takas (7.630 dólares) que destinó a comprar un terreno en el pueblo donde más adelante, cuando reúna dinero suficiente, podrá construir su propia casa. "Asumo que al principio tendré que depender de ayuda de los demás", expuso el joven, que en todo caso manifestó que no volverá a conducir bici-carros de transporte de mercancías como hacía para ganarse la vida antes de que la enfermedad le obligara a mendigar en las calles.

Le gustaría, confiesa, dedicarse al negocio de la compra y venta de arroz, cereal que muchos bangladesíes consumen hasta tres veces al día, y afirma que tiene un sueño: que su hija, de tres años de edad, sea doctora cuando se haga mayor. "Queremos que nuestra niña sea médico y cure a gente con problemas similares a los de su padre, a personas pobres y necesitadas", secundó la esposa de Bajandar, Halima.

Halima respira hoy aliviada, pues el camino de la familia hasta llegar a la situación actual ha sido una tortuosa odisea en la que gastaron paciencia y decenas de miles de takas en tratamientos: desde homeópatas en el pueblo hasta visitas a médicos en la ciudad india de Calcuta. "Ahora solo siento alegría.

Tabla Resumen del Caso de Abul Bajandar

Aspecto Detalle
Nombre Abul Bajandar
Apodo Hombre Árbol
Enfermedad Epidermodisplasia Verruciforme
País Bangladesh
Estado Actual En tratamiento continuo debido a recurrencia de verrugas
Número de Cirugías Más de 20
Peso de las Verrugas Aproximadamente 6 kg

La historia de Abul Bajandar es un testimonio de sufrimiento, esperanza y resiliencia. Su lucha contra una enfermedad extremadamente rara y su búsqueda de una vida normal continúan inspirando a personas en todo el mundo.

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