Key & Peele: Un Programa de Sketches que Desafió las Normas y la Transición de Jordan Peele al Terror

El programa de televisión Key & Peele, protagonizado por los comediantes Keegan-Michael Key y Jordan Peele, se destacó por su humor racial y su capacidad para abordar temas sociales relevantes. Uno de los sketches más memorables es aquel en el que viajan a la imaginaria Negrotown, "una utopía para gente negra" donde no existe el racismo sistémico ni la explotación. En Negrotown, según un alucinado número musical technicolor, se puede llevar una sudadera sin recibir balazos, los blancos no te tocan el pelo, ni roban tu cultura, ni te convierten en su amigo negro simbólico.

El Salto al Terror: Get Out

Get Out, el debut de Jordan Peele en la dirección, fue una de las mejores sorpresas del año. Visto en perspectiva, Negrotown ya nos había avisado: Peele se había mostrado como un (co)creador meticuloso, detallista, capaz de abordar con honestidad sus temores y las grietas de su sociedad. Si ponemos ambas piezas a dialogar, tal vez lo único verdaderamente inesperado de su primer largo es que apueste tan de lleno por el terror. Como Peele ha señalado, ambos géneros funcionan por un manejo preciso de los tiempos y las revelaciones.

Asustar y hacer reír se basan ambos en tensar y golpear, en apretar y liberar, y no ha habido película en 2017 que secuestre más a su protagonista, y al espectador con él, que Get Out.

Y aún así, el cambio de género de su creador ha pillado a contrapié a muchos críticos y premios norteamericanos, tan refugiados en las etiquetas, los géneros y las categorías. ¿Un comediante haciendo terror? ¿No será en realidad una comedia? Es sonada su nominación a Mejor Comedia en los Globos de Oro, pero la discusión sobre su pertinencia es estéril y anecdótica: como si ninguna cinta de terror hubiese liberado tensión con algún gag, como si el miedo y la risa no estuvieran conectados por la catarsis, como si ni la comedia ni el terror pudieran tener comentario social.

Uno acaba sospechando que con este debate, muchos han aireado su menosprecio o indiferencia por ambos géneros, confirmando el estatus superior que se le sigue asignando al drama e ignorando toda una tradición en la que Get Out se enmarca con comodidad: la sátira de Romero, el humor malsano e inquietante de Wes Craven, la comedia negra de Joe Dante (hay mucho de The ‘Burbs en ella), la reivindicación racial de Candyman, el patetismo y humanismo de Bong Joon-ho o lo claustrofóbico y perturbador del cine de Polanski.

Get Out se atreve con un tono complicado que no rompe en ningún momento y una hibridación de géneros quizá más frecuente, o más aceptada, en filmografías como la coreana o la británica (de tener un mayor elemento tecnológico, Get Out bien podría haber sido un capítulo de Black Mirror).

Una vez más, y que quede claro, lo que domina en Get Out es el terror, y más en concreto el mystery horror, pues su métrica busca inquietarnos y hacernos sentir malestar. Es un relato tenso y ominoso en el que algo está fuera de sitio desde el principio, aunque todo se empeñe en negarlo: ¿no estábamos en la América post-raza? ¿No estará su protagonista, Chris (Daniel Kaluuya, en una interpretación que ya se ha convertido en icono), siendo paranoico?

Desde el momento en que Chris y su novia blanca llegan a casa de los padres de ella, el exceso de entusiasmo con el que le reciben apunta a un sustrato turbio. Uno de los muchos aciertos del guión es arrancar como una versión moderna de Guess Who’s Coming to Dinner para después revelar, poco a poco y en pasos exactos, su verdadera naturaleza: una inversión retorcida de Guess Who’s Coming to Dinner.

Conviene no decir más sobre su misterio central, pues Get Out es una de las pocas películas que realmente agradecen entrar en ella en blanco. Basta saber su premisa, lo que no quiere decir que no siga siendo muy disfrutable cuando se sabe qué es lo que pasa; y esto, en un entorno cultural dominado por el shock barato y el miedo irracional al spoiler merece el más fuerte de los aplausos.

