Maria Garayar: Biografía y Contribuciones a la Dermatología

Con la llegada del buen tiempo, se reactiva el eterno debate: ¿debemos exponernos al sol para ganar vitamina D o protegernos como si cada rayo fuera una amenaza? Esto se extiende más allá de las consultas médicas, derivando en redes sociales y conversaciones cotidianas. Y la pregunta siempre acaba siendo la misma: ¿Sol sí o sol no?

“La respuesta no es blanco o negro”, resume la dermatóloga Cristina Eguren. Su planteamiento coincide con el de otras especialistas como María Garayar y Ana Molina: no se trata de evitar el sol a toda costa, sino de aprender a convivir con él sin pagar un precio estético ni, lo que es más importante, de salud.

Infografía sobre protección solar.

El Sol: Imprescindible para la Vida, Peligroso en Exceso

Durante el invierno, si te has hecho una analítica, probablemente hayas notado falta de vitamina D (lo normal a nivel general). Esta es esencial para la salud ósea, el sistema inmunitario y múltiples funciones metabólicas.

Eso sí, exponerse demasiado al sol también puede ser un verdadero problema. El fotoenvejecimiento (arrugas prematuras, flacidez, manchas y pérdida de luminosidad) está directamente relacionado con la radiación ultravioleta acumulada a lo largo de los años. Pero no solo nos deberían de importar las consecuencias estéticas, sino que el daño solar es el principal factor de riesgo del cáncer cutáneo.

“Donde menos fotodaño, con su consecuente fotoenvejecimiento, quiero acumular es en la cara”, señala la misma dermatóloga. Por eso, su estrategia es clara: protección diaria en el rostro y reaplicación solo cuando la exposición es directa y prolongada (innegociable en horas de alta intensidad).

Manchas: El Precio Invisible del Sol Mal Gestionado

Si hay una consecuencia visible del abuso solar, son las manchas. Detrás de su aparición no hay una única causa. “Como en todo, mucho es genética y mucho son hábitos, la exposición solar (la voluntaria e involuntaria)… el hecho de que la piel esté inflamada por una quemadura o un acné o rosácea también, predispone a la aparición de manchas. Nuestro estado hormonal, tratamientos de fertilidad, anticonceptivos, embarazos…”, aclara.

Lo que tenemos que tener bien claro es que la piel tiene memoria y todo lo que pasemos en nuestra juventud, tendrá consecuencias en el futuro si no nos protegemos como es debido. Cada episodio inflamatorio o cada exposición sin protección deja huella, que normalmente se traducen en hiperpigmentación.

Protección y Más Protección: La Regla de Oro

Si nos tuviésemos que quedar con un solo cosmético en el neceser, ese sin duda sería el protector solar. “Aquí está la clave: protección y más protección. Mantener una rutina cosmética adecuada desde casa también es un pilar fundamental. “No esperar a tener la cara llena de manchas para venir a la consulta”, advierte la experta.

La lógica es sencilla: al final la prevención siempre es mejor que el tratamiento y, en dermatología, actuar antes de que la hiperpigmentación esté establecida marca por completo la diferencia.

¿Cuánto Sol Necesitamos Realmente?

Esta es una cuestión que siempre está en el tintero, a la que la dermatóloga Ana Molina lo resume con claridad: “No se trata de no tomar el sol, sino de cómo lo hacemos”. En el podcast de Anne Igartiburu explicó que “todos los días me da un poquito de sol, unos diez, quince minutitos. Eso sí, advierte contra un mito muy extendido: “La gente se cree que va a acumular vitamina D en verano para todo el año y no funciona así”.

La síntesis es continua y requiere cierta regularidad. “¡Tomar el sol sí, pero con cabeza! Solo 10-15 minutos al día en zonas como la cara, brazos o piernas son suficientes. Más sol no significa más salud”, reafirma.

