Yayoi Kusama (草間 彌生), nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Nagano, Japón, es una artista total cuya obra abarca pintura, escultura, arte performance e instalaciones. Su trabajo, profundamente influenciado por la psicodelia, se caracteriza por la repetición de patrones y una exploración constante de temas autobiográficos y conceptuales.
Kusama es una precursora de movimientos artísticos clave como el Pop Art, el minimalismo y el arte feminista, influyendo en artistas de la talla de Andy Warhol y Claes Oldenburg. A pesar de un período de relativo olvido tras dejar la escena artística de Nueva York en los años 70, hoy es reconocida como una de las artistas más importantes de Japón y una figura esencial del vanguardismo.

Yayoi Kusama. Fuente: Wikimedia Commons
Infancia y Primeros Años
La célebre artista japonesa Yayoi Kusama creció entre los viveros de su familia en Matsumoto, Japón. Solía llevarse un cuaderno allí para dibujar semillas y plantas.
Proveniente de una familia acomodada de comerciantes de semillas, Kusama comenzó a crear arte desde muy temprana edad, lo que la llevó a estudiar Nihonga (pinturas de estilo japonés) en Kioto en 1950.
Sin embargo, Kusama experimentó alucinaciones y pensamientos obsesivos desde su niñez, con tendencias suicidas. Confiesa que cuando era pequeña sufrió de abuso físico por parte de su madre.
Un día de 1939, cuando tenía 10 años, levantó la vista y alucinó: “Todas las violetas me hablaban”.
¿De qué se escapaba Yayoi Kusama con las flores parlantes? Una familia tradicional, de provincia, en un país semi feudal, aliado de los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Una madre que la obligaba a espiar los encuentros sexuales de su padre con geishas y contárselos para luego castigarla. “Una bazofia”, como la definió. Más abusos. Dolor.
Como sea, desde entonces, Yayoi Kusama transformó sus alucinaciones en realidad y su realidad con las alucinaciones.
Así nació el concepto que llamó redes de infinito, grandes superficies cubiertas por lunares que constituyeron desde entonces su elemento plástico más característico, su insignia de identidad.
Cuando estalla la Guerra del Pacífico, después del ataque japonés a Pearl Harbor a fines de 1941, Yayoi Kusama, como muchos otros niños de su edad, tuvo que participar, como parte del esfuerzo colectivo, trabajando en una fábrica de textiles en la región de Nagano, reconvertida en una fábrica de paracaídas y uniformes militares.
En el tiempo que le sobraba de su monótono trabajo y del colegio de niñas al que acudía en su ciudad natal (Matsumoto), lo pasaba dibujando tanto para escapar de este tedioso ambiente como para librarse de las alucinaciones, que más tarde confesó que tenía desde los 10 años: veo lunares rojos en todas partes, un elemento palpitante que se traslada de un mantel o un trapo de cocina a todo el universo.
Estos puntos que, según los expertos simbolizan su rechazo a la estandarización, estarán presentes durante toda su obra bajo el concepto de "Self Obliteration" (Auto Obliteración).

