La dermatitis es una inflamación de la piel que puede afectar diferentes áreas del cuerpo, incluyendo las manos. Esta condición se caracteriza por la aparición de enrojecimiento, sequedad, descamación y picazón en la piel afectada. En el caso específico de la dermatitis en las manos o eczema de manos, la piel se vuelve especialmente sensible y propensa a sufrir brotes recurrentes.
¿Qué es la Dermatitis por Estrés?
La dermatitis por estrés es una inflamación de la piel causada o agravada por altos niveles de tensión emocional. Aunque no todas las personas desarrollan los mismos síntomas, es frecuente que el estrés desencadene o empeore afecciones dermatológicas preexistentes como la dermatitis atópica, la psoriasis o la urticaria.
Esta afección no es contagiosa, pero puede afectar significativamente la calidad de vida debido al picor, la incomodidad física y el malestar estético que genera.
Causas de la Dermatitis por Estrés
El eczema en las manos puede ser desencadenado por varios factores, entre ellos:
- Estrés emocional, el cual puede alterar la respuesta inmunológica del cuerpo y desencadenar el conocido eczema en las manos por estrés.
- Estrés emocional (ansiedad, preocupaciones constantes, situaciones difíciles…)
- Predisposición genética (el padecer dermatitis atópica, eczema u otras afecciones, el estrés las puede empeorar).
- Un estilo de vida poco saludable (falta de sueño, mala alimentación o ausencia de ejercicio).
- Cambios bruscos de temperaturas.
- El uso de productos químicos e irritantes para la piel.
- Los cambios hormonales también pueden provocar la producción excesiva de sebo en la piel.
Asimismo, los padres naturalmente estresados por el eczema de su hijo no deben acusarse de haber transmitido su estrés a su hijo. El estrés no solo afecta al bienestar mental y emocional, también puede manifestarse físicamente, y uno de los síntomas más frecuentes es la aparición de problemas en la piel.
¿Por qué el estrés afecta a la piel?
Cuando una persona está estresada, el cuerpo libera cortisol y otras hormonas del estrés que pueden desencadenar respuestas inflamatorias. Esto debilita la barrera cutánea, haciendo que la piel sea más propensa a irritarse, resecarse o infectarse.
Además, el estrés altera el equilibrio del sistema inmunológico, lo que puede provocar brotes de enfermedades dermatológicas latentes o crónicas.
Tipos de Dermatitis
Existen diversos tipos de dermatitis. El contacto con un agente externo, como determinadas plantas o el níquel, puede dar pie a una reacción alérgica que origina la dermatitis por contacto. La dermatitis seborreica, por su parte, afecta especialmente al cuero cabelludo y a las zonas grasas, causando sarpullidos, costras y caspa. Pero, sin duda, la dermatitis atópica es la más frecuente.
En general, en una dermatitis solemos ver la piel enrojecida, hinchada, frecuentemente con picor o dolor asociados. La sensación intensa de picazón, denominada prurito, incita a las personas a rascarse, dando lugar a la aparición de ronchas, inflamaciones o erupciones.
Los principales tipos de dermatitis incluyen:
- Dermatitis atópica: También conocida como eczema atópico, es una forma crónica de dermatitis que puede afectar las manos.
- Dermatitis de contacto: Este tipo de dermatitis se produce cuando la piel entra en contacto con sustancias irritantes o alérgenas. Puede haber dos formas de dermatitis de contacto: irritante y alérgica.
- Dermatitis seborreica: Esta forma de dermatitis afecta principalmente áreas grasas del cuerpo, como el cuero cabelludo, las cejas, la nariz y las orejas, pero también puede extenderse a las manos. La dermatitis seborreica se caracteriza por la aparición de manchas rojas, descamación y picazón.
- Dermatitis numular: Esta dermatitis se presenta en forma de placas circulares o en forma de monedas.
Tipos de Manifestaciones Cutáneas por Estrés
Algunos de los problemas que pueden aparecer en la piel a consecuencia del estrés son:
- Urticaria por estrés: Ronchas rojizas o rosadas, elevadas y que causan picor. Aparecen de forma repentina y pueden migrar por el cuerpo. En casos más intensos, pueden requerir tratamiento con antihistamínicos o corticoides.