Get Out maneja con maestría el misterio, el suspense y la sorpresa, y cada una de sus revelaciones funciona como truco de manos y como desvelamiento de un conjunto mayor. Frente a las torpes mystery boxes de J.J. Abrams, Peele demuestra que sí pueden escribirse respuestas a la altura de las mejores preguntas, respuestas claras que se quedan con nosotros no por servir de puente hacia otras preguntas sino por golpearnos con un concepto y una verdad inagotables.

Y esa es la clave estética del film: lo siniestro. Lo que hace que estemos incómodos viendo Get Out es esa sensación de que lo familiar y lo cotidiano son en realidad extraños, alienantes, que han sido sustituidos por algo inhumano sin que nos diéramos cuenta o que, peor aún, nunca fueron humanos en primer lugar.

Dos de las influencias que más cita Peele son The Stepford Wives y Rosemary’s Baby (ambas basadas en novelas de Ira Levin), y no costaría incluir las tres en una suerte de trilogía sobre lo perturbador del orden amable, sobre la explotación aliada.

Las fuerzas subterráneas que rigen el mundo de Get Out (y que, en otro giro sabio, acaban siendo combatidas con una cámara) no nos resultan, una vez reveladas, en absoluto desconocidas; al contrario, son las mismas que han gobernado siempre, solo que ahora nos sonríen.

Volvamos, para despedirnos, a Negrotown, e incluso más allá. Antes de Key & Peele estuvo Chappelle’s Show, en él Dave Chappelle abrió las puertas de la televisión americana a una nueva hornada de humor racial, un lamento entre risas como quizá no se oía desde Richard Pryor. Tras tres temporadas, y en la cumbre de su éxito, Chappelle lo dejó sin demasiadas explicaciones y desapareció del mapa, y ahora vuelve, una década después, con varios especiales de stand-up en los admite que se retiró al empezar a sentirse incómodo con la manera en que algunos blancos se reían de su material racial.

No con él sino de él, no con su crítica sino consumiéndolo como mercancía. Chappelle, como Chris, temió verse encerrado en un “lugar hundido” en el que se le explotase mientras se le negaba la agencia, reducido a espectador paralizado en una fiesta de blancos.

Proyectos Futuros de Jordan Peele

Jordan Peele está involucrado en una cantidad casi inhumana de proyectos en la actualidad. Tenemos el reboot de Twilight Zone, la adaptación del Lovecraft County, el show sobre la cacería de nazis, una serie documental sobre Lorena Bobbitt, y de alguna manera se las arregla para prestar su voz a los trailers de Toy Story 4 en su tiempo libre. También está preparando una película de horror que llegará a los cines en marzo.

El miércoles pasado YouTube Premium lanzó el primer trailer de Weird City, la próxima serie antológica de ciencia ficción que Peele escribió con su antiguo colaborador de Key & Peele, Charlie Sanders. La lista de actores del programa es amplia, con estrellas como LeVar Burton, Gillian Jacobs, Rosario Dawson, Michael Cera, Awkwafina y Mark Hamill, entre otros. La temporada de seis episodios contará seis historias separadas ambientadas en Weird City, unidas por el personaje recurrente de LeVar Burton, el Dr. Negari.

The Twilight Zone: Un Nuevo Anfitrión de Lujo

Entre 1959 y 1964, Rod Serling fue uno de los principales responsables de que el misterio, la ciencia ficción y el terror estuviesen presentes en las casa americanas gracias a La dimensión desconocida, una serie imprescindible para los amantes de lo imposible. Además de secuelas directas, como la maldita En los límites de la realidad (John Landis, Steven Spielberg, Joe Dante, George Miller, 1983), el revival ochentero Más allá de los límites de la realidad y medio centenar de nuevos episodios a principios de los 2000 bajo el título de En los límites de la realidad, la serie original es el germen de gran parte de los seriales episódicos de relatos de género.

Ahora, CBS se ha propuesto rescatar el formato y, para ello, ha contado con Jordan Peele como nuevo anfitrión de lujo. Y es que tras convertirse en uno de los cómicos norteamericanos más exitosos con Key & Peele, ha repetido aplausos en sus dos primeras propuestas para la gran pantalla, las geniales Déjame salir (2017) y Nosotros (2019).

En España, podremos disfrutar de los 10 episodios de la primera temporada gracias a SYFY, que ya ha comenzado la emisión de esta nueva The Twilight Zone con el estreno de los dos primeros episodios, una buena toma de contacto con la que ir disfrutando de esta zona entre la luz y la oscuridad.

Rebobina

El primer capítulo, Rebobina, está dirigido por Gerard McMurray (La primera purga: La noche de las bestias) y escrito por Selwyn Seyfu Hinds. Con Sanaa Lathan, Damson Idris y Glenn Fleshler de protagonistas, esta primera historieta nos presenta a una orgullosa madre que acompaña a su hijo en un largo viaje por carretera a la universidad mientras graba el proceso con una viaja cámara de vídeo.

Todo parece ir bien, hasta que un oficial se cruza en su camino dejando claro que tiene algunos problemas con los afroamericanos. En medio de una probablemente trágica escalada de tensión, la mujer descubre que al rebobinar la cámara todo retrocede sin que nadie parezca percatarse. ¿Lograrán llegar a su destino sin toparse con el problemático agente?

La declaración de intenciones de este capítulo es clara. Por un lado, la presentación de Peele, la cabecera de la serie y el tono colocarán a los fans de la original en un lugar seguro. Por otro, la temática del capítulo nos asegura una serie repleta de temas actuales tratados de cara.

Y es que aquí no es que el racismo sea el subtexto, sino que todo atisbo de metáfora, mensaje o alerta se encuentra implícito en una trama tan simple como un palazo en la cara. Es cierto que McMurray ya juegaba a algo parecido en La primera purga: La noche de las bestias, pero el tono de exploitation añadía cierto valor al conjunto que, en Rebobina, no es más que el esqueleto de un relato que no termina de ser nada más que su propuesta.

Pesadilla a 10.000 metros

El relato de Richard Matheson sobre un pasajero que sufre un ataque de pánico en mitad de un vuelo al ver a una criatura por la ventanilla destrozando el motor, ya pudo verse en La dimensión desconocida con Pesadilla a 20.000 pies, dirigido por Richard Donner en 1963, y tuvo un primer remake en En los límites de la realidad (1983) con Pesadilla en las alturas, el capítulo dirigido por George Miller que se convirtió en el mejor segmento de la película y en la mejor versión en acción real de la historia hasta la fecha.

Greg Yaitanes, responsable de diferentes episodios de Perdidos, House, Prison Break o Castle Rock, dirige esta nueva adaptación en la que Marco Ramirez, Simon Kinberg y Jordan Peele han cogido la idea del avión y el ataque de pánico y han creado su propio relato.

No hay hueco en la actualidad para gamberros gremlins del aire, los problemas con los que el excelente Adam Scott se topa en su inquietante vuelo vienen en forma de podcast. Y es que, según va cogiendo altura, el audio que está incluido en un dispositivo olvidado parece ser el especial sobre la desaparición del vuelo en el que en ese mismo momento se encuentra.

Un divertido relato que juega con la intriga sobre la profecía auto cumplida rodado con ritmo y talento y que, en la comparación con versiones anteriores, tiene sus únicos problemas.

Título Director Escritor Protagonistas
Rebobina Gerard McMurray Selwyn Seyfu Hinds Sanaa Lathan, Damson Idris, Glenn Fleshler
Pesadilla a 10.000 metros Greg Yaitanes Marco Ramirez, Simon Kinberg, Jordan Peele Adam Scott

¿Llamaste Perr* A Tu Esposa? | Key and Peele | Comedy Central LA

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