En el mundo del cuidado de la piel, la elección entre un aceite facial y una crema hidratante puede ser confusa. Contrario a la creencia popular, los aceites faciales no son exclusivos para pieles secas y pueden ofrecer grandes beneficios para todo tipo de piel si se usan correctamente. A continuación, exploraremos los beneficios de los aceites faciales y cómo incorporarlos en tu rutina de belleza.

¿Es Más Hidratante un Aceite que una Crema?
Es crucial diferenciar entre hidratante y humectante. Generalmente, se utiliza el término hidratación para definir la capacidad humectante de un aceite, pero son funciones diferenciadas y ambas necesarias para mantener la piel bonita, cuidada y sana. Humectar la piel implica retener su hidratación y prevenir la pérdida de agua transepidérmica a través de mantener la función barrera de la piel. Los aceites vegetales lo consiguen de diferentes formas en función de su estructura química y su concentración en ácidos grasos.
Cuando hablamos de hidratación, lo que hacemos es aportar agua a nivel de la membrana celular y esto lo podemos conseguir a través de cremas o de sérums específicos formulados con esta función. Para retener el agua en la piel, una crema hidratante requiere ser vehiculizada en una fase lipídica, similar a los lípidos que conforman las membranas celulares de la piel (formadas por aceites). Pero si queremos hidratarla, maximizando los recursos hídricos naturales de nuestro organismo, ahí los aceites faciales son los ganadores, porque no sólo van a impedir la pérdida de agua transepidérmica, sino que además van a aportar nutrientes, antioxidantes y ácidos grasos esenciales como los omegas 3,6 y 9.
¿Cuándo y Cómo Usar Aceites Faciales en el Rostro?
El orden correcto de aplicación es una de las dudas más habituales. Como guía general, los productos deben aplicarse de más ligeros a más espesos. Según Mar Sieira, el orden sería limpieza facial, contorno de ojos y luego el aceite, aunque si empleamos un producto de tratamiento como un ácido o retinoide (normalmente en sérum), éste iría tras la limpieza, “dejando unos 10-15 minutos para que actúe y penetre en la piel. Pasado este tiempo, puedes aplicarte el aceite como agente hidratante y reparador”.
Antonia Álvaro aconseja realizar limpieza, tónico, sérum, aceite facial y, “en caso de querer tratar hiperpigmentación, acné o una piel reactiva, añadiríamos una bruma después de la limpieza" e incluso podríamos rematar con una crema hidratante si buscamos aún más nutrición. Por el contrario, podemos hacer una rutina más minimalista: “Una vez tienes la cara limpia, rocía el agua floral [sería el equivalente a una bruma] sobre el rostro y, posteriormente, aplica el aceite sobre la piel humedecida. Al masajear, se crea una emulsión que mejora la penetración del aceite", mientras que recomiendan usar uno de sus sérums en aceite para un extra de hidratación nocturna.
La mejor forma de incorporar el aceite facial a tu rutina de cuidado de la piel es aplicarlo justo después del sérum. Si no utilizas sérum, aplícalo antes de tu crema de noche o justo antes de tu crema de día. Es una forma estupenda de revitalizar la piel y mejorar su tersura, luminosidad y tono.

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¿Cómo Aplicar el Aceite para que No Deje la Piel Grasa?
La sensación grasa depende del tipo de aceite y de la cantidad empleada. Desde Rowse, proponen precisamente empezar con su agua de rosas o neroli antes de usar el aceite porque esta bruma tiene una doble función: “tras la limpieza facial, permite restablecer el pH de la piel y mejorar la absorción del aceite. Con la piel húmeda por el agua floral, se recomienda aplicar el aceite y masajear el rostro durante al menos un minuto. Además de evitar tener una sensación pegajosa, se notarán los beneficios del propio masaje, que activará la circulación sanguínea”, explican.
Otra forma de aplicación es la que propone la CEO de Sarah Becquer, que recalca que solo se necesitan entre dos y cuatro gotas (para usar productos oleosos, siempre se recomienda no abusar de las cantidades) y calentarlas entre las manos, luego “aplicaremos el aceite con suaves presiones de las palmas de las manos, sobre cara, cuello y escote, dejando que su mezcla aromaterápica nos envuelva sensorialmente”. Si se utiliza la cantidad adecuada, sin exceso, no deberían aportar sensación grasa y si nos ayudamos con la realización de un masaje facial o friccionando el aceite entre las palmas de la manos antes de aplicarlo, potenciamos esa absorción.
Piel Seca, Mixta o Grasa: ¿Qué Aceite Usar en Cada Caso?
No todos los aceites son iguales ni están indicados para las mismas necesidades, por lo que debemos tener muy en cuenta nuestro tipo de piel a la hora de escogerlo. “Los aceites que en su formulación contienen diferentes aceites vegetales con una concentración similar a la piel, de Omega 6 y 3, son imprescindibles para todo tipo de pieles, ya que no los sintetizamos y juegan un papel fundamental en su salud, aspecto y prevención de la oxidación celular”, señala Antonia Álvaro, pero matiza que “para pieles secas es conveniente aportar otros ácidos grasos como el Omega 9 y los llamados ácidos grasos saturados. Para pieles grasas aquellos que contienen Omega 6, por su acción seborreguladora”.
- Para pieles secas: El de argán, el de almendras dulces o el de marula.
- Para pieles mixtas: El aceite de cáñamo (o hemp), combinado con agua de neroli.
- Para pieles grasas (o con acné): El aceite de cilantro o jojoba.
- Para pieles sensibles: Usar agua de hamamelis con aceite de macadamia.
Además, Antonia Álvaro aconseja también el ácido linoleico, pues “con Omega 6, actúa como un seborregulador por su elevada capacidad humectante, el aporte de este ácido graso nos puede ayudar a equilibrar las pieles grasas e incluso es adecuado en pieles acneicas, ya que se ha comprobado que tienen un déficit del mismo”.

