Durante la Edad Media, la enfermedad fue una constante en la vida cotidiana, condicionada por factores estructurales como la precariedad de las condiciones higiénicas, las carencias alimentarias, la insalubridad ambiental y la escasa comprensión científica del cuerpo humano.
La medicina de la época, aún anclada en concepciones heredadas de la Antigüedad clásica, no disponía de herramientas eficaces para prevenir o tratar la mayoría de las dolencias que aquejaban a la población.
Vamos a adentrarnos en uno de los periodos de la historia sobre el que se ha proyectado más imágenes arquetípicas, que en su mayoría no se corresponden con la realidad. En su origen, este periodo se concibió por los historiadores como una densa etapa de transición entre el mundo antiguo y la modernidad que representaba el Renacimiento y el Humanismo. De ahí su denominación: Edad Media.
Durante la Edad Media se van a producir indudables cambios culturales que van a acuñar nuevos conceptos y terminologías, indispensables para conocer su entramado cultural. Los grandes movimientos de personas que tienen lugar en el medievo, sea por las ambiciones expansionistas, las grandes campañas militares o las peregrinaciones, unido a las pésimas condiciones sanitarias de las ciudades, van a traer consigo una generalización de las enfermedades epidémicas, que en forma de pandemias van a asolar grandes territorios.
La peste negra va a poner a prueba la capacidad de las ciudades y los estados para dar respuesta a necesidades urgentes, para luchar contra las grandes mortandades y sus consecuencias socio-económicas.
Abundaron las enfermedades de la piel, como chancros, producidos por el bacilo de Ducrey, eczemas, erisipela, etc., de las que la iconografía medieval nos ha legado multitud de ejemplos.
Numerosos textos han dejado constancia de las enfermedades que aquejaron a la población medieval con mayor frecuencia:
Eran, así mismo, corrientes enfermedades como asma, cálculos, pulmonía y numerosas afecciones de tipo respiratorio y las que afectan al sistema digestivo.
A continuación, se describen algunas de las enfermedades más comunes:
El Carbunco (Ántrax Maligno)
El carbunco, conocida también como ántrax maligno, enfermedad infecciosa producida por el Bacilus antracis, que debe su nombre al tono negro brillante que adquieren las pústulas, parecido a la antracita. Estuvo muy extendido entre los animales domésticos (ovejas, cabras, vacas, cerdos, caballos).
El hombre se contagiaba por el contacto con las esporas alojadas en la lana o la piel de los ejemplares enfermos. La puerta de entrada son las pequeñas erosiones de la piel. Los animales se infectan en los establos o en prados donde abundan las esporas procedentes de bacilos eliminados por la orina y heces de animales contaminados. Produjo grandes epidemias.
Se manifiesta de tres maneras:
- Pústula y edema malignos: Localizados en la zona de la piel por la que penetró el bacilo. A las 48 horas surge una pequeña marca roja parecida a la picadura de un insecto, que en poco tiempo se convierte en una úlcera indolora que endurece y adquiere el tono negro brillante característico. También aparecen síntomas de infección general (fiebre elevada, escalofríos, dolor muscular y de las articulaciones, hipotensión, pulso acelerado, diarreas, vómitos…); la muerte sobreviene en una semana aproximadamente. En el edema maligno predomina la tumefacción, el malestar general aparece con mayor rapidez y evoluciona más deprisa.
- Neumonía carbuncosar: Es menos endémica porque su mecanismo de contagio (inhalación) es menos frecuente.
- Enteritis carbuncosar: Caracterizada por un cuadro enterítico agudo, mortal en uno a tres días. Puede ir acompañado de pústulas o edemas, con fiebre elevada, vómitos y hemorragias. El contagio se produce por la ingestión de aguas contaminadas.
El Escorbuto
Escorbuto - ¿Como Destruye el Cuerpo? - Deficiencia de VITAMINA C y PIRATAS
El escorbuto, cuya primera descripción llega con las Cruzadas, lo produce un déficit de la vitamina C por falta de consumo de verduras frescas y frutos cítricos. Fue especialmente temida por los marineros de la Edad Moderna en sus travesías transoceánicas.