YAYOI KUSAMA. Sin título. Lápiz (1939). Imagen vía: Tate Modern
Yayoi Kusama tenía solo 16 años cuando presentó sus primeros dibujos y pinturas en una exposición dedicada al arte regional, en la que ganó el concurso.
Al final de la guerra, continuó sus estudios en Kioto, en la escuela secundaria Hiyoshigaoka, donde profundizó sus conocimientos de la pintura japonesa tradicional y moderna.
Su carrera como artista era prometedora, como lo demostró el éxito de su primera exposición individual en Matsumoto en 1952, sin embargo sus padres , su madre especialmente, intentaba desviarla de su vocación potenciando así el carácter rebelde de Yayoi y precipitando su "exilio" a los Estados Unidos.
Etapa en Estados Unidos
En 1957 abandonó Japón para vivir en Estados Unidos. Yayoi Kusama se mudó a América, primero vivió en Seattle , gracias en particular al apoyo de la pintora Georgia O'Keeffe, pero es en la vibrante Nueva York en la que la energía desbordante de la joven japonesa encuentra su máxima expresión incluso si vive una terrible situación económica.
Subir al tope del Empire State fue lo primero que hizo la artista japonesa Yayoi Kusama cuando llegó a Nueva York, entrando la década de los 60. A sus 26 años, aspiraba lograr reconocimiento y fama cuando el arte pop y el minimalismo estaban irrumpiendo en la ciudad.
Quizás imaginó su futuro desde el emblemático mirador. A esa distancia tan alta, los ciudadanos eran pequeños puntos en movimiento. Aquella vez no ocurrió la epifanía que definiría su vida.
En la "Gran Manzana" se hace amiga de artistas de vanguardia como: Jasper Johns, Yves Klein, Piero Manzoni, Andy Warhol, Mark Rothko y, en particular de Donald Judd, afiliado al estudio que desarrollará la artista en 1961.
Su sentido de la provocación y el ingenio de sus obras no pasan desapercibidas, ya a mediados de la década de los 60 era una figura icónica en la creciente escena artística estadounidense marcada por el Pop Art y la psicodelia.

Yayoi Kusama en su estudio de Nueva York en 1963, rodeada por sus suaves esculturas.
En 1963, presenta en Gertrude Stein Gallery una de sus obras más famosas e inclasificables, "One Thousand Boat Show", dond, a través de innumerables representaciones fálicas, parece ajustar cuentas con el patriarcado y anuncia el tiempo de los “Happening” (manifestación artística multidisciplinaria).
Se agrupó en performances y protestas escandalosas para su época, en los que pintaba a participantes desnudos con lunares, que llamó la "Gran Orgía para Despertar a los Muertos´´ que presentó en el MoMA, así como también presidió una "Boda Homosexual" que revoluciono en una Iglesia de Nueva York.
Se suceden múltiples manifestaciones artísticas y serán titulares de portada hasta el final de esta catártica década de los años 60, con tendencia al arte corporal y a la desnudez integral.
Ese mismo año, Kusama se "cuela" en la Bienal de Venecia, vertiendo en los canales de la Serenissima 1.500 bolas brillantes de su "Narcissus Garden", muestra de sus pensamientos sobre la autorrepresentación.
Regresará a Venecia 27 años después, pero esta vez invitada oficialmente.
Regreso a Japón y Vida en el Hospital Psiquiátrico
Sin embargo regresó de manera definitiva a Japón en 1973 y cuatro años más tarde se internó voluntariamente en un hospital psiquiátrico cerca de Tokio.
Yayoi Kusama regresa a Japón en 1973 físicamente cansada y se va a vivir varios años a una residencia psiquiátrica donde continúa una obra que nutre de su neurosis.
Su reclusión no le impidió continuar con su estudio muy cerca del hospital, donde aun produce obras muy reconocidas que participan en exposiciones y muestras de arte en todo el mundo.
Incluso si en su país natal no reconocen su obra, en otras partes del mundo sus instalaciones son muy apreciadas lo que impulsó la creación de un negocio de moda que sentó las bases en los Estados Unidos.
Tras escuchar hablar a las violetas, supo que sería “incapaz de decidir si aquello había ocurrido de verdad o si había sido tan solo alguna clase de sueño".
Usó su enfermedad para crear pero nunca la romantizó. Al contrario. La reconoció y trató de sobreponerse a ella.
De hecho, tras huir de Japón a Estados Unidos en 1958 (luego de los bombardeos nucleares), y relacionarse con la pintora Georgia O’ Keeffe y con Andy Warhol, volvió a su país natal en 1973, mal, y decidió vivir en un psiquiátrico. En marzo cumplió 96 años en ese lugar, donde empezó a escribir poemas.
El Arte de Yayoi Kusama
El trabajo de Kusama está basado en el arte conceptual y trata temas dispares, a menudo autobiográficos.
A través de su arte, Yayoi Kusama intenta curar las heridas de su infancia, que paradójicamente se han convertido en su marca registrada.
Cuando regresó a Japón en 1973, instaló su estudio en un hospital psiquiátrico, y obtuvo el tan buscado y merecido reconocimiento.
Las "redes infinitas", como ella las llamaba, eran extraídas directamente de sus alucinaciones.
Fue a la edad de diez años que incorporó en una obra estos lunares, en un dibujo realizado en 1939 de una mujer japonesa vestida con un kimono, que se cree que era la madre, está cubierta y oculta por manchas.
Su decir sobre las Redes Infinitas demuestra la infinitud de un real que la invadía:
…El lunar tiene la forma del sol, que es símbolo de la energía del mundo y de nuestra vida, y tiene también la forma de la luna, que es la quietud. Los lunares no pueden estar solos, como sucede con la vida comunicativa de la gente, dos o tres o más lunares llevan al movimiento. Nuestra tierra es sólo un lunar entre los millones de estrellas del cosmos. Los lunares son un camino al infinito. Cuando borramos la naturaleza y nuestros cuerpos con lunares, nos integramos a la unidad de nuestro entorno. Nos volvemos parte de la eternidad…
La obra de la japonesa te lleva de la mano más allá de los límites del abismo sin ser plenamente consciente de ello, atrapando en sus redes hipnóticas al visitante.
Porque así trabaja la japonesa, con obviedades y realidades incomprensibles que el visitante acaba aceptando, no se sabe si por admiración o por moda, aunque eso es otro tema.