¿Los Aceites Obstruyen los Poros (y Son Recomendables para Pieles Grasas)?
Ya hemos visto que hay determinados aceites que sí son recomendados para pieles mixtas o grasas, que son las que suelen tener mayor temor a obstruir sus poros. ¿Por qué esto no es un problema? Tal como apunta Antonia Álvaro, “las pieles grasas también necesitan lípidos, pero aquellos que tengan una función equilibrante”. Además, precisamente las pieles grasas suelen producir más sebo porque no les damos la hidratación que necesitan (por miedo a que sean grasas).
Un círculo vicioso que podemos parar con este tipo de productos, pues “los estudios demuestran que la utilización de aceites específicos en la rutina cosmética diaria, ayudan a regular la producción de aceite (sebo) de la piel, minimizando la apariencia de los poros y reduciendo el enrojecimiento y las imperfecciones causadas por el acné, al tiempo que hidratan”, admite la experta.
Entonces, ¿no obstruyen los poros? Depende. “Cuantos menos ácidos grasos saturados contiene, mejor para las pieles grasas. Aceites como el de jojoba o Black Seed son no comedogénicos, lo que significa que no ocluyen los poros de la piel, dejándola transpirar. Por ejemplo, el aceite de coco es muy comedogénico y por tanto no se recomienda su uso en pieles grasas con acné. Un aceite bio, prensado en frío mantiene todas sus propiedades y no será igual de comedogénico que un aceite refinado”.
¿Y una Limpieza Facial con Aceite?
Los aceites no solo sirven para tratar e hidratar la piel, sino que también existen fórmulas que los incorporan para limpiar y, sobre todo, desmaquillar el rostro. “Se suelen recomendar porque las bases en aceite retiran mejor el maquillaje e impurezas o residuos grasos”, nos confirma Aura Serrás, directora de iS Clinical España. Eso sí, tal como explica, no sirve un aceite sin más, sino que debe ser un ingrediente clave dentro de una formulación limpiadora, “no sirven de nada solos, es la fórmula completa la que ofrece beneficios”, indica.
A la hora de limpiar el rostro, los aceites indicados no serán los mismos que los que hemos escogido para hidratar -la experta indica que el de coco o el de cártamo son acertados para esto-, pero matiza que “más que la característica del aceite, deberíamos tener en cuenta la característica del producto en global, en su formulación completa. Sino, usaríamos aceite de oliva, de almendras de avellana, de coco… y no es así. Hay que mirar la calidad, el origen y la concentración de sus activos principales”.
Beneficios Específicos del Aceite de Argán
El aceite de argán, conocido como el 'oro líquido', es rico en vitamina E y ácidos grasos. Actúa como un potente hidratante natural, proporcionando una hidratación profunda y duradera. Además, tiene propiedades antienvejecimiento, protegiendo la piel contra los radicales libres. También es antiinflamatorio, calmando la piel irritada y reparando las células dañadas. Puede ser incorporado en la rutina diaria de cuidado facial para obtener beneficios adicionales, pero se recomienda adquirir aceite de argán orgánico y prensado en frío.
Modo de uso del aceite de argán:
- Lava tu cara con un limpiador suave y sécala suavemente.
- Toma una pequeña cantidad de aceite de argán en la palma de tu mano y frota las manos juntas para calentar el aceite.
- Aplícalo suavemente en toda tu cara con movimientos circulares ascendentes, evitando el área de los ojos.
- Deja que el aceite de argán actúe en tu piel durante al menos 15 minutos.
- Enjuaga tu rostro con agua tibia o deja que el aceite se absorba por completo.
Combinación Ideal: Aceite Facial y Sérum
A la hora de elegir entre aceite facial o sérum, la decisión depende principalmente de tu tipo de piel y tus preocupaciones específicas. Si quieres combatir líneas de expresión y arrugas, tanto sérums como aceites faciales son opciones efectivas. Para piel seca, nuestra recomendación es optar por productos concentrados como el aceite facial reafirmante de granada. Recuerda, el orden de aplicación es clave. Si usas tanto sérum como aceite facial, comienza con el producto más liviano, en este caso el sérum, y luego aplica el aceite.