Dermatitis por Parásitos: Información Detallada

Las lesiones cutáneas son una causa común en viajeros que regresan de zonas tropicales y subtropicales y buscan evaluación médica. Entre los viajeros enfermos evaluados al regresar, las patologías dermatológicas ocupan el tercer problema más frecuente (después de la fiebre y la diarrea aguda). Problemas dermatológicos crónicos como la dermatitis crónica pueden empeorar en un clima tropical.

El propósito de esta actualización es identificar las dermatosis parasitarias más comunes relacionadas con los viajes y describir los aspectos epidemiológicos y geográficos, así como las características clínicas, la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.

Parasitosis Delirante

La parasitosis delirante es la creencia errónea de tener el cuerpo infestado por parásitos. Los afectados por parasitosis delirante tienen la falsa creencia inquebrantable de estar infestados por insectos, gusanos, ácaros, piojos, pulgas o cualquier otro organismo. Algunos también creen que la casa, el entorno y la ropa están igualmente infestados.

A menudo se ofrecen descripciones realistas de la entrada de los organismos en el cuerpo a través de la piel y otros orificios del cuerpo, y de sus movimientos internos. Las sensaciones de prurito, movimiento e irritación que se tienen son muy reales. En un esfuerzo por librarse de estas sensaciones, la persona puede rascarse, hurgarse o mutilarse la piel lo suficiente como para causarse lesiones o úlceras. A veces estas lesiones se infectan. Otras personas se aplican varios agentes químicos y/o desinfectantes en la piel. Estos agentes químicos pueden causar irritación o reacción alérgica.

Estas personas llevan al médico muestras de cabello, piel y detritos, como costras secas, polvo y pelusa, para demostrar así la veracidad de la infestación. Las muestras las llevan en un portaobjetos o en un recipiente. La parasitosis delirante es más frecuente en mayores de 50 años y en mujeres, pero es muy poco habitual.

Algunos afectados por parasitosis delirante padecen un trastorno que hace que se preocupen en exceso por su salud (trastorno de ansiedad por enfermedad, anteriormente denominado hipocondría), o han descubierto algún trastorno parasitario (por ejemplo, sarna) a través de los medios de comunicación o han estado en contacto con alguien que ha tenido el mismo parásito.

Algunas personas con parasitosis delirante también presentan un trastorno mental, como esquizofrenia, depresión, ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo, pero la mayoría no. El abuso de ciertas drogas (como cocaína o metanfetamina) o la retirada del alcohol tras un uso prolongado también pueden provocar parasitosis delirante.

Diagnóstico de la Parasitosis Delirante

La parasitosis delirante suele ser difícil de diagnosticar, ya que muchos trastornos cutáneos reales, como alergias, dermatitis o parásitos reales, también causan prurito. Las llagas o las irritaciones cutáneas causadas por el rascado y el uso de agentes químicos también pueden parecer otros trastornos cutáneos.

El diagnóstico se basa en la exploración física y los antecedentes personales, incluidos los antecedentes de consumo de medicamentos o drogas y de trastornos mentales. Pueden hacerse raspados de piel y a veces análisis de sangre para descartar infestaciones reales y otras enfermedades. Si se ha descartado una infestación real, puede ser útil una entrevista con un médico especialista en trastornos de la salud mental (psiquiatra) para determinar si la parasitosis delirante forma parte de un trastorno mental.

Tratamiento de la Parasitosis Delirante

El tratamiento de la parasitosis delirante se coordina mejor entre un especialista en trastornos de la piel (un dermatólogo) y un psiquiatra. El dermatólogo hace una evaluación minuciosa para asegurarse de que no haya parásitos reales. A continuación se envía al afectado a un psiquiatra para tratarle el delirio.

Los fármacos antipsicóticos, como risperidona y haloperidol, que suelen ser prescritos por un psiquiatra, pueden ser muy eficaces. Sin embargo, a menudo el afectado se niega a aceptar la ayuda psiquiátrica y prefiere visitar a muchos profesionales diferentes en una inútil búsqueda de un tratamiento para erradicar los parásitos que imagina.