Los síntomas son: depresión nerviosa, piel amarillenta, tumefacción de las encías, hemorragias, dolores en las articulaciones y manchas en la piel que primero son rojas, se vuelven violáceas, verdes, verde-amarillentas y finalmente amarillas, debido a la alteración de los pigmentos de la sangre.

Lesiones causadas por el escorbuto.
La Gota
La gota (bajo la advocación de San Mauro), fue muy frecuente. Es una alteración del metabolismo nucleoproteico por la cual se produce un aumento del ácido úrico en la sangre (hiperuricemia), acompañada de dolores en las articulaciones, en ataques que se van haciendo más frecuentes e intensos, interrumpidos por períodos asintomáticos. En algunos casos la hiperuricemia depende de la excesiva ingestión de nucleoproidos (hiperuricemia alimentaria), pero otras veces depende del aumento en el catabolismo de los ácidos nucleicos, como en la fase resolutiva de la neumonía.
El ataque gotoso se caracteriza por dolor articular, con hinchazón y enrojecimiento local de la piel, y las articulaciones más frecuentemente afectadas son las de la mano (quiragra) y las del pie (podagra).
Una receta que describe Schippersges y que extrae de la Physica de Hildegard recomienda aplicarse una pomada fabricada con cuatro partes de ajenjo machacado, dos de sebo de ciervo y una de tuétano del mismo animal; otra aconsejaba bañarse con el agua en la que haya hervido todo un hormiguero. Los remedios recetados por Hildegard son siempre así de curiosos.
La Lepra
1. La lepra o enfermedad de Hansen es una enfermedad infectocontagiosa por el bacilo Mycobacterium leprae que afecta a nervios periféricos y piel principalmente, además de a las mucosas, los ojos y los huesos. En Benín, "se cree que la enfermedad llega" por un sortilegio maldito.
Los leprosos van primero a ver a los curanderos, y luego empeoran. El tratamiento, compuesto por tres antibióticos, es gratuito y se receta en los dispensarios del país.
La lepra cursa con lesiones cutáneas blanquecinas difíciles de eliminar si no es con tratamiento antibiótico y que hasta la aparición de la rifampicina en el S XX, fue una de las lesiones crónicas cutáneas que producían incapacidad funcional, insensibilidad y en muchos casos amputaciones de los miembros afectados.
La prevalencia de lepra es variable a lo largo del mundo. En 2009, solo hubo 16 paises donde se recogieron más de 1000 nuevos casos anuales, y se concentran en Brasil, India, Indonesia, Bangladesh y Nigeria.
Se estima que a principios de los 90, padecían lepra en el mundo, entre 11-15 millones de personas motivo por el que la OMS, , se propuso como objetivo, la eliminación de la lepra para el año 2000.
La OMS, en 1997, creó una división práctica para facilitar la clasificacón y tratamiento, en áreas endémicas con pocos recursos técnicos. El número y tamaño, varían en función del tipo de lepra.
Las formas lepromatosas, pueden presentar nódulos y engrosamiento de nervios periféricos ( cubital y radial), pérdida de pelo, especialmente en cejas y pestañas, afectación de mucosas nasal simulando un catarro permanentey perforación del tabique nasal. Ocasionalmente, puede haber afectación de hígado.
Además de por la clínica, el diagnóstico se realiza por la anatomía patológica, la PCR y las pruebas de serología.
La siguiente tabla muestra la distribución de nuevos casos de lepra en el mundo en 2009:
| País | Nuevos casos anuales |
|---|---|
| Brasil | Más de 1000 |
| India | Más de 1000 |
| Indonesia | Más de 1000 |
| Bangladesh | Más de 1000 |
| Nigeria | Más de 1000 |
Otras enfermedades y condiciones
Las hernias aparecen a menudo descritas en las fuentes, sobre todo las abdominales. Al enfermo se le purgaba y ponía a dieta para, finalmente, aplicarle cataplasmas y vendajes. Al final del período medieval se empleará la cirugía.
Entre las enfermedades del hígado destaca la hipropesía, con inflamación de las extremidades, flatulencia e hinchazón del vientre, que al golpearlo sonaba como un tambor.
La escrófula es una enfermedad congénita que afecta a la constitución linfática de niños y adolescentes, que se caracteriza por lesiones cutáneas y mucosas y a menudo por lesiones tuberculosas de localización ganglionar, ósea o articular. Esta enfermedad aparecía principalmente en niños y jóvenes.
Las causas de esta enfermedad eran variadas, podían deberse a varios factores como la alimentación, por el déficit de nutrientes, consumo de alimentos en mal estado o leche no pasteurizada.
La Dieta y la Vulnerabilidad a Enfermedades
En los últimos tiempos medievales reaparecen pandemias que diezmaron a la población. La vulnerabilidad a epidemias y contagios era provocada por la malnutrición que reflejan las pinturas flamencas, donde se representan a jóvenes con síntomas de haber padecido raquitismo infantil: párpados caídos, exagerada delgadez, abdomen hinchado y piernas ligeramente arqueadas, de lo que se deduce una dieta escasa en proteínas y vitaminas.
Se calcula el límite con lo que una persona podía vivir en unas 1.500 calorías y parece evidente que una gran parte de la población no llegaba a este mínimo, de ahí todas las referencias literarias que hacen mención al hambre e incluso a la práctica, consciente o no, del canibalismo: son comunes los relatos de posaderos que asesinan a viajeros ocasionales para servirlos luego cocinados.
Los glúcidos se tomaban en cantidad abusiva, de los cuales la totalidad eran cereales y leguminosas, el cereal (centeno y cebada en la mesa campesina) se consumía en pan y, sobre todo, cocinado como gachas.
Se tomaban potajes de legumbres y, entre las verduras, predominaban el nabo, la cebolla y la berza. La carne era un alimento de clases privilegiadas, el labriego la comía en contadas ocasiones, principalmente de cordero y de cerdo, se consumía fresca en época de matanza y el resto del año ahumada o en salazón, la mayor parte de las veces, en no muy buenas condiciones.
El pescado se consideraba un alimento para enfermos, débiles, etc., y solo se consumía durante la Cuaresma.
El vino era uno de los pocos lujos permitidos al campesino, lo tomaba mezclado con miel y especias y, a menudo, cocido. También bebía cerveza, a la que se añadió lúpulo a partir de la Plena Edad Media. Ambas bebidas les proporcionaban buena parte de las calorías que consumían diariamente.
Higiene y Marginación Social
La falta de higiene predisponía a la enfermedad. Los antiguos baños públicos romanos habían desaparecido por oposición eclesiástica, que aducía razones de moralidad (solo recomendaba baños a los enfermos). Existían unos lugares a los que se llamaba baños públicos, pero eran una especie de burdeles, no demasiado encubiertos.
Vivir en la ciudad significa una convivencia más estrecha, con mayor densidad de población y, además, el ámbito urbano genera unos espacios distintos a los del campo con sus plazas, iglesias, tabernas…, todo ello conlleva un contacto mayor, los ciudadanos coinciden en el mercado, el horno, el lavadero público, y hace que las enfermedades se propaguen con más rapidez y afecten a más personas que en el medio rural.
Durante estas centurias los pozos se contaminaban con frecuencia, pero se seguían utilizando. Se vivía entre excrementos, el agua sucia corría por la anarquía de calles pobladas de ratas, las letrinas eran comunes, la basura se acumulaba en improvisados vertederos, los animales domésticos vivían junto a los hombres ya que se utilizaban como foco de calor durante el invierno… Todo eso convertía a la ciudad en el caldo de cultivo ideal para la gestación y propagación de todo tipo de enfermedades.
Pero la sociedad medieval marginó a muchos más colectivos: a la mujer, al anciano y al niño por considerarlos inferiores en su debilidad, al peregrino, al vagabundo, al buhonero y al juglar, por carecer de un hogar reconocido y de unos vecinos que pudieran salir valedores de su solvencia moral, dentro de esa forma obsesiva de entender la religión, típica de la época.
Algunos oficios, por ser considerados sucios o impuros y marginó también a todo lo que consideró distinto. El miedo a lo diferente, a aquello que puede romper la rutina de unas gentes ancladas en sus costumbres; la desconfianza ante lo desconocido y la ignorancia en la que se hallaba sumida la sociedad, son los pilares en los que se sustentan los prejuicios que sirven de justificación a la marginalidad social durante la Edad Media.