COMO ELEGIR TU PROTECTOR SOLAR IDEAL || Recomendaciones de un dermatologo

Tratamientos Despigmentantes: Cuándo y Cómo Actuar

Cuando las manchas ya están instauradas, la estrategia cambia. “Saber qué tipo de mancha y fototipo para tratarla es fundamental antes de iniciar cualquier tratamiento despigmentante”, explica Garayar. A ello se le pueden sumar a nuestra rutina facial en casa ciertos activos eficaces en este terreno.

“Dentro de los activos a buscar en nuestras cremas la hidroquinona, el retinol y el ácido glicólico son los ganadores. También son interesantes el ácido tranexámico y el azelaico”, menciona.

“Como con casi todo en esta vida, este asunto no es blanco o negro. El sol puede ser medicina... O veneno, si te pasas con la dosis. En el término medio está la virtud", explica Cristina. La respuesta está en la moderación, en la educación dermatológica y en la constancia.

Fotoprotectores: Farmacia vs. Tienda Convencional

Con la llegada del verano, todos nos lanzamos a la búsqueda del protector solar perfecto, pero, ¿te has planteado alguna vez qué diferencia hay entre un fotoprotector de farmacia y otro que encuentras en una tienda convencional? Aunque muchos se fijan solo en el factor de protección, la realidad es que el sol tiene efectos mucho más complejos sobre nuestra piel de lo que imaginamos. No se trata solo de evitar las quemaduras, sino de prevenir los daños invisibles que, a largo plazo, afectan nuestra piel de forma más sutil pero igualmente peligrosa.

Diferencias entre protectores solares de farmacia y supermercado.

Mientras algunos fotoprotectores solo cumplen con su función básica, los de farmacia van un paso más allá, ofreciendo una protección más completa. No solo te resguardan de los dañinos rayos UV, sino que también protegen contra la radiación infrarroja y la luz visible, responsables de manchas y envejecimiento prematuro. Así lo explica la dermatóloga María Garayar, especialista en tricología, dermatología estética, acné y rosácea, en un vídeo publicado en sus redes sociales.

“Os traigo una pregunta que quizá no os atreváis a preguntar a vuestro dermatólogo: ¿Es lo mismo o qué diferencia hay entre un fotoprotector en el que pone 50 o un fotoprotector de farmacia? Pues bien, evidentemente, no son iguales. En general, los fotoprotectores cumplen funciones básicas como protegernos de la quemadura solar. Si bien quizás esto es lo más importante, los fotoprotectores de farmacia van más allá”, comienza explicando la dermatóloga.

Los fotoprotectores de farmacia no solo nos protegen contra los rayos UVB, los principales causantes de las quemaduras solares, sino también contra los “UVA, los infrarrojos y la luz visible”, que son responsables de problemas como el fotoconducto y las manchas en la piel. A lo largo de los años, estos protectores han evolucionado para convertirse en productos “prácticamente preventivos”, al incluir “sustancias antioxidantes” que ayudan a neutralizar los daños causados por la exposición solar. Además, muchos de ellos incluyen activos como “ácido azelaico” o “niacinamida”, que no solo protegen, sino que también pueden tratar ciertas afecciones de la piel.

“La mayoría de ellos han pasado por más estudios clínicos y dermatológicos para garantizar su eficacia y seguridad en la piel. Además de proteger de los rayos UVB y UVA, también defienden contra la radiación infrarroja y la luz visible”, factores clave si tienes problemas de manchas, melasma o rosácea. Esto los convierte en una opción más completa para quienes buscan una protección solar más integral y específica.

Por tanto, cuando elijas un fotoprotector, debes asegurarte de conseguir no solo una “protección solar completa” contra los rayos UVB y UVA, sino aportar “antioxidantes como vitamina C, E o ácido ferúlico, que ayudan a proteger tu piel del daño ambiental.

