El Médico Alemán que Desafió al Azar: La Historia de Richard Jarecki y su Éxito en los Casinos Europeos

La ruleta es un juego de azar cuyo nombre proviene del término francés "roulette", que significa “ruedita” o “rueda pequeña”. La mayoría de los jugadores ven la ruleta como un juego donde se gana por pura casualidad, ya que es considerado históricamente como uno de los juegos de azar por excelencia de la industria de los casinos, tanto físicos como online.

Sin embargo, Richard Jarecki se negó a creer que su funcionamiento fuera así de simple y que la suerte dominaba por completo la ruleta. Para comprobarlo, este médico estadounidense nacido en Alemania recorrió los principales casinos europeos estudiando las formas de las ruedas de la ruleta para encontrar algún tipo de defecto físico. Jarecki encontró un patrón oculto debajo del aparente azar de este popular juego, así comenzó la historia de un hombre de familia que logró más de ocho millones de dólares en los casinos de la Costa Azul.

Según el libro ‘Anatomía del Juego. Un análisis Comparativo de las posibilidades de ganar en los diferentes juegos de azar’ publicado por Miguel Córdoba Bueno (profesor de Matemática Aplicada de la Universidad CEU San Pablo) en 2013, la probabilidad de ganar algo de dinero apostando al rojo o negro a la ruleta es del 49,96%.

El Origen de un Jugador Inusual

Richard Jarecki nació el 1 de diciembre de 1931 en Szczecin, ciudad que actualmente se encuentra en territorio polaco pero que en ese momento pertenecía a Alemania. Sus padres, ambos de origen judío, pertenecían a la clase alta, ya que él era dermatólogo y ella heredera de la industria naviera. Con el ascenso del Partido Nazi, que culpaba a los ciudadanos judíos de todos los males del país, su familia fue perdiendo gradualmente todas sus posesiones y terminó huyendo a Estados Unidos en busca de una vida mejor. A su llegada a Nueva Jersey, el joven Jarecki observó que tenía un don especial para juegos como el Rummy, el Skat y el Bridge. De hecho, ganaba habitualmente dinero en las partidas con sus amigos. Además de por su habilidad en los juegos de cartas, Jarecki destacaba por su capacidad para retener números y estadísticas.

Comenzó a estudiar medicina y en los años 50 se convirtió en uno de los investigadores médicos más destacados de su época. A pesar de su reputación, el alemán encontró su verdadera pasión en los casinos.

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La Obsesión por la Ruleta y el Descubrimiento Clave

A principios de la década de los años 50, este joven médico desarrolló una extraña obsesión por la ruleta de los establecimientos de juego. A diferencia del pensamiento de la mayoría de los jugadores, que pensaban que la ruleta dependía sólo del azar, Jarecki estaba convencido de que existía algún tipo de patrón o fallo con el que se podía quebrar el juego. A raíz de su experiencia y habilidad con los juegos, el alemán había conseguido un método de observación especial para detectar los fallos y patrones de las diferentes modalidades.

Una noche, Jarecki percibió que los casinos reemplazaban las cartas y los datos al final de cada día, pero las ruedas de la ruleta, que en esa época eran modelos muy caros, siempre permanecían intactas. De hecho, las ruedas de la ruleta podían mantenerse durante décadas antes de ser reemplazadas por otras nuevas. Algo que no puede ocurrir actualmente en plataformas de juego online . El paso del tiempo provocaba un cierto desgaste en el popular juego de azar, por lo que el médico pensó que esos pequeños defectos podrían provocar que ciertos números salieran con mayor frecuencia, rompiendo la aleatoriedad imperante.

El Método Jarecki: Análisis y Colaboración

Jarecki comenzó a viajar los fines de semana por los casinos a comienzos de 1960 para registrar los giros de la ruleta y analizar los datos para buscar algún tipo de anomalía estadística con la que ganar a la banca. Junto a su esposa Carol Fughse, el médico alemán perfeccionó un sistema basado en los números ganadores anteriores. De esta forma se lo explicó al The Sydney Morning Herald, periódico de la ciudad de Sídney, en 1969: “Experimenté hasta que tuve una descripción general de un sistema basado en los números ganadores anteriores. Si los números 1, 2 y 3 ganaron las últimas 3 rondas, pude determinar cuando era más probable que ganara el próximo 3.”

Después de recopilar todos los datos, Jarecki acudió a un casino con 100 dólares que tenía ahorrados. Una primera experiencia con la que consiguió 5.000 dólares de beneficio. A pesar de sus primeras ganancias, su verdadero objetivo no era ganar dinero, sino vencer a la ruleta.

Expansión por Europa y Ganancias Millonarias

A mediados de los años 60, el alemán regresó a su país natal para trabajar en la Universidad de Heidelberg, aunque siguió buscando las mejores ruletas, en este caso europeas, de los casinos. La ruleta europea ofrecía mejores probabilidades a los jugadores respecto a las americanas, ya que al tener solo una ranura 0 se reducía la ventaja de la banca sobre el jugador, pasando del 5,26% a tan solo el 2,7%. Por su parte, su mujer recorrió los establecimientos de juego del sur del continente (Monte Carlo, Divonne-les-Bains y Baden-Baden) para perfeccionar el sistema que habían desarrollado. Además, Jarecki contó con ocho compañeros que realizaban el trabajo de campo registrando los giros de las ruletas. El médico consiguió un préstamo de 25.000 libras por parte de un financiero suizo y aplicó su estrategia durante seis meses en los casinos europeos. En ese periodo de tiempo, Jarecki ganó 625.000 libras, el equivalente actual a 6.700.000 dólares.