- Eccema o dermatitis atópica agravada: Brotes de enrojecimiento, sequedad y descamación, especialmente en brazos, piernas y rostro. Muy común en personas con historial de piel sensible o alérgica.
- Sarpullido por estrés: Pequeños granitos, erupciones o zonas irritadas, especialmente en áreas como el cuello, espalda y extremidades. El sarpullido en brazos por estrés es una de las consultas más frecuentes.
Tratamientos que mejoran la dermatitis atópica
Síntomas Comunes de la Dermatitis por Estrés
Entre los síntomas más característicos de la dermatitis causada por estrés, encontramos:
- Picor por estrés (prurito intenso, incluso sin lesiones visibles iniciales).
- Sarpullido por estrés, en forma de pequeñas protuberancias o áreas enrojecidas.
- Ronchas por el estrés, que pueden aparecer y desaparecer en diferentes partes del cuerpo.
- Urticaria por estrés, con habones (ronchas elevadas) que provocan escozor.
- Sarpullido en brazos, torso, cuello o incluso en el rostro, especialmente durante picos de ansiedad.
Estos síntomas suelen agravarse por el rascado, el sudor, la exposición al calor o el uso de productos irritantes.
¿Dónde es más frecuente que se manifieste la dermatitis por estrés?
La dermatitis nerviosa puede manifestarse en diversas áreas del cuerpo. Es importante saber que su aparición no sigue un patrón uniforme, pudiendo afectar distintas regiones cutáneas en cada individuo:
- Dermatitis nerviosa en las manos: Las manos son uno de los lugares más comunes para que aparezca la dermatitis nerviosa.
- Dermatitis nerviosa en la cara: La dermatitis nerviosa también puede manifestarse en el rostro, con áreas enrojecidas, descamación y picazón.
- Dermatitis nerviosa en el cuello: El cuello es otra área comúnmente afectada por la dermatitis nerviosa.
¿Cómo saber si la dermatitis es por estrés? Te contamos sus síntomas
Los síntomas que aparecen dependen del nivel de gravedad del estrés de cada individuo, pero los más comunes de la dermatitis por estrés son:
- Comezón o picazón intenso.
- Enrojecimiento y sequedad.
- Inflamación.
- Sensación de calor o ardor.
- Ronchas o ampollas.
¿Cómo diferenciarla de otras afecciones?
La dermatitis por estrés a veces se confunde con alergias, infecciones o enfermedades autoinmunes. Aunque siempre es recomendable acudir al dermatólogo para un diagnóstico preciso, hay ciertas características que pueden ayudar a identificar si el problema cutáneo puede estar relacionado con el estrés:
- Aparece en momentos de tensión emocional o ansiedad.
- Mejora cuando se está más relajado o de vacaciones.
- Puede desaparecer por completo y reaparecer ante un nuevo episodio de estrés.
- A menudo no responde bien a tratamientos tópicos si no se aborda el origen emocional.
Tratamiento de la Dermatitis por Estrés
El tratamiento de la dermatitis en las manos se basa en aliviar los síntomas, reducir la inflamación y prevenir los brotes recurrentes.
El tratamiento de esta afección debe ser integral. Es decir, tratar los síntomas en la piel, pero también reducir el nivel de estrés:
- Tratamiento dermatológico:
- Cremas con corticoides (bajo supervisión médica) para reducir la inflamación.
- Antihistamínicos orales para aliviar el picor por estrés y las ronchas.
- Cremas emolientes para restaurar la barrera cutánea y evitar la sequedad.
- Baños con avena coloidal o manzanilla para calmar la piel de forma natural.
- Evitar productos con alcohol, perfumes o detergentes agresivos.
- Abordaje emocional y psicológico:
- Técnicas de relajación: meditación, yoga, respiración profunda o mindfulness.
- Ejercicio físico moderado: mejora el estado de ánimo y reduce los niveles de cortisol.
- Terapia psicológica: especialmente útil si el estrés es crónico o difícil de manejar.
- Rutinas de sueño y descanso: un buen descanso favorece la regeneración cutánea.
- Tratamiento médico:
- Las cremas hidratantes ayudan a reparar la barrera de la piel y a aliviar la sequedad e irritación.
- Los corticoides reducen la inflamación y enrojecimiento.
- Los antihistamínicos controlan la picazón.
Se recomienda no hacer uso de estos últimos, sin supervisión médica.
