Concurso de Belleza de Camellos en Arabia Saudí: Un Escándalo de Bótox y Ambiciones

En pleno desierto saudí, conquistado por inmensas autovías que atraviesan miles de kilómetros de dunas, se concentra, una vez al año, un gran concurso de camellos: el King AbdulAziz Camel Festival. Este concurso estrella de Arabia Saudí, donde un camélido puede alcanzar precios de un millón de dólares, vive un escándalo que traspasa las fronteras.

El festival anual de camellos de Arabia Saudí es uno de los eventos que más ha crecido en los últimos años y que más expectación genera entre la población. Los camellos son un símbolo de la cultura tradicional del país y con este festival esperan expandir este símbolo de forma internacional y esperan que venga gente de todo el mundo para divertirse y aprender. Arabia Saudí ofrece una experiencia turística realmente única: asistir a un festival en el que los camellos más bellos y veloces son coronados campeones.

Esta competición existe desde el año 2000 y mueve más 50 millones de euros en premios. Los favoritos son los blancos de ojos delineados en oscuro, a juzgar por los vídeos e imágenes que circulan de este evento que se celebra bajo la égida por el príncipe Mohammed bin Salman, el mismo 'MBS' que ha sido puesto en cuarentena internacional por el caso del asesinato Jamal Khashoggi.

Además del peculiar concurso de belleza de camellos, este festival cuenta con diferentes tiendas para probar la leche de camello, ropa fabricada con pelo de dicho animal e incluso exposiciones explicativas sobre cómo montaban antiguamente a los camellos.

El festival se celebra en el desierto de ad-Dhana, situado en el centro de Arabia Saudí. Este vasto corredor se extiende a lo largo de 1.000 km y 80 km de ancho, conectando an-Nafud a Rub al-Jali y curvándose alrededor del Montañas Twaik. También conocido como "Señorita Camello", el Festival del Camello del Rey Abdulaziz dura un mes entero. En torno a 30.000 camellos participarán en el evento, compitiendo por una bolsa de premios total de 2,5 millones de euros.

Antiguamente los camellos eran los animales de carga por excelencia en Oriente Medio, donde se les conocía como «los barcos del desierto». Su función en los países del Golfo Pérsico ha cambiado radicalmente al convertirse en un símbolo de belleza y poder. Ya no son los esclavos de antaño sino exclusivos modelos que desfilan en pasarelas en certámenes muy populares en la región y compiten en carreras de velocidad donde están en juego grandes cantidades de dinero.

El Escándalo del Bótox

Con premios tan altos la tentación de saltarse las normas es muy potente, y este año han sido expulsados 12 camellos debido a que sus dueños les han inyectado bótox con el objetivo de hacerlos "mejores". Pero las normas del concurso en cuanto a esto son muy claras y como recogen en el diario 'The Telegraph', estipulan que "los animales en los que se encuentren drogas en los labios, estén depilados o teñidos en alguna zona del cuerpo" serán descalificados.

En Arabia Saudí, por ejemplo, se celebra estos días la sexta edición del festival King Abdulaziz, donde los rumiantes desfilan en todo su esplendor con el objetivo para su dueños de conseguir parte de los 66 millones de dólares que se reparten en premios. Lo que cuenta es la apariencia, y ganar, por supuesto. Así que la picaresca ha hecho que algunos criadores retoquen a sus animales con bótox para reducir los tics y las señales nerviosas, para alargar las pestañas y estirar la piel y obtener así el cuello más esbelto.

Pero el comité médico del certamen ha detectado 16 casos de inyecciones de bótox y 27 estiramientos faciales en estos animales, que han sido inmediatamente descalificados. Este es el mayor caso de detección de operaciones estéticas en camellos desde la primera edición del festival, dice la agencia SPA.

Los expertos aseguran que el objetivo de estas tretas es mejorar su apariencia general con el objetivo de aumentar su precio, engañar a quienes quieran comprarlo u obtener un premio. También es tendencia en algunos países del Golfo la clonación de camellos , lo que permite a los dueños sustituir un ejemplar por otro igual de veloz para lograr victorias en las carreras e igual de aparente para competir en los concursos de belleza.

