La presencia innoble de este inofensivo batracio, con su aspecto chato, pustuloso, de ojos desorbitados, mirada inexpresiva y presencia desagradable ha despertado de antiguo en el pueblo ideas de terror, engendro diabólico y repulsión. Sobre su lomo rugoso lleva la pesada carga de mil concepciones animistas, y sus dorados ojos transparentan aún el misterio de civilizaciones extinguidas. En la historia de los pueblos, el sapo se debate en una lucha cruenta y despareja. Logra sobrevivir y goza así de un triunfo al ver impuesta la razón sobre el prejuicio y el oscurantismo.
De animal perseguido, vuélvese amigo del hombre, de ser execrado, halla refugio en la casa de quien siempre lo miró con asco y paga con exceso lo que juzga una deuda de gratitud. Se brinda a la ciencia otorgándole la maravilla de su cuerpo para que sirva de alivio a sus propios perseguidores.
En la época donde se realizó tanto proceso, a los que pretendían tener trato con el diablo, los jueces que escribían para guiar a sus colegas le señalaban entre las presunciones de culpabilidad la posesión de algunos animales. Bodin aconseja no vacilar en perseguir si se encuentra al que está acusado de practicar la brujería en posesión de sapos o lagartos.
Los sapos no tienen buena fama. Son feos, asquerosos e incluso venenosos. Su currículum está lleno de historias desagradables, de fábulas y cuentos donde acompañan a las brujas, a los demonios o, sencillamente, a los malos.
Es verdad que, en algunos casos, si una princesa hace de tripas corazón, cierra los ojos y vence el asco puede dar un beso a un sapo lleno de verrugas que, por arte de magia, se convierte en príncipe. La moraleja del cuento nos sugiere que el animal feo y asqueroso lleva en su interior algo hermoso y poderoso… y, de hecho, es así.
Lo primero es discutir si los sapos son feos y repugnantes. Te invito a que la próxima vez que tropieces con uno de estos anfibios te agaches y acerques tu cara a la suya. Ahora podrás comprobar que, sin duda, es simpática: una boca grande y fina casi sonríe sin querer. Los ojos son como piedras preciosas pulidas por el agua: pueden ser dorados, cobrizos, esmeraldas, granates e incluso, todos esos colores a la vez. Para mí son uno de los ojos más bonitos de toda la fauna ibérica.
Su estampa, si la miramos sin prejuicios, resulta simpática: son gorditos pero ágiles, con colores tostados o verdosos, con la piel granulosa, a veces seca y, otras, húmeda. Por lo demás, veremos que son animales tranquilos, que se esconden de nosotros y les gusta vivir en paz, ocultos durante el día y activos al anochecer. Y aquí viene la otra parte: son animales poderosos. Efectivamente, a pesar de su aspecto bonachón y sosegado son unos grandes cazadores.
Suelen salir de sus escondites y esperar cerca de ellos, sentados y meditabundos. Su quietud les permite pasar desapercibidos para las pequeñas criaturas de la noche: babosas, caracoles, arañas e insectos que trasiegan por allí acaban su día en los estómagos de los sapos que, simplemente, esperan a que pasen cerca para capturarlos. Por eso, si tienes la suerte de contar con algunos sapos en el jardín, no se te ocurra expulsarlos, son tus aliados. Mímalos y déjalos vivir a su aire.
Sin embargo hay una parte real en las viejas leyendas: algunas especies son venenosas. En realidad no llegan a tanto, los sapos españoles, en especial el sapo común, puede secretar una sustancia a través de la piel para defenderse si es atacado. Se trata de una sustancia levemente tóxica que desaparece si nos lavamos las manos.
Prácticamente en todos los medios acuáticos se está produciendo el primitivo cortejo, el extraño apareamiento. Si atendemos a todos estos detalles no es extraño que el ser humano haya aborrecido a los anfibios desde tiempos inmemoriales. Leyendas sobre brujas y aquelarres aderezadas por jugos de sapos frotados contra la piel, de animales que escupen, que dejan ciego o calvo, de aguas ponzoñosas por la presencia de los bichos, de encuentros casi mortales, de animales que atraen el fuego y no arden, de enormes escuerzos de tamaños colosales… han hecho de los anfibios animales perseguidos con saña por el hombre.
