Por orden del Ordo Wikia de la Santa Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata.
Los Lobos Lunares (Luna Wolves en inglés) fueron la XVI Legión de Marines Espaciales que el Emperador creó para su Gran Cruzada. Su Primarca era Horus, que luego sería ascendido a Señor de la Guerra y los renombraría Hijos de Horus (Sons of Horus en inglés). Antes de que hubiera Hijos de Horus, hubo Lobos Lunares.
Cuando la mirada del Emperador empezó a extenderse más allá de la unidad de Terra, reunió nuevos ejércitos para que luchasen en su Cruzada. Estas no eran aún los vastos ejércitos que a centenares de millar conquistarían la galaxia, sino herederas de los Guerreros Trueno que habían venido antes que ellos, y juntas representaban una fuerza de combate sin parangón en la historia.
Como la mayoría de las Legiones Astartes embrionarias, la XVI obtuvo sus primeros reclutas de la población terrana. Aunque es difícil estar seguro, hay indicaciones de que buena parte de la primera leva de la XVI Legión procedía de los clanes de cazadores de la Cuenca de Jutigra y los arrabales sub-placa de Samsatia. El conflicto perpetuo y la dureza de la vida en la desolada periferia había dado a estas gentes un duro carácter inmisericorde e independiente.
La XVI Legión guerreaba con una agresividad abrasiva. Quizás por la influencia de su legado genético o por el uso que de ella hizo el Emperador, la XVI se hizo sinónima de asaltos de choque repentinos y aplastantes. En la XVI recayó la prosecución veloz de las batallas y la sangrienta finalización de las campañas; sus ataques eran preventivos tan a menudo como parte de un conflicto existente, sus fuerzas realizaban el primer envite letal o se reservaban para dar el golpe de gracia final.
Se decía que la XVI era desatada para empezar y para acabar guerras que sus enemigos no sabían que estaban librando. Aparecerían en medio de la noche o al amanecer, a bordo de sus Stormbirds y Storm Eagles, flanqueados por escuadrones de Lightning Crows de escolta. Los guerreros que luchaban en estas batallas eran de un carácter totalmente acorde a su reputación. Orgullosos, poco dados al humor o a la empatía, ni tampoco al misticismo o siquiera a las élites rituales y militares, eran una estirpe distinta de las fuerzas verdaderamente humanas que luchaban a su lado.
Si un único suceso de aquel tiempo ejemplifica la naturaleza de la XVI Legión fue la unificación de Somon, un conjunto de principados suborbitales que habían resistido tozudamente los acercamientos diplomáticos del Emperador, negándose a formar parte de la creciente unidad terrana. En el centro de esta obstinación estaba Somon Prime, la estación orbital que atravesaba el cielo meridional como una aguja de plata. Cuando el Panarca de Somon se reunió con la última delegación enviada a la estación orbital, dirigió mucho de su desprecio contra Lercon Hurn, Capitán de la 3ª Compañía de la XVI Legión. En una perorata que duró una hora, el demagogo enumeró los pecados manifestados en la creación de seres como los Astartes. Hurn, desarmado, solo había acompañado a la delegación tras prolongadas súplicas. Era reticente a estar allí, y parecía aburrido tanto por las formalidades como por el exabrupto del Panarca. Cuando el Panarca se dio cuenta de que sus palabras no surtían efecto, escupió sobre la armadura de Hurn y la golpeó con su cetro. Aun así no hubo respuesta. Solo cuando el Panarca casi se derrumbó de agotamiento reaccionó Hurn. Matando a los guardias del Panarca con sus manos desnudas, después arrancó la cabeza del hombre de su cuerpo.
En algún momento la noción de que el Emperador enviaba a sus "lobos" a quebrar enemigos intratables o potenciales echó raíces en la conciencia del recién nacido Imperio, siendo la Pacificación de Luna su fuente apócrifa. La XVI aceptó el epíteto con deleite. La cabeza del lobo se convirtió en un icono común entre ellos, siendo la conexión un tanto abstracta: los lobos se habían quedado relegados a existir como base genética para criar bestias de combate en Terra, y eran un sinónimo de salvajismo controlado. Las pieles de tales depredadores cánidos potenciados denotaron cada vez más a menudo la posición de mando de los comandantes y oficiales de la Legión.
Cthonia: El Mundo Natal
Para los Lobos Lunares la evolución más allá de sus orígenes como una de las fuerzas de combate que habían completado la Unificación de Terra llegó con la primera leva de nuevos iniciados de Cthonia, el mundo asociado con el Primarca con el cual habían sido reunidos. Cthonia era un mundo de dura roca, taladrado por túneles y ciudades subterráneas como por un ejército de gusanos, que orbitaba una estrella azul furiosa y moribunda en medio de un Sistema por lo demás deshabitado. Colonizado en un pasado perdido, Cthonia era un mundo rico en recursos que había sido destripado a lo largo de miles de años hasta quedar convertido en un cascarón hueco. Sus redes de minas habían producido antaño minerales adamantinos, gemas y polvo cristalino en grandes cantidades, usados como alimento para la Era Oscura de la Tecnología.