En el año 2009 se clonó al primer camello del mundo y desde entonces el Centro de Reproducción Biotecnológica de Dubái clona a decenas de ejemplares cada año, que sus propietarios venden en el mercado a razón de cien mil dólares por animal. «El precio de un camello se fija en función de su belleza, de su salud y de la raza», explicó Al-Otaibi, director de una casa de subasta de camellos en Kuwait, a la agencia Afp.

La clonación también ofrece otras ventajas. Un rumiante clonado puede producir 35 litros de leche por día, siete veces más que un camello ordinario, explica el doctor Nisar Wani, director científico del citado centro médico en Dubái. La leche es un producto muy popular en el Golfo y para muchos tiene la consideración que en Occidente se le da a la leche de vaca.

Ante el aumento de la demanda en los Emiratos Árabes, el único país del Golfo con clínicas dedicadas a ello, los científicos estudian técnicas para acelerar el proceso como la «ovulación múltiple».

La agencia oficial de noticias saudí SPA dijo que los 43 camellos fueron descalificados de la ronda después de que un comité médico especializado, que examina a los animales antes del evento para detectar cualquier tipo de fraude, "descubriera manipulaciones" en los camélidos. Habitualmente, los dueños de camellos que participan en este tipo de festivales, muy populares en el golfo Pérsico, recurren a los rellenos para resaltar las pestañas de los dromedarios y al bótox para reducir los tics y las señales nerviosas, así como para relajar el morro de los rumiantes.

Por este motivo, la administración del festival “está realizando grandes esfuerzos para combatir todas las formas de manipulación que algunos participantes utilizan para embellecer al camello”. La finalidad, según SPA, es “mejorar su apariencia general con el objetivo de aumentar su precio, engañar a quienes quieran comprarlo u obtener un premio” que, habitualmente, asciende a millones de dólares.

La BBC explica que miles de camellos participan en el Festival de Camellos Rey Abdulaziz, donde son juzgados por detalles como la forma de sus labios, la altura de sus mejillas, el tamaño de su cabeza, la ubicación de sus jorobas o la musculatura de sus cuerpos. También incluye carreras de camellos así como degustaciones de leche y reparte premios por un total de 57 millones de dólares. Los camellos se exponen en un recinto, enfrente del público, y cada camello tiene la oportunidad de ganarse al jurado oficial.

Un Símbolo Nacional

El camello se considera un símbolo nacional de Arabia Saudí y ha desempeñado un papel vital en la cultura tradicional del país durante siglos. Estos animales se han utilizado como alimento, transporte e incluso como compañeros de guerra a lo largo de la historia.

Solíamos preservarlo por necesidad, ahora lo conservamos como un pasatiempo", se ha quejado el juez principal del programa, Fawzan al-Madi. Estos animales, utilizados durante siglos para la comida, el transporte, como máquinas de guerra y compañeros, forman parte de la cultura tradicional del país. Los dueños del camello más bello se llevan un millón de riales (250.000€). En el concurso participan 270 ejemplares.

El escándalo ha estallado en el corazón de Arabia Saudí: se está retocando con cirugía estética a camellos en el festival más célebre del mundo árabe, una especie de Super Bowl con hasta 50 millones en premios. Un juez del concurso de belleza: "Es la misma cirugía que las mujeres... Les recortan las orejas y les alargan los labios". Ya 12 animales fueron descalificados por bótox. Miss Camella se llevará un premio de 25 millones.

La cita del libro sagrado resuena estos días entre las jaimas y las gradas del festival de camellos Rey Abdelaziz, en la desértica Al Dhana, a unos 120 kilómetros de Riad, la capital de Arabia Saudí. Un acontecimiento anual que levanta pasiones y concita la atención de los súbditos del reino. En su geografía -un auténtico parque temático dedicado al dromedario, símbolo del país- la aguja más temida no es la del versículo coránico sino las que inyectan bótox a las hembras rumiantes en busca de los suculentos premios que reparte el concurso de belleza.

«Por el interés de los derechos de los animales y la limpieza de la competición, estamos centrando nuestros esfuerzos en erradicar todas las tretas que intentan embellecer al camello artificialmente para llevarse los trofeos», admite a Crónica Fahad Semari, uno de los miembros más destacados del Club del Camello, una institución creada el año pasado por decreto real para potenciar una competición que reivindica el alma beduina de un reino ultraconservador y hasta ahora aislado, inmerso desde hace meses en una vasta campaña de reformas.