Infecciones Parasitarias Intestinales

Las infecciones parasitarias intestinales provocan un número importante de infestaciones en niños en nuestro país. En los niños que proceden de PBR, es frecuente encontrar sintomatología digestiva, de la cual la más frecuente es la diarrea. Todo ello representa un reto para los pediatras, que deben afrontar una patología no tan frecuente en nuestro entorno, hasta hace relativamente poco tiempo.

Las parasitosis intestinales son infecciones del tubo digestivo, que pueden producirse por la ingestión de quistes de protozoos, huevos o larvas de gusanos, o por la penetración de larvas por vía transcutánea, desde el suelo. Cada parásito va a realizar un recorrido específico en el huésped y afectará a uno o varios órganos, según sea este recorrido. Estas infecciones se pueden clasificar según el tipo de parásito y la afectación que provoquen en los diferentes órganos y sistemas.

La importancia de los parásitos intestinales radica en que infectan a más de la mitad de la población humana y la población pediátrica es la más afectada. En Pediatría, podemos realizar una clasificación de los parásitos intestinales según su repercusión directa en el aparato digestivo y según la familia a la que pertenecen.

A continuación, se describen algunas de las infecciones parasitarias intestinales más comunes:

  • Giardia lamblia: Tras la ingesta de quistes del protozoo, estos dan lugar a trofozoítos en el intestino delgado (ID) que permanecen fijados a la mucosa hasta que se produce su bipartición, en la que se forman quistes que caen a la luz intestinal y son eliminados por las heces. Los quistes son muy infectantes y pueden permanecer viables por largos períodos de tiempo en suelos y aguas hasta que vuelven a ser ingeridos mediante alimentos contaminados.
  • Entamoeba histolytica: Los trofozoítos de la Entamoeba eclosionan en la luz intestinal y pueden permanecer en ese lugar o invadir la pared intestinal para formar nuevos quistes tras bipartición, que posteriormente son eliminados al exterior por la materia fecal y vuelven a contaminar agua, tierra y alimentos. En el proceso de invasión de la mucosa y submucosa intestinal, producen ulceraciones que son responsables de parte de la sintomatología de la amebiasis.
  • Cryptosporidium parvum: La infección se produce por ingesta de oocitos que están en alimentos y aguas contaminados, o bien, por vía fecal-oral (es frecuente en guarderías). Tras la ingesta de oocitos en alimentos o aguas contaminados, se liberan esporozoítos con capacidad de unirse al borde en cepillo de las células epiteliales intestinales.
  • Enterobius vermicularis: La hembra del E. vermicularis se desplaza hasta zona perianal, principalmente con horario nocturno, donde deposita sus huevos, muy infectantes, que quedan adheridos a la piel o en la ropa. Mucho más habitual en niños que en adultos, frecuentemente asintomática.
  • Ascaris lumbricoides: Es un geohelminto que produce clínica por la ingesta de huevos embrionados procedente de alimentos, tierra o aguas contaminadas.
  • Ancylostoma duodenale y Necator americanus: Los huevos de ambos helmintos se eliminan por las heces y eclosionan dando lugar a un tipo de larvas que infectan mediante penetración por la piel, aunque el A. duodenale también puede provocar infección por ingesta oral.
  • Strongyloides stercoralis: El ciclo directo: la larva, que se encuentra en el suelo, penetra a través de la piel en el sistema circulatorio, por donde llega al sistema cardiaco derecho y a la circulación pulmonar, asciende por las vías respiratorias hasta ser deglutida y dirigirse a la mucosa del intestino delgado.
  • Hymenolepis nana: Los huevos son ya infectantes al salir por las heces y son ingeridos por escasa higiene. Los huevos alcanzan el duodeno, donde se adhieren a la mucosa intestinal y penetran en la mucosa, obteniendo la forma de cisticercoide.
  • Taenia solium y Taenia saginata: El humano parasitado elimina proglótides y huevos por las heces, que son ingeridos por animales, cerdo en T. solium y vaca en T. saginata.
  • Fasciola hepatica: Los tremátodos adultos de fasciola habitan en los conductos biliares, vesícula biliar y en otros lugares ectópicos.
  • Schistosoma: Los humanos se infectan en contacto con aguas infestadas, por penetración en la piel de las formas larvarias del parásito, que son liberadas por caracoles de agua dulce.