Cosechando estas riquezas la Humanidad había excavado cada vez más hondo en la corteza de Cthonia, y cubierto su superficie con costras de colmenas procesadoras que acabaron por derrumbarse y hundirse en las interminables cavernas que había bajo ellas. A medida que las minas se hundían cada vez más en las profundidades, se convirtieron en un eco del infierno de las leyendas: el aire estaba lleno del olor del azufre y de puro calor, los rostros de las bandas de trabajo quedaban iluminados por el brillo de las rocas que picaban. La muerte llegaba fácilmente en Cthonia y tenía muchas caras: una brecha de magma en un túnel minero, un terremoto que se tragaba una colmena, una bolsa de gas venenoso que se filtraba por los pasadizos.
¿Quiénes eran los amos de este mundo infernal? ¿Quién se alimentaba de las riquezas arrancadas de su corazón? Nadie está seguro. Algunos afirman que fueron los Sacerdotes de Marte, siempre avariciosos de materias con las que alimentar sus ciudades forja. Otras fuentes indican que fue un reino estelar que se deshizo mucho antes de que la unidad fuese un sueño en Terra. Sin importar quién fuera, el corazón de Cthonia fue devorado hasta que se convirtió en un cadáver vacío.
Los relatos de los pocos que visitaron Cthonia desde Terra o Marte durante la Era de los Conflictos hablan de expediciones mineras que desaparecían en un solo ciclo. A veces quedaba una señal de su paso: una marca en una pared, o un solo cadáver con los ojos cubiertos por dos monedas idénticas. En la mayoría de ocasiones, sin embargo, no quedaba nada salvo sangre seca y susurros atemorizados. Lo poco que se sabía era que en el calor infernal de las minas abandonadas y las enmarañadas raíces de las colmenas, las bandas de asesinos se arremolinaban como alimañas en una madriguera, no había más ley que la ley de la espada ni más deseo que el de sobrevivir.
Algunas bandas eran territoriales, y sus líderes poseían todas las pretensiones de los reyes bárbaros. Con ejércitos de hombres y mujeres ligados a su servicio tomaban los accesos a los túneles, exigían tributos a otras facciones y creaban enclaves en el bochorno sin luz de las redes de túneles abandonados. Para otras la sangre y el poder eran un cultivo que cosechar únicamente mediante la violencia, y los muertos carne suficiente para seguir viviendo. Cuando no necesitaban comida, munición ni suministros, asaltaban simplemente para aumentar el miedo que extendían, o para cribar a los débiles e indignos de sus propias filas. Mientras que esas bandas saqueadoras dejaban sangre y ruina a su paso, otras se movían como espectros en el límite de la luz, matando en silencio y con fines que pocos podían comprender.
Entre estas facciones existía una red fluida de respeto, tributo y rivalidad. Las bandas surgían, evolucionaban y se disolían en unos pocos meses solares. De aquellas que duraban más tiempo algo era seguro: su tiempo también pasaría. Y así fue durante los largos años de la Era de los Conflictos, los fuertes mataron a los débiles solo para ser asesinados por otras fuerzas emergentes una y otra y otra vez.
Para la época en que se produjo la Gran Cruzada, las minas de Cthonia hacía mucho que se habían agotado, pero poseía un recurso que el Imperio necesitaba más aún que joyas y metales: luchadores endurecidos y supervivientes natos a millones, una raza magra y hambrienta sin ilusiones sobre los horrores del universo.
La Pacificación de Luna y el Renacimiento de la Legión
Con la toma de Luna y sus geno-forjas el Emperador pudo acelerar la expansión de sus Legiones Astartes. Como recompensa por su participación en la Pacificación de Luna, la XVI Legión fue honrada con la mayor parte de la producción de las forjas genéticas del satélite. Esta merced haría que la XVI Legión doblase sus fuerzas, y las doblase de nuevo en apenas unos años. Para alimentar este crecimiento los artesanos genéticos necesitaban carne sobre la que trabajar.
La asesina y desgarrada población de Cthonia, relativamente cercana a Terra en el vacío, y con la cual se había mantenido algún contacto intermitente incluso durante la Era de los Conflictos, fue visitada por una de las primeras Flotas Expedicionarias que partieron del Sistema Solar. Uno de los pocos registros que se conservan indica que la primera inclinación de esa expedición imperial fue quemar toda la vida de Cthonia, por dentro y por fuera. En una era de razón y verdad no había lugar para el barbarismo de Cthonia; de hecho, la primera y profética descripción del planeta lo calificó de "nido de serpientes que se retuercen en la oscuridad y que haríamos mejor en destruir". Despojada de sus recursos, no tenía mucho valor estratégico, y su gente fue considerada imposible de iluminar, pero el floreciente Imperio necesitaba dientes además de ideales, y la necesidad salvó a Cthonia.
En Luna, los hijos selectos de Cthonia renacieron como guerreros de la XVI Legión. El Emperador, en honor de su nuevo mundo natal, de las despiadadas propensiones de los cthonianos y de las victorias del pasado, dio a la XVI Legión un nombre que inspirase el terror en sus enemigos. Cuando se extendiesen para derramar sangre entre estrellas sin dueño, sus enemigos les conocerían como los Lobos Lunares.