El furor por la cirugía estética se ha convertido en un quebradero de cabeza para los organizadores desde que el recinto abriera sus puertas a principios de enero. Desde entonces, al menos 12 animales han sido descalificados del concurso tras detectarse los retoques a los que habían sido sometidos. «Están llevando a cabo la misma cirugía que se hacen las mujeres. Les recortan las orejas y les alargan los labios», denuncia a este diario Fauzan al Madi, el jefe de los jueces que valoran a los 26.000 ejemplares que desfilan por las instalaciones.

En juego hay más de 214 millones de riales saudíes (unos 45 millones de euros). Miss Camella se lleva el grueso -unos 25 millones de euros- mientras el resto de los premios en metálico se destina a las carreras para agasajar a los más veloces. «Es el festival de camellos con premios más elevados de los que se organizan en todo el mundo», confirma Sultan al Baqmi, portavoz de un acontecimiento que rivaliza con los organizados cada año en el vecino Emiratos Árabes Unidos.

En tierras saudíes, la apetecible tajada de dinero ha agudizado el ingenio de los propietarios de los rumiantes, procedentes de toda la península arábiga excepto Qatar (país sobre el que Riad y otros aliados regionales mantienen un bloqueo desde el pasado junio). En diciembre las fuerzas de seguridad saudíes arrestaron a un veterinario mientras desarrollaba en su clínica una operación para retocar a un dromedario que tenía previsto participar en el festival.

Según el informe policial divulgado en los medios, el médico inyectaba bótox para aumentar el tamaño de las facciones del rostro y atenuar el tamaño de las orejas. En la estancia donde desarrollaba la intervención se hallaron unos 700.000 riales (unos 150.000 euros) junto a un arsenal de jeringuillas y medicinas. La documentación de la clientela, requisada durante la inspección del lugar, condujo a nuevas redadas.

Un negocio en alza que persigue modelar a los ejemplares al antojo de la moda por la que velan los jurados de las tres categorías -según colores y edades- en las que se divide la competición de belleza. «Hay muchos y variados requisitos. Miramos la altura de la camella. La cabeza, la boca y la nariz deben ser grandes. Los labios deben ser también de grandes proporciones, con el inferior ligeramente caído. Las mejillas deben ser amplias y largas. El cuello, delgado y largo. El color debe ser homogéneo, sin manchas. El animal puede tener varias tonalidades pero nunca mezcladas», detalla Al Madi, un veterano de una iniciativa establecida en 2000 en un páramo remoto del desierto.

Hace un año las autoridades, empeñadas en potenciar la cita y acercarla a los urbanitas que suelen mofarse de los beduinos y sus costumbres, la aproximó al extrarradio de la capital. El canon que salvaguarda Al Madi no descuida otros atributos secundarios como las caderas de los dromedarios. «Deben ser amplias y fuertes», comenta. Los dueños de los ejemplares ungidos por el don de la perfección estética son agraciados con una dádiva que varía según la posición final en la clasificación y la categoría. El primer premio más abultado alcanza el millón de riales (unos 215.000 euros). La décima posición, supera por poco los 20.000 euros. Hasta 270 ejemplares se llevan algún galardón por sus encantos antes de regresar al establo.

La picaresca de los bolsillos que buscan a toda costa el reconocimiento ha obligado a los organizadores a extremar los controles desde el inicio del registro, a mediados de octubre. «Los camellos híbridos, esto es, cruzados o que no son de pura raza y no provienen de Arabia Saudí, no pueden participar en ninguna categoría», reza el estricto reglamento. Las hembras presentadas a concurso -que, según la categoría, pueden tener entre uno y siete años- deben llevar un chip electrónico controlado por los ministerios de Medio Ambiente, Agua y Agricultura.

«En caso de cambio fraudulento del aspecto», avisa el documento, «serán excluidos de inmediato». «Hemos establecido tres etapas de comprobación a cargo primero de expertos, segundo de veteranos con mucha experiencia y, en tercer lugar, de expertos en animales», desliza Semari. El festival certifica la edad de los participantes por un examen dental y, en algunas de las competiciones, se realiza un análisis de sangre.