Detalle de la obra ‘El momento de la regeneración’ (2004), de Yayoi Kusama, en su exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao.
¿Por qué falos? Porque Yayoi Kusama expresa sus temores y complejos en su arte; crea lo que más le aterroriza.
Tal y como explica ella misma: “Al reproducir sin tregua la forma de las cosas que me aterrorizan, soy capaz de suprimir el temor. Hago una montaña de penes de escultura blanda y me tumbo entre ellos. Del mismo modo, también incluye macarrones en sus obras porque la idea de consumir comida que “llega a nosotros a través de máquinas y cintas transportadoras” le provoca verdadero asco.
Recortes de noticias, collages, sus famosas esculturas de calabazas punteadas, piñas enormes, fruta que la tenía fascinada, instalaciones colgantes… La obra de Kusama es su neurosis y su neurosis es su obra.
Si tienes pensado visitar Bilbao, entra en el Guggenheim, elige un lienzo y permanece frente a él unos segundos, como el niño que se acerca a la imagen caleidoscópica de ‘El ojo mágico’ en busca de la figura escondida.
No te muevas, solo observa. Notarás cómo en cuestión de segundos las figuras planas se vuelven tridimensionales, su estatismo se rompe y comienzan a moverse, hasta tal punto que te acercarás a la obra para comprobar que realmente no hay ninguna corriente de aire que mueva el lienzo o lo que éste incluye.
De la exposición de Yayoi Kusama has de salir mareado, sí, como lo lees, mareado como si desembarcaras de un barco que ha sido vapuleado por el oleaje. Si solo has visto círculos de colorines y patrones repetitivos sin sentido, algo has hecho mal.
Obras Destacadas de Yayoi Kusama
La obra de Yayoi Kusama es un testimonio de su imaginación desenfrenada. Su viaje creativo la ha llevado a través de varios medios, desde la pintura y la escultura hasta instalaciones inmersivas.
Esta artista visual japonesa está influenciada por las figuras del Pop Art y la psicodelia y destaca por su exuberancia, excentricidad y su extraordinario sentido de la performance.
Estas son algunas de sus obras más famosas:
- Sala de Espejos del Infinito: Una sala revestida de espejos con esferas luminosas que se repiten hasta el infinito simulando la profundidad del universo. Con esta obra Yayoi Kusama nos lleva al deseo de felicidad de las personas, más allá del espacio. La sala tiene un aforo limitado, por lo que tan solo puedes estar dentro por unos segundos, pero verdaderamente sientes allí una sensación de trascendencia única. Aunque no es solo una obra, sino que se trata de toda una experiencia sensorial que pretende conectarnos tanto con el cosmos como con nosotros mismos. Quizá la magia resida en encapsular un momento en el tiempo, donde al menos en la memoria dure para siempre. Sin duda se trata de la obra más famosa de Yayoi Kusama que puedes visitar en España.
- Dots Obsession: Una serie de instalaciones que expanden los lunares y los espejos, añadiendo objetos inflables amorfos adaptados a cada espacio. Esta instalación envolvente y colorida es una de las obras más famosas de Yayoi Kusama y crea una experiencia sensorial única para los espectadores.
- Narcissus Garden: Una instalación que consiste en 1.500 bolas de espejo que reflejan la cara del espectador. Con ello, Kusama pretendía tratar el tema del narcisismo de los humanos a través de formas esféricas. La artista reintepreta y evoca el mito de Narciso de una forma actual, invitando al espectador a confrontar su propia imagen. Así, los espectadores, mientras paseaban por un espacio dinámico, se iban reflejando en él. Fue el comienzo de sus instalaciones y esculturas en el exterior.
- Pumpkin: Una estatua con forma de calabaza y sus característicos lunares. La obra se encuentra frente al mar en el Benesse Art Site Naoshima, en Japón, y se trata sin duda de un icono del arte contemporáneo japonés. La obsesión por las calabazas parte de niña, cuando su abuelo le llevó a una plantación y allí vio una de ellas, tan grande como una cabeza. Le gusta su forma amable y simpática, llena de bondad, por lo que es para Kusama un símbolo de lo más personal.
- Obliteration Room: Una habitación completamente blanca en la que los asistentes podían ir poniendo pequeñas pegatinas con forma de círculo. Se aplicaron 800.000 pegatinas alrededor de la sala. Se trata de una instalación colaborativa que mezcla elementos de la vida cotidiana con los del Pop Art, movimiento artístico característico americano encabezado por Andy Warhol.