Tipos de Piel Grasa y Sus Características

La piel grasa se caracteriza por una producción excesiva de sebo, lo que puede provocar brillos, poros dilatados y, en algunos casos, acné. Sin embargo, no todas las pieles grasas son iguales, y es fundamental reconocer sus diferencias. “En torno al 80% de la población tiene la piel grasa. Lo que ocurre es que además del tipo de piel a los dermatólogos nos gusta hablar de estados de la piel. Uno puede tener la piel grasa y además tenerla deshidratada lo que le hace percibirla erróneamente como seca y otro paciente puede tener la piel grasa e inflamada, pero al no verse granitos clasificarla erróneamente como piel “sensible”, explica la Dra. En el caso del acné, se debe a una combinación de factores clave, tal y como nos continúa comentando la especialista: “Por un lado, la hipersecreción sebácea provoca una producción excesiva de grasa en la piel, generalmente como respuesta a desequilibrios hormonales. Por otro, la hiperqueratosis conlleva una acumulación y maduración excesiva de queratinocitos en las capas superficiales, lo que engrosa la piel más de lo normal. La combinación de ambos procesos conduce a la obstrucción de los poros, favoreciendo la acumulación de sebo y creando un entorno ideal que da lugar a los brotes de acné”.

Veamos los principales tipos y diferencias:

  • Piel grasa sin acné: se identifica por la presencia de brillos en la zona T (frente, nariz y mentón), poros visiblemente dilatados y poca tendencia a la sequedad. Aunque no suele presentar brotes de acné con frecuencia, sí es más propensa a la aparición ocasional de imperfecciones.
  • Piel grasa con tendencia acneica: además de los brillos y poros dilatados, esta piel experimenta pequeños brotes de acné de manera esporádica, que pueden verse agravados por factores hormonales, dietéticos o ambientales.
  • Piel con acné leve a moderado: presenta brotes continuos con granos inflamados y comedones, lo que requiere un tratamiento específico con productos seborreguladores y exfoliantes.
  • Piel con acné severo: se caracteriza por brotes de acné persistentes y granos inflamados con riesgo de dejar marcas o cicatrices. Este tipo de piel suele requerir tratamientos médicos y el uso de productos cosméticos específicos para complementar la rutina.

Rutina de Cuidado Según Cada Tipo de Piel Grasa

Cada tipo de piel grasa necesita una rutina adaptada a sus necesidades para mantener el equilibrio y reducir las imperfecciones. “Como hemos visto, clasificar a los pacientes en tipos de piel es una manera de simplificar mucho las cosas ya que habrá que tener en cuenta el estado de la piel en ese momento, pero hay cuidados básicos de los que toda piel grasa va a beneficiarse”, afirma la Dra. María Garayar.

Piel Grasa Sin Acné

  • Limpieza: Utilizar un limpiador suave con acción purificante para eliminar el exceso de sebo sin deshidratar la piel.
  • Exfoliación: Incluir una exfoliación con ácido salicílico o glicólico dos o tres veces por semana para evitar la acumulación de células muertas.
  • Hidratación: Optar por fórmulas ligeras, no comedogénicas, con ingredientes como la niacinamida o el ácido hialurónico.
  • Protección Solar: Fundamental para evitar la oxidación del sebo y prevenir el envejecimiento prematuro.

Piel Grasa Con Tendencia Acneica

  • Limpieza: Un gel limpiador con activos seborreguladores como el ácido salicílico es ideal.
  • Tratamiento: Incorporar productos con niacinamida, ácido azelaico o prebióticos que ayuden a calmar la piel y a prevenir la proliferación de bacterias.
  • Hidratación y Protección: Es clave mantener la piel equilibrada con una hidratante ligera y protector solar libre de aceites.

Piel Con Acné Leve a Moderado

  • Limpieza: Doble limpieza con productos suaves que regulen la producción de grasa sin resecar la piel.
  • Exfoliación: Activos como los AHA y BHA ayudarán a desobstruir los poros y reducir la inflamación.
  • Tratamiento: Productos con acción antibacteriana y antiinflamatoria.
  • Protección Solar: Fundamental para prevenir la hiperpigmentación postinflamatoria.