«Por desgracia las trampas no se limitan a usar métodos de cirugía plástica sino también otras prácticas inaceptables para conseguir que algunas partes de los camellos tengan una apariencia diferente. Hemos empezado a trabajar con las fuerzas de seguridad para perseguir y localizar a los veterinarios que están detrás de este engaño», agrega.

Además del bótox y los rellenos de colágeno, los dueños más astutos recurren a las hormonas para aumentar la masa muscular de ciertas zonas o a métodos más caseros y laboriosos como tratar de modificar el tamaño de los labios aplicándole una suerte de masaje diario a mano.

Para detener el creciente paso de los dromedarios por el quirófano, la organización ha fijado un severo castigo. «A los dueños que se arriesgan y son cazados les prohibimos la participación en el festival durante las cinco próximas ediciones», advierte Al Madi.

Bajo los auspicios del rey Salman y su hijo, el treinteañero y todopoderoso príncipe heredero Mohamed bin Salman, los artífices de la cita reparten sus energías entre la cruzada contra el bótox y la expansión del certamen que ensalza a las refunfuñonas bestias de cuya existencia han dependido durante siglos los beduinos nómadas. Hasta la llegada de las furgonetas Toyota que hoy cruzan sus poblados, los rumiantes proporcionaban transporte, comercio, defensa, compañía y -cuando, exhaustos, fallecían- alimento.

Acoplados al desierto y sus rigores, eran capaces de aguantar sin agua cinco días seguidos en el estío y hasta 25 en época invernal. Durante décadas la carrera anual del Rey ofrecía a los últimos beduinos la posibilidad de estar cerca de su majestad y honrarle con el espectáculo de sus ejemplares, obligados a recorrer a regañadientes 18 kilómetros entre dunas.

«El nuevo festival es un acontecimiento vital tanto para los propietarios de los camellos y la comunidad de criadores como para el desarrollo económico de un sector muy rico. Es una oportunidad de preservar el patrimonio local y aumentar las opciones de ocio, que son objetivos clave de la visión 2030», reseña Semari a propósito del programa de ambiciosas reformas por el que a partir de este año las mujeres han comenzado a asistir a partidos de fútbol; podrán conducir por vez primera y las salas de cine volverán a abrir sus puertas después de más de tres décadas cerradas a cal y canto.

Los dromedarios que lucen su figura durante un mes por las angosturas de Al Dhana son un filón para un país que -en palabras de su heredero al trono- anhela acabar con su «adicción al petróleo». A expensas de su espectáculo el reino ha levantado un ferial donde el camello recibe un culto sólo al alcance de una estrella de rock.

«Se celebran subastas de dromedarios día y noche y se amasan grandes sumas de dinero. Nuestra aspiración es convertirlo en un festival de proyección internacional con participantes y visitantes de todo el mundo», desgrana el máximo responsable de los jueces. En esta edición confían en superar los 300.000 peregrinos con una amplia oferta de atracciones.

El programa no ha olvidado ningún detalle: existen espectáculos infantiles en los que animadores disfrazados de sonrientes camellos se dejan fotografiar con los más pequeños; sesiones de ardah -una danza popular en la que dos filas de hombres bailan, empuñando una espada o no, al ritmo de tambores y poesía recitada-; un museo con esculturas de camellos tallados en la arena; unas olimpiadas de historia local; un zoo que exhibe los especímenes más pequeños y grandes del mundo; un certamen de recitación y fotografía; una exposición sobre el arte de peinar sus jorobas; una constelación de jaimas donde degustar la leche de camello o adquirir productos elaborados con su piel; una competición para premiar a los ejemplares más obedientes y un planetario que enseña cómo los árabes se orientaban por el desierto a través del firmamento.

No obstante, las estrellas en la meca del camello -las que hacen vibrar al graderío- son las competiciones de belleza y las carreras. Ambas, transmitidas en directo por Youtube con la narración de locutor incluido, concluyen en el podio. Una ceremonia en la que los dueños de las bestias más hermosas y veloces deben jurar sobre un ejemplar del Corán la edad y la propiedad del animal. Es entonces cuando se les recuerda que, sean fieles a la verdad o mientan, será Alá quien los juzgue con el agravante de tratarse de un animal sagrado.

Tabla de Premios del Festival Rey Abdulaziz

PosiciónPremio (aproximado)
Primer premio (más abultado)215.000 euros
Décima posición20.000 euros

El concurso de belleza de camellos

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