La Doble Limpieza Facial: El Secreto para una Piel Radiante

Los expertos coinciden en que la doble limpieza facial es la mejor herramienta para mantener la piel limpia en casa. Se trata del primero de los tratamientos faciales que deberíamos hacernos en casa.

La doble limpieza facial consiste básicamente en utilizar dos tipos de producto para limpiarnos. Uno, leche limpiadora, para retirar la suciedad oleosoluble que solo se arrastra con bases de aceite -maquillaje o protectores solares- y otro limpiador para las impurezas hidrosolubles -partículas de polvo y células muertas- que desaparecen con la ayuda de un tónico calmante. Aunque hacer una doble limpieza pueda parecer excesivo, está contrastado que la base de una piel de apariencia fuerte y bella es gracias a la constancia en la rutina de higiene (diaria y semanal) y a la protección solar para la cara.

Con esto en cuenta y antes de entrar en materia, es importante destacar que esta doble limpieza no será igual para todas las personas, pues debe estar adaptada a tu tipo de piel. A continuación, exploraremos todos los aspectos de la doble limpieza facial perfecta, desde quiénes la necesitan hasta los productos recomendados para cada tipo de piel.

Infografía sobre rutina de doble limpieza facial

¿Quiénes necesitan la doble limpieza facial?

Puede parecer que las pieles más secas o sensibles no necesiten una doble limpieza, relacionándola con un efecto demasiado abrasivo en su piel; sin embargo, se recomienda hacer en todos los tipos de piel, siempre y cuando se busquen las texturas adecuadas a la clase de piel y teniendo en cuenta factores como la edad, cómo es su día a día, qué otros productos se usan -como el maquillaje-, si pasa muchas horas al aire libre o, por el contrario, en lugares cerrados sin apenas ventilación, la época del año, el clima o los niveles de polución.

Por lo tanto, si bien la doble limpieza es apta para todo el mundo, lo esencial es encontrar los cosméticos adecuados para ello. Es importante ponerse en manos de especialistas para construir una rutina personalizada. Se trata de una limpieza en dos partes, pero no por ello es más agresiva. Al contrario, segmentamos las partículas o residuos con base lípida de los residuos con base acuosa.

De hecho, no hay ningún tipo de caso en el que no se recomiende hacer este tipo de ritual doble, aunque sí se puede hacer con un único producto en ocasiones puntuales (por falta de tiempo, etc.), pero no sería una recomendación, sino una excepción. Eso sí, en el caso de los rostros más sensibles y reactivos, se aconseja evitar utilizar productos con alto contenido en alcohol o agentes detergentes muy astringentes.

¿Cuándo hacer la doble limpieza facial?

Aunque mucha gente empieza a hacer este ritual por la noche, que es cuando peor encontramos nuestra piel, lo ideal sería hacerlo tanto por la mañana como por la noche. Al fin y al cabo, nuestro rostro no solo necesita purificarse después de todo un día de agresiones externas, sino que al despertarnos solemos tener en la piel exceso de grasa y sudor, que le dan un aspecto brillante.

La realidad es que los productos desmaquillantes usados por la mañana eliminan muy bien estos deshechos fruto de la oxigenación natural nocturna de nuestra piel. El problema no suele ser la falta de minutos, sino la importancia de crear estos hábitos.

La Primera Fase: Limpieza con Aceite o Leche Limpiadora

Cada persona debe adecuar los cosméticos a su tipo de piel, pero lo cierto es que hay una clase de limpiadores más adecuados para la primera fase y otros para la segunda. En el paso inicial, se necesita un producto con textura oleosa, ideal para eliminar de manera suave los residuos que acumulamos durante el día como el maquillaje, el exceso de sebo y los filtros de la protección solar.

A pesar de que los aceites pueden provocar pavor a las personas de piel mixta o grasa, lo cierto es que no desentrañarán ningún problema para ellas si escogen el adecuado. Recordemos que es importante seguir esta recomendación y no emplear otra textura porque los de base oleosa, a diferencia de un limpiador espumoso o del agua micelar, consiguen penetrar mejor en el poro y eliminar la suciedad que suele almacenar.

Además, van reblandeciendo las capas superiores de piel donde se acumulan las células muertas, por lo que ayudarán a una renovación constante y ultrasuave sin que la piel sufra lo más mínimo. Como consejo extra, se aconseja aprovechar el uso de este tipo de producto para regalarnos un masaje en el rostro, cuello y escote, ya que gracias a su textura, nuestras manos se deslizarán como si fuera el masaje de una profesional.

Aquí hay algunos ejemplos de productos que puedes usar en la primera fase de la doble limpieza:

  • Essential Cleansing, de Isdin: Respeta el manto hidrolipídico mientras elimina el maquillaje permanente y de larga duración. Está formulado con un 85% de ingredientes naturales, formulados de tal forma que se convierte en una leche limpiadora cuando lo emulsionamos con agua.
  • Aceite desmaquillante con aceite de oliva y almendras: A pesar de su textura en aceite, se trata de un producto muy ligero y fácil de extender en el rostro. Con aceite de almendras dulces, aceite de oliva y extracto de zanahoria, no deja el rostro pegajoso ni engrasado y elimina el maquillaje en tiempo récord.
  • Leche desmaquillante ultrasuave de Clarins: Una alternativa que suele encantar a las pieles sensibles o secas es la leche desmaquillante, que resulta más suave para la dermis. Esta de Clarins es ideal para eliminar cualquier rastro de suciedad, además de resultar calmante gracias a las hierbas alpinas y la melisa.
  • Bálsamo desmaquillante Aqua Bomb: Su textura sorbete, que pasa de bálsamo a aceite desmaquillante al contacto con el agua, es perfecto para eliminar hasta el maquillaje más resistente. Además, equilibra la barrera cutánea y no deja residuos grasos.