Piel Con Acné Severo

  • Limpieza: Un limpiador suave sin sulfatos para no irritar la piel sensibilizada por los tratamientos médicos.
  • Hidratación: Cremas reparadoras con ingredientes calmantes como la centella asiática o el pantenol.
  • Fotoprotección: Protector solar mineral para evitar reacciones adversas y proteger la piel durante los tratamientos.
  • Consulta Dermatológica: En este tipo de acné, la supervisión médica es fundamental para un tratamiento adecuado.

La Flacidez y el Cuidado Facial

La flacidez es un fenómeno natural que acaba ocurriendo con el paso de los años. La encontramos en el rostro, cuello, brazos o abdominal, entre otras zonas, y es totalmente normal que la notemos entre los 25 y 30 años. Y es que nuestro cuerpo comienza a producir menos colágeno y elastina de manera gradual, comenzando lentamente hasta observarse de manera notable a lo largo de los años. Sobre todo, a partir de los 35 años es donde vemos más progresión en la pérdida de firmeza, así como en los 45 años, dado los cambios hormonales, puede ocasionar más aceleración de dicho proceso.

En muchas ocasiones, estamos buscando maneras, maneras y maneras de encontrar una solución y caemos en la tentación de someternos a la cirugía. No obstante, tenemos a nuestro alcance un gran abanico de posibilidades que no tienen nada que ver con ello.

Uso de Protección Solar y Activos que Generen Colágeno

"La flacidez es un proceso en el que notamos que nuestra cara o cuerpo va 'cayéndose' que nos va a afectar a todos en mayor o menor medida ya que vivimos de pie y sometidos a la fuerza de la gravedad", comenta la especialista. Es por ello que debemos comenzar a cuidarla con anterioridad. Para ello, debemos conformar un buen neceser que contenga dos productos esenciales: protectores solares y activos ricos en colágeno.

Entre dichos activos encontramos los famosos productos con péptidos o el deseado retinol, que ambos previenen la flacidez en el día a día. Como bien hemos comentado, según la declaración de Garayar, lo ideal y más indicado sería comenzar a actuar previniéndola antes de que aparezca. Y es que, si es algo que te preocupa actúa ante los primeros signos. "Otra cosa importante para evitar la flacidez es la periodicidad y la constancia de los tratamientos, recordarle de vez en cuando a nuestra piel que genere colágeno y no se caiga", suma.

Escoger los Tratamientos en Clínica Adecuados a tu Dermis

Y aunque comentemos que podemos evitar al cirugía para evitar la flacidez, bien es cierto que existen diferentes tratamientos no invasivos que ayudan a mejorar de manera más progresiva y efectiva. Algunos de ellos son los láseres, la radiofrecuencia con agujas y los ultrasonidos, entre otros, puesto que mejoran la firmeza y elasticidad de la piel, así como reafirman y conseguimos resultados naturales.

Por un lado, la radiofrecuencia con agujas penetra de manera más profunda en la dermis y pueden llegar a la capa donde se produce el colágeno, siendo más efectivo en cuanto a tratamientos. Por otro lado, con los ultrasonidos conseguimos un efecto lifting, así como rejuvenecedor, de las facciones con puntos de calor controlados.

Prioridad a los Dispositivos Caseros

"Los dispositivos caseros o el yoga facial tienen una eficacia muy pequeña en relación al esfuerzo y el tiempo que requieren. Mi recomendación es invertir ese tiempo en tratamientos con mayor evidencia científica", comenta Garayar. La cuestión es dedicarse unos minutos de autocuidado en el que optimicemos los pasos de la rutina facial con herramientas y productos realmente eficaces y que nos ayuden en base a las características y necesidades de nuestra piel.

En este caso, a través del yoga facial conseguiremos activar y tonificar aquellas zonas que queramos reafirmar con la mejora de la circulación. En cambio, en cuanto a los dispositivos, tenemos a nuestra disposición diferentes alternativas, desde las microcorrientes hasta la luz roja, pasando por la radiofrecuenta suave con los que estimularemos adecuada y progresivamente la piel.

En definitiva, para evitar la flacidez sin una cirugía es cuestión de constancia y dedicación.

tags: #maria #garayar #dermatologia