Nada más lejos de la realidad de unos animales prácticamente inofensivos y bastante beneficiosos, en cuanto a su faceta de enormes comedores de insectos y arácnidos. Los anfibios son unos animales fascinantes, que se incluyen en uno de los grupos más antiguos sobre la faz de la tierra, herederos de los peces.
La palabra anfibio hace relación a su doble vida, acuática cuando sólo se trata de una larva y terrestre durante la mayor parte de la vida adulta. Estos curiosos animales son capaces de respirar de tres maneras distintas, mediante branquias durante el período larvario, mediante la piel que puede tomar oxígeno del agua y del aire y mediante pulmones que sólo pueden tomar el oxígeno del aire.
Para facilitar el intercambio gaseoso a través de la piel, esta debe estar siempre humedecida y elástica, por ello presentan glándulas mucosas que las mantienen húmeda y un proceso hormonal que hace que esta sea mudada periódicamente.
El sentido del oído es también peculiar en los anfibios pues presentan dos canales auditivos, uno muy similar al de la mayoría de los vertebrados y otro adaptado a las bajas frecuencias, por debajo de los 1000 Hz, que se muestra útil en la reproducción y que es también capaz de captar sonidos propagados por el suelo y a través de su propio cuerpo. Su olfato es también doble, teniendo epitelio sensible a los olores y disponiendo a su vez de un órgano de Jacobson similar, aunque no tan evolucionado, a los reptiles.
Sus extraños dientes que son repuestos siempre que se pierden. Los pigmentos de la piel que en ocasiones cambian rápidamente y que presentan tres tipos de células de color o cromatóforos: los melanóforos responsables de los colores pardos o negros, los xantóforos que dan lugar a pigmentos amarillos, naranjas o rojos y los iridófilos de colores azules.
Sus métodos de reproducción variados como la fecundación externa de los anuros, cordones o paquetes de huevos fecundados por el esperma del macho en el agua., o fecundación interna, donde el macho libera una cantidad de esperma en una bola llamada espermatóforo que es tomada por la hembra e introducida en su cloaca, en los urodelos. Sus medios defensivos también complejos como el mimetismo de algunas ranas, el hinchamiento de los sapos, estructuras punzantes como las costillas de los gallipatos o glándulas secretoras de sustancias alcaloides.
Los anfibios son unos animales sorprendentes que han colonizado prácticamente todos los medios y que han llegado a nuestros días, en muchos de los casos, con terribles problemas para garantizar su subsistencia. Los sapos son objeto de mitos y leyendas que perjudican a sus números poblacionales.
Los anfibios son los vertebrados que más están sufriendo las acciones del cambio climático. Tal y como indica la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el 41 % de las especies dentro de este grupo están en peligro, ya sea por la contaminación de las aguas, la introducción de especies exóticas o enfermedades trasmisibles.
En muchas regiones, existen mitos y leyendas sobre animales que se expanden generación tras generación. A veces, estos ayudan a la protección de una especie (sobre todo si se asocian a eventos religiosos positivos), mientras que en otras ocasiones pueden llevar a la persecución de un ser vivo completamente inocente.
Mitos Perjudiciales Sobre los Sapos
Hoy rompemos 7 mitos perjudiciales sobre los sapos con evidencias científicas:
- Los sapos y las ranas se diferencian por sus verrugas: Comúnmente, se dice que las ranas y los sapos se diferencian entre ellos de forma externa. Las ranas son más esbeltas que los sapos, tienen menos rugosidades en su piel y están más ligadas a los ambientes acuáticos. Por otro lado, los sapos presentan cuerpos rechonchos, verrugas por toda su piel y son más terrestres.
Esta preconcepción no tiene ninguna base filogenética. Por ejemplo, la denominada “rana” Bombina orientalis se pasa la mayor parte del tiempo dentro del agua, pero su cuerpo es rugoso, achatado y sus extremidades muy cortas. El sapo arlequín (género Atelopus) presenta una piel completamente lisa y es muy delgado, pero no puede clasificarse como “rana” a nivel genético.
Así pues, los únicