Nathy Peluso: Belleza, Confianza y la Verdad sobre el Botox

Nathy Peluso, nacida en Luján, Argentina, en 1995, se ha consolidado como una de las artistas más influyentes de la escena musical contemporánea. Su estilo único, estética personalista y solidez en el escenario la han catapultado a la fama. Pero más allá de su talento musical, Nathy Peluso también es conocida por su autenticidad y su postura sobre temas como la belleza, el feminismo y la autoaceptación.

En su primera portada y editorial para ‘Vogue’, la intérprete reflexiona sobre su particular cosmos, donde ‘trap’ y feminismo, escándalo y tradición conviven en armonía. Y es que la contundencia de su personalidad, con una seguridad a prueba hasta de dientes torcidos, probablemente no tendría mucho que hacer sin el curvilíneo (y elocuente) físico que la acompaña.

“La gorda tá triunfando, mami”, espetó orgullosa Nathy Peluso en 2018, recordando sus inicios en la gimnasia rítmica. Esta frase se convirtió en un lema para muchos, celebrando la diversidad y la autoaceptación. Sea como fuere, hace tiempo que Nathy Peluso dejó de preocuparse en exceso por su silueta. “Me gusta cada parte de mi cuerpo tal y como es”, decía hace poco más de dos años en una revista femenina.

El año pasado, justo después de debutar Calambre, la hermana de la rapera Sofía Gabanna volvió al programa de Broncano con sus uñas infinitas, una camiseta de Dior y una actitud “tremendamente sexy”. Ya llevaba sus carnosos labios glossy (cada vez más grandes) en tonos tierra, pero aún no se había puesto la lentilla azul sobre su ojo izquierdo (de naturaleza marrón, igual que el derecho) para entrar en su etapa heterocroma.

En enero de este año (ya con la lentilla azul) recalaba en El hormiguero para seguir ahondando en el gran placer de su vida, la comida. “Es algo que me aporta satisfacción continuamente”, decía, antes de avanzar algunos de sus menús predilectos: ensaladilla rusa, gazpacho, croquetas, lentejas… “El jamonsito, mi amor, el jamonsito” y, cómo no, la milanesa con puré de patatas de su madre.

Sobre la lentilla, trató de bromear con Pablo Motos sobre cómo le cambiaba el ojo de color de manera natural cada vez que recibía un disgusto. Y celebró sus largas uñas, en las que estaba escrito en rojo Nasty Girl (ese culo natural, no plastic), con las que podía hacer absolutamente todo, hasta ponerse los pendientes.

Mencionó también el proceso de creación de Calambre, un disco en el que quería mostrar el orgullo de estar donde está, con sus ansias de pelear y con sus heridas a la vista (en la portada está saltando y vendada, casi como en un icónica fotografía de Jean Paul Goude). Dos meses más tarde, en marzo, explicaba en Vogue España cómo se había preparado para su participación en los premios Goya, a los que acudió llamada por el gran Antonio Banderas para entonar una emotiva La violetera junto a la orquesta sinfónica de Málaga.

Hay un aporte motivacional de Nathy Peluso que resulta también interesante (e inspirador) y no ha sido especialmente celebrado, acaso eclipsado por su célebre defensa de lo body positive. Y es su insistencia de que sabía, desde siempre, que tendría dinero en la vida, y que lo lograría haciendo lo que le gustaba (no siempre fue consciente de que eso sería cantar). No es que ella esperase tener éxito. Es que sabía que lo tendría .

Acerca del uso de botox, Nathy Peluso ha sido honesta y directa. Vamos a los detalles. ¿Se puede ser feminista y utilizar botox? Hace ya tiempo que dejé de hacerlo y se me nota en la cara. Las actrices, las presentadoras, las artistas en general, alardean de que no se inyectan y que lo suyo es hacerse mayor con naturalidad. Mienten como bellacas y claro eso te produce una importante bajona moral porque no eres capaz de envejecer naturalmente como ellas.

Yo admito haberlo usado, por eso muchas mujeres me han felicitado por haber confesado el gran secreto. La verdad es que no veo mucha diferencia entre teñirse o ponerse fundas en los dientes y pincharse botox cada seis meses para relajar las arrugas.

Nathy Peluso entendió pronto algo que mucha gente demora décadas en comprender: solo hay una vida y cada uno somos estrella de la nuestra. “Ser sinvergüenza es algo precioso, porque la vergüenza te limita un montón. A mí me encanta serlo e invito a mucha gente a divertirse, a restarle peso a las cosas, a utilizar la ironía tan necesaria en la vida... Si no, viviríamos muy preocupados”, advertía en febrero a Javier Girela en la revista GQ, antes de enviarse un mensaje a sí misma, una valoración del momento en el que se encontraba: “Me diría a mí misma ‘qué bien, Nathy, siempre haces lo que te sale del corazón. Qué gran ejemplo de superación para ti misma’. ¿Sabes qué? Creo que soy una gran amiga para mí misma. Siempre me acompañé, me escuché y me alenté en lo que yo quería conseguir, y lo estoy haciendo. Mi reflexión es ‘sigue así’, porque esa es la manera de conseguir lo que quieras: proyectar, creer de verdad y trabajar duro para conseguir esas metas.

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