Productos Recomendados para el Cuidado de la Piel
Algunos productos recomendados para el tratamiento del eczema en las manos son:
- Lipikar Syndet Ap+: Este producto es un gel de limpieza suave especialmente formulado para pieles secas y sensibles y con eczema en las manos. Contiene ingredientes hidratantes, como la manteca de Karité, calmantes como la niacinamida y antiirritantes como el Aqua Posae Filiformis; ingredientes patentados que ayudan a restaurar la barrera cutánea y reducir la picazón y la inflamación.
- Lipikar Baume AP+M: Es el aliado perfecto contra la dermatitis en las manos. Este tratamiento nutre la piel en profundidad, restaurando su barrera natural y proporcionando un confort duradero.
- Cicaplast Manos: Es una crema reparadora que está especialmente formulada para el cuidado de las manos agrietadas y dañadas con tendencia atópica. Contiene ingredientes como glicerina y niacinamida, que ayudan a reparar la barrera cutánea, aliviar la irritación y acelerar el proceso de cicatrización de la piel.
- OlioVita: complemento alimenticio compuesto a base de aceite de espino amarillo, ingrediente revolucionario rico en omegas 7,3,6 y 9 que te ayudará a nutrir, hidratar y reparar la piel desde las capas más profundas de la piel.
- OlioVita Repair bálsamo hidratante reparador: desarrollado para pieles extremadamente secas o atópicas. Te ayudará a aliviar problemas relacionados con dermatitis atópica, ayudando a disminuir la inflamación asociada. Ayuda a la cicatrización de las heridas y a la producción de colágeno. Contribuye a los procesos de reparación de tejidos además de aportar actividad antimicrobiana para evitar infecciones durante la cicatrización.
Medidas Preventivas para Evitar Nuevos Brotes
Una vez que se ha controlado un brote, es importante adoptar hábitos saludables que minimicen el riesgo de recaídas:
- Mantener una rutina diaria de cuidado de la piel con productos suaves.
- Reducir el consumo de cafeína, alcohol y alimentos ultraprocesados.
- Aprender a decir “no” y priorizar el bienestar emocional.
- Identificar las fuentes de estrés y trabajar en estrategias para gestionarlas.
- Hidratar la piel a diario, incluso si no hay brotes visibles.
Consejos Adicionales para el Cuidado de la Piel
- Si tienes la piel seca, mantenla bien hidratada con una crema emoliente.
- Evita el calor o el frío extremos y los ambientes secos. Los cambios de temperatura son también perjudiciales.
- Ventila bien la casa, y evita en lo posible las mascotas. Idealmente, mantén tu dormitorio libre de almohadones, cortinas, peluches y elementos que puedan retener los ácaros domésticos. No barras, utiliza la aspiradora.
- Evita las situaciones que puedan provocar estrés, que es un posible factor desencadenante.
- Sécate bien tras el lavado, aplicando una crema emoliente.
- Si estás al sol, ponte un filtro solar adecuado.
- No uses ropa de tejidos sintéticos, sino preferiblemente de algodón, incluyendo los calcetines y la ropa de cama. Evita también llevar mucho tiempo al día el calzado deportivo.
- Lava la ropa con detergentes suaves y no uses lejía, ni suavizantes.
- No te bañes con agua muy caliente, ni permanezcas mucho tiempo en el agua.
- No uses jabón, sino productos suaves.
- Sécate con suavidad, sin frotarte la piel.
- Tras el baño, ponte crema emoliente.
- Procura evitar las actividades que te hagan sudar.
- Evita en lo posible el maquillaje.
- Utiliza guantes de algodón para las tareas domésticas.
- Si has detectado alimentos desencadenantes, suprímelos de la dieta.
¿Cuándo Acudir al Dermatólogo?
Aunque muchas veces los síntomas leves pueden tratarse en casa, es recomendable consultar a un profesional si:
- El picor es muy intenso o no mejora con tratamientos básicos.
- Las ronchas por estrés se generalizan o duran más de 6 semanas.
- El sarpullido en brazos u otras zonas se vuelve doloroso o exuda.
- Existen antecedentes de dermatitis, alergias o problemas inmunológicos.
Un dermatólogo podrá evaluar la gravedad del cuadro, hacer pruebas si es necesario y recetar el tratamiento más adecuado.