Para facilitar la comprensión, aquí hay una tabla que resume los parásitos intestinales más comunes, su diagnóstico y tratamiento:

Parasitos Intestinales: Sintomas de parasitos en niños

Parásito Diagnóstico Tratamiento
Giardia lamblia Determinación directa de quistes en heces o de trofozoítos en el cuadro agudo con deposiciones acuosas. Metronidazol (15-30 mg/kg/día/8 h, durante 5-7 días)
Entamoeba histolytica Visualización de quistes en materia fecal o de trofozoítos en cuadro agudo con deposiciones acuosas. PCR-RT para diferenciar de E. dispar. Paramomicina (25-35 mg/kg/día/8 h, durante 7 días) o Metronidazol (30-50 mg/kg/día/8 h, durante 10 días)
Cryptosporidium parvum Visualización directa de oocitos en materia fecal. Soporte de reposición de líquidos y electrolitos.
Enterobius vermicularis Test de Graham (cinta adhesiva transparente en zona perianal) o visualización directa de huevos. Mebendazol (100 mg dosis única, repetir en dos semanas) o Pamoato de pyrantel (11 mg/kg dosis única, máximo 1 g)
Ascaris lumbricoides Observación de huevos en heces. Mebendazol (100 mg/12 h 3 días o 500 mg dosis única) o Albendazol (200-400 mg/día, dosis única)
Ancylostoma duodenale y Necator americanus Observación de huevos del parásito en las heces. Mebendazol o Albendazol. Tratar la anemia si está presente.
Strongyloides stercoralis Visualización del parásito en heces (difícil). Serología mediante EIA (sensibilidad > 90%). Eosinofilia en sangre. Ivermectina (0,2 mg/kg/día cada 24 h, máximo 12 mg y durante tres días) o Albendazol (200 mg/12 h 3-5 días)
Hymenolepis nana Visualización de huevos en heces. Niclosamida (40 mg/kg el primer día, seguido por 20 mg/kg/día, durante 6 días más)
Taenia solium y Taenia saginata Visualización de proglótides en heces. TC cerebral o RM cerebral si hay sintomatología neurológica. Praziquantel o Niclosamida.
Fasciola hepatica Examen de heces tras concentración o de bilis obtenida por sondaje. Triclabendazol (10 mg/kg en una o dos dosis por vía oral) o Bithionol (30-50 mg/kg oral a días alternos, de 10-15 dosis en total)
Schistosoma Localización de huevos en heces u orina, dependiendo de la especie. Praziquantel.

Dermatitis por Cercarias

La dermatitis por cercarias, conocida comúnmente como prurito del nadador, es una afección cutánea causada por una reacción alérgica a ciertos parásitos. La dermatitis por cercarias es una erupción cutánea que se produce tras el contacto con agua infestada de parásitos específicos. Estos parásitos suelen encontrarse en lagos y estanques de agua dulce, pero también pueden estar presentes en agua salada. La afección no es contagiosa y normalmente se resuelve por sí sola, pero puede resultar bastante incómoda.

Los parásitos que causan dermatitis por cercarias suelen ser liberados por caracoles infectados en el agua. Estos parásitos, conocidos como cercarias, buscan aves o mamíferos para completar su ciclo de vida. Factores como la temperatura del agua, la población de caracoles y la presencia de aves o mamíferos que sirvan como hospedadores de los parásitos pueden influir en la prevalencia de la dermatitis por cercarias.

Los síntomas de la dermatitis por cercarias suelen aparecer entre minutos y horas después de la exposición. Los primeros signos incluyen hormigueo, ardor o picazón en la piel. También pueden aparecer pequeñas manchas rojas o granos en el lugar de la penetración. En los días siguientes, las manchas rojas pueden transformarse en pequeñas ampollas. El picor puede volverse más intenso y durar varios días.