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La Segunda Fase: Limpieza con Base Acuosa

Después de utilizar el limpiador de textura oleosa, llega la segunda parte, en la que se recomienda usar un producto con textura acuosa, tipo agua micelar, gel o una mousse suave. Con este paso, nos aseguramos de retirar todas las impurezas sin base grasa, que serían las partículas contaminantes y las células muertas acumuladas durante el día.

Por otra parte, este paso nos ayudará a regular el exceso de grasa en la piel y, según el producto que usemos, puede tener una acción astringente, dependiendo de sus agentes limpiadores y de su pH. Además, la especialista recuerda una máxima que también se cumple con los champús: “Un buen limpiador no siempre necesita hacer mucha espuma para eliminar y corregir la acidez de la piel”.

Por último, si eres de las que utilizan un dispositivo electrónico de limpieza facial, este segundo paso será el momento de emplearlos, pues activará las encimas detergentes de los productos de base acuosa, gel o mousse. Eso sí, no estés más de tres minutos aproximadamente, dependiendo del dispositivo utilizado, la sensibilidad y la tolerancia de la piel.

Algunos productos recomendados para la segunda fase son:

  • Agua micelar respetuosa: Este clásico de farmacia es un acierto seguro para pieles sensibles o que busquen una opción de limpieza muy ligera. Respeta el equilibrio de la dermis, elimina impurezas y contiene activos calmantes y descongestionantes para evitar posibles irritaciones.
  • Limpiador espumoso The Porefessional: Con una textura espumosa y un efecto refrescante, este limpiador de Benefit es, además, perfecto para las que están preocupadas por el acné y los puntos negros, ya que ayuda a purificar en profundidad los poros.
  • Limpiador en gel Superfood: Este gel ligero de Youth To The People es uno de los favoritos de muchas para limpiar el rostro, ya que es apto para todo tipo de pieles, y lo deja limpio y suave sin resultar demasiado agresivo. Además, contiene extractos de kale, té verde y espinacas -dos superalimentos- para dejar la dermis equilibrada.
  • Gel limpiador espumoso, de Cerave: Este gel limpiador espumoso es refrescante, sirve para rostro y cuerpo, es libre de perfume y continene 3 ceramidas esenciales y ácido hialurónico para eliminar el exceso de grasa, la suciedad y el maquillaje.

¿Una Tercera Fase? El Tónico Facial

A la doble limpieza, se añade un tercer paso que también se considera muy importante: el tónico. Aunque este tipo de productos no se aclaran como los anteriores, sino que se dejan actuar sobre la piel, también son importantes elementos de purificación, pues su función es humectante, equilibrante y ayudan a cerrar el poro y dejar la piel lista para la absorción del tratamiento.

Aquí hay algunos ejemplos de tónicos que puedes usar:

  • Tónico equilibrante para piel grasa de Ole Henriksen: Con un combo infalible de ácidos exfoliantes -salicílico, glicólico y láctico-, este tónico con extracto de té verde y eucalipto es ideal para las pieles grasas. Así, ayuda a equilibrar la dermis después de la limpieza, terminar de eliminar impurezas y limpiar los poros en profundidad.
  • Tónico calmante de caléndula de Kiehl's: Es perfecto para todo tipo de pieles, pero gusta especialmente a las sensibles y grasas que suelen presentar irritación o rojeces después de la limpieza facial, ya que contiene caléndula. No incluye alcohol en su fórmula, por lo que es aún más respetuoso con la dermis.
  • Esencia láctea hidratante Fat Water de Fenty Skin: Esta combinación entre tónico y esencia tiene una textura ligeramente más densa de lo habitual, de forma que se puede aplicar sin un disco de algodón y, además, resulta más hidratante que otras fórmulas similares. Calma, refresca y ayuda a minimizar visualmente los poros, dejando el rostro luminoso.
  • Tónico facial antioxidante, de Byodee: Esencia facial bifásica con acción antioxidante, protectora y calmante. Cuenta con el poder de la Kombucha, el Nopal o el Cacao Theobroma, así como con Probióticos y Ácido Hialurónico, ideal para mejorar la barrera de la piel.
  • 2% BHA exfoliante líquido, de Paula's Choice: Hablamos de un exfoliante líquido sin aclarado con ácido salicílico que elimina suavemente las células muertas acumuladas, desobstruye los poros y regula el sebo. El resultado: una piel suave, luminosa y sin imperfecciones.

En resumen, la doble limpieza facial es un ritual esencial para mantener una piel sana y radiante. Adaptando los productos a tu tipo de piel y siguiendo los pasos adecuados, podrás disfrutar de una piel limpia, equilibrada y lista para absorber los beneficios de tus tratamientos faciales.

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