Sala de espejos del infinito en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Dots Obsession en Francia, 2008.

Narcissus Garden en Nueva York, 2019.

Pumpkin en Benesse Art Site Naoshima, Japón.

Obliteration Room en el Museo Hirshhorn del Instituto Smithsonian, 2017.
Además de estas obras, Kusama ha colaborado con marcas de lujo como Louis Vuitton, creando colecciones que integran sus característicos lunares y patrones repetitivos.

Yayoi Kusama, Polka Dots, para Louis Vuitton, 2012. Foto: Auctionata
Legado e Influencia
El arte de Yayoi Kusama es un testimonio de su imaginación desenfrenada, y estas diez obras famosas son solo la punta del iceberg de lunares.
Kusama no sólo utiliza sus pinceles para bañar de puntos al mundo, los consigue de múltiples maneras, incluso con la complicidad de sus admiradores.
En The Obliteration Room dispone de una sala totalmente blanca para que el público coloque con pegatinas los colores circulares a su antojo. Estas experiencias inmersivas son las que ahora atraen la atención de los amantes del arte.
Abre las puertas de su universo imaginario en sus Infinity Rooms. El público se fusiona a sus paisajes psicodélicos, logrados en la disposición de los espejos, y en el moteado infinito, quizás con uno de sus colores preferidos, el amarillo.
A sus 91 años aún trabaja porque sus alucinaciones todavía le atormentan; no encuentra la paz si no se concentra en sus detallados trazos.
Yayoi Kusama está entre las primeras mujeres japonesas que abandonaron su país para ser parte de la revolución cultural de los años 60 en Estados Unidos.
Yayoi Kusama realizó un largo viaje a los Estados Unidos, atravesando el mar y sus miedos. Regresó a su hogar en Japón creyéndose perdida y encontró la gloria, aún sin darse cuenta.
Su vida y obra son una inspiración para artistas de todo el mundo, demostrando que el arte puede ser una forma de sanación, expresión y conexión con el universo.