Ocho meses más tarde, el alemán regresó a San Remo y en un fin de semana consiguió 1.400.000 dólares agotando el dinero en efectivo del establecimiento en dos ruletas diferentes en una misma noche. De hecho, Robert Lardera, director general del casino de San Remo, lo describió como “una amenaza para todos los casinos de Europa” en unas declaraciones a The Morning Herald. Incluso le prohibió la entrada durante 15 días por considerarlo como un jugador “demasiado bueno”. A finales de los años 60, Jarecki había ganado el equivalente a ocho millones de dólares actuales.

El Fin de una Era y el Legado de Jarecki

“Es una amenaza para todos y cada uno de los casinos de Europa. No sé cómo lo hace, pero si nunca volviese a pasarse por el mío, me haría un hombre muy feliz”. Es el 25 de mayo de 1969 y el suplemento de fin de semana de 'The Sydney Morning Herald' ofrece a sus lectores, por primera vez, la historia del 'profesor jugador'. En el reportaje podían leerse los lamentos de Signor Lardera, dueño del casino de San Remo, que se llevaba las manos a la cabeza ante el paso por sus salones de juego del huracán Richard Jarecki.

Por eso, su carrera terminó cuando Lardera, después de intentar otras alternativas inútiles como cambiar de posición las ruletas (el doctor las conocía tan al dedillo que las reconocía a simple vista) o solicitar a las autoridades italianas que lo expulsasen del país, decidió sustituir 24 ruletas del casino.

Ni Jarecki fue el primero en hacer algo así ni el último. El método desarrollado en España por Gonzalo García-Pelayo y su familia era semejante. El sevillano director de cine sospechaba que toda ruleta, aun recién fabricada, podía tener sus pequeñas imperfecciones físicas, lo que terminaría provocando a la larga que unos números saliesen con más frecuencia que otros. Como recuerda la página 'Gambling Sites', García Pelayo probablemente se inspiró en el método de Jarecki a la hora de analizar los resultados de la ruleta, y utilizó un método muy semejante (reclutando a su hijo Iván y a su hija Vanessa) para amasar alrededor de 70 millones de pesetas a principios de los noventa. Pero ya en su día Joseph Jagger, el pionero de la “ruleta trucada” en el siglo XIX, el tándem formado por Albert Hibbs y el doctor Ray Walford o Helmut Berlin habían utilizado sistemas semejantes.

Ganó su último torneo en diciembre de 2017, a los 87 años, apenas unos meses antes de fallecer a causa de una neumonía “No importa que descubriesen su truco”, relataba el obituario de 'The New York Times'. “Para entonces ya se había llenado los bolsillos y era famoso, y estaba a punto de labrarse una nueva carrera en otro entorno dominado por el riesgo en Estados Unidos”. ¿Adivinan?

El jugador supremo se dedicó en cuerpo y alma desde los años setenta a los mercados de futuros, en auge por aquel entonces. No sabemos si observó alguna tabla marcada en el parqué de la bolsa, pero sí que su talento corría en la familia. Su hermano, el psiquiatra y empresario Henry Jarecki, también se hizo multimillonario y, con su ayuda, Richard consiguió multiplicar por 10 su fortuna; su hijo John se convertiría en el campeón de ajedrez más joven de la historia. Y sí, los Jarecki, Andrew y Eugene (autores del documental 'Capturing the Friedmans' o la serie 'The Jinx') son sus sobrinos.

En el obituario publicado el pasado verano, mientras todo el mundo estaba de vacaciones y nadie escuchaba, su viuda, Carol, volvía a contar cómo habían saltado a la riqueza. Requería un gran esfuerzo: cada mes, podían llegar a recopilar hasta 10.000 resultados. La mayoría de ruletas no presentaban ningún problema, pero cuando encontraban una que sí lo hacía, la atacaban hasta dejarla seca. “No lo inventó, simplemente lo perfeccionó”, confesó su mujer al medio estadounidense. Además, ofrecía nuevos datos a la historia, recordando que su esposo era tan amable que la mayoría de dueños de casinos se resistían a prohibirle la entrada.

A partir los 70, Jarecki siguió jugando casi por placer, tanto en la cercana Atlantic City como en Las Vegas. Su última parada sería Manila, en Filipinas, porque sus reglas eran mucho menos estrictas. Ganó su último torneo en diciembre de 2017, a los 87 años.

¿Es Posible Repetir su Éxito Hoy?

Probablemente no. Gracias en parte a las hazañas del doctor Jarecki surgieron las ruletas Starburst, fabricadas por John Huxley y diseñadas con materiales que evitan el deterioro, y que comenzaron a extenderse por todos los casinos desde principios de los años ochenta. Además, la informatización de los procesos ha provocado que, si una ruleta comienza a repetir un resultado por encima de lo que le correspondería por azar, salte una alarma; ningún crupier es humanamente capaz de llevar un recuento semejante de los números. Por último, los inspectores se aseguran continuamente de que todas las piezas están en su sitio. Así que cada vez más es más difícil que se cumpla aquella máxima que el propio Jarecki pronunciase en su día: “Si a los dueños de los casinos no les gusta perder, que se dediquen a vender verduras”.

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