Diagnóstico y Tratamiento

Por lo general, un médico puede diagnosticar la dermatitis por cercarias basándose en la apariencia de la erupción y en los antecedentes de exposición reciente al agua. En casos excepcionales, se puede realizar una biopsia de piel para descartar otras afecciones. Los antihistamínicos y las cremas antipicazón pueden ayudar a aliviar la picazón y el malestar.

La loción de calamina y cremas de hidrocortisona Se utilizan comúnmente para reducir la inflamación y la picazón. Las compresas frías y los baños de avena pueden aliviar la picazón. En casos graves, el médico puede recetar antihistamínicos o corticosteroides más fuertes para controlar los síntomas. Es posible que se necesiten antibióticos si se produce una infección bacteriana secundaria debido al rascado.

Prevención

La mejor manera de prevenir la dermatitis por cercarias es evitar nadar en aguas que se sabe que están infestadas por estos parásitos. Si debe nadar en aguas potencialmente infestadas, la aplicación de protector solar resistente al agua puede crear una barrera que dificulte la penetración de los parásitos en la piel. Las medidas para controlar las poblaciones de caracoles en aguas recreativas también pueden reducir el riesgo de dermatitis por cercarias.

Comprender el ciclo de vida de los parásitos responsables de la dermatitis por cercarias puede ayudar a prevenirla. Las cercarias son liberadas por los caracoles y buscan aves o mamíferos para continuar su ciclo de vida.

Otras Dermatosis Parasitarias

Además de las condiciones mencionadas, existen otras dermatosis parasitarias que pueden afectar la piel. Algunas de las más comunes incluyen:

  • Escabiosis: Infección cutánea causada por el ácaro Sarcoptes scabiei var hominis.
  • Pediculosis: Infección por piojos, causada por Pediculus humanus y Pthirus pubis.
  • Picaduras de garrapatas: Pueden transmitir diversas enfermedades como la fiebre botonosa y la enfermedad de Lyme.
  • Tungiasis: Infección causada por la pulga de la arena, Tunga penetrans.
  • Larva migrans cutánea: Infección causada por las larvas de ciertos gusanos, como Ancylostoma braziliense.
  • Miasis: Contaminación de la piel por larvas de moscas.
  • Picaduras de insectos: Pueden causar diversas reacciones cutáneas, desde pápulas hasta ampollas.

El Microbioma y la Dermatitis Atópica

El microbioma, o microbiota, es el nombre actual que reciben los seres vivos presentes en la superficie de nuestra piel, nuestro intestino, nuestros pulmones, nuestra boca... Una increíble mezcla de bacterias, virus y hongos, sin la que no podríamos vivir y viceversa. Una cantidad de 10 millones por cm² en nuestra piel, ¡y 100.000 mil millones tan solo en nuestro tubo digestivo!

Para cuidar el microbioma y mitigar los efectos de la dermatitis atópica, se recomienda:

  • Comer mejor: evitar los azúcares de absorción rápida, refinados y las grasas saturadas.
  • Reparar la flora intestinal tomando periódicamente probióticos adaptados a la dermatitis atópica (lactobacillus rhamnosus GG).
  • Cuidar su digestión, es decir, evitar la hinchazón, el dolor abdominal, la diarrea…
  • Cuidar la digestión también significa reparar la pared del intestino delgado, que puede encontrarse irritada por una mala alimentación y una mala digestión. Esta “reparación” puede realizarse gracias a los prebióticos.

La dermatitis atópica, o eczema, es una enfermedad crónica que se caracteriza por sequedad y picazón en la piel. A diferencia de la dermatitis por cercarias, no está causada por un parásito externo y suele tener un componente genético. La dermatitis de contacto se produce cuando la piel entra en contacto con un irritante o alérgeno. Si bien tanto la dermatitis de contacto como la dermatitis por cercarias provocan erupciones con picazón, las causas son diferentes. La dermatitis seborreica afecta las zonas grasas del cuerpo, como el cuero cabelludo y el rostro.

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