Lobos Lunares en combate. Los cthonianos rehicieron a la XVI Legión. Lo hicieron sin pensarlo, quizás sin ser ni siquiera conscientes de lo que hacían. Para los Marines Espaciales terranos sus nuevos hermanos traían consigo sus propias costumbres, actitudes y modos de pensar y herencias integradas por un millar de generaciones de insensible violencia y despiadada búsqueda de la supervivencia, que las prácticas de adoctrinamiento de la época podían modificar y quizás suprimir, pero nunca borrar del todo, y después de todo quizás esa era la idea.
A medida que los terranos caían en combate sus opiniones y las ordenadas tradiciones militares en que habían sido entrenados se fueron haciendo más débiles y escasas. Las señales del cambio fueron muchas y sutiles, sin sobrescribir por completo lo anterior pero sí dándole un carácter único. Los ejemplos de este cambio fueron surgiendo lentamente. Los copetes y crestas típicas de las bandas de cazadores de cabezas de Cthonia se hicieron habituales en todos los rangos como adorno personal y de las armaduras. Los cortes en medio del combate para honrar a un enemigo digno fueron reflejados en arañazos a través de las cuencas oculares de los cascos.
En la batalla sin embargo el carácter de los Lobos Lunares no cambió, sino que en todo caso parece haberse reforzado con el tiempo. La Legión se esforzó por mantener la flexibilidad para poder luchar en cualquier guerra y contra cualquier enemigo en sus propios términos, pero cuando era posible la aplicación de fuerza aplastante y repentina era su forma favorita de ataque, y también la de su Primarca. Esta doctrina quedó enlazada a la salvaje ferocidad de la sangre cthoniana, y fue blandida con la fiera inteligencia y el inigualable instinto táctico de su Primarca.
A menudo los sistemas estelares caían con una sola batalla: las naves de guerra penetraban desde el borde del Sistema, formando una punta de lanza que se dividía después en formaciones más pequeñas que atacaban los planetas, satélites y estaciones espaciales. Los bombardeos orbitales y los desembarcos planetarios simultáneos rompían la fuerza del enemigo y su voluntad de resistir. Sistemáticamente, las amenazas tácticas eran identificadas, aisladas, flanqueadas, rodeadas y destruidas con inmisericorde precisión y salvajes asaltos que recordaban a depredadores alfa dividiendo un rebaño y destripando a sus integrantes con la furia de un relámpago.
El enfoque de los Lobos Lunares en la Gran Cruzada era directo y brutal, y sus resultados carecían de elegancia pero eran indudablemente efectivos. No se lo pensaban dos veces para desatar todo el poder de una flota en órbita sobre una ciudad fortificada mientras desplegaban miles de Lobos Lunares en la superficie con órdenes de matar a todo ser viviente dentro de los muros de la ciudad. En combate cada Lobo Lunar luchaba sin fisuras como individuo y como miembro de una escuadra integrada, una bestia con una veintena de ojos y manos que se movían al unísono. Luchaban despedazando al enemigo, astutos en sus maniobras pero sin miedo a avasallar mediante la fuerza bruta cuando era necesario, y cazando al enemigo en retirada sin piedad ni descanso. A menudo todo lo que quedaba a su paso eran cenizas y pedazos de carne quemada. Los escombros calcinados del palacio de un tirano y los machacados restos de sus soldados eran una dura lección para aquellos que vivían fuera de las zonas atacadas por los Lobos Lunares.
Las fuerzas de sumisión que se instalaban tras estas operaciones decían que muchas veces encontraban a la población en estado de shock, prácticamente incapaz de comprender cómo los pilares de su universo se habían derrumbado. Aunque sangriento, el progreso de la Legión era indudablemente veloz y los laureles de victoria se amontonaron sobre los Lobos Lunares y sobre todo sobre su Primarca. En este método de conquista podemos ver el carácter de la tenacidad e inmisericordia de los Lobos Lunares que conquistaron el Sistema Solar, pero también la salvaje mentalidad y la ferocidad de las guerras de bandas de Cthonia, en las que los prisioneros eran solo bocas indeseadas que alimentar. La guerra consistía en identificar la fuerza y el liderazgo del enemigo, aislándolos y después destrozándolos. Pudo ser brutal, pero para los Lobos Lunares era una cuestión de necesidad: las guerras podían ser brutales y cortas o largas y derrochadoras.

Los Lobos Lunares guerrearon durante doscientos años, ganando incontables batallas y forjando un legado de conquista y brutalidad. Su nombre resonaría a través de la galaxia, tanto como símbolo de esperanza para los leales al Imperio como de terror para sus enemigos.
Aquí hay una tabla que resume la información clave sobre los Lobos Lunares:
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Nombre Original | Lobos Lunares (Luna Wolves) |
| Número de Legión | XVI |
| Primarca | Horus |
| Mundo Natal | Cthonia |
| Características | Agresividad, asaltos de choque, brutalidad |
| Renombre | Hijos de Horus (después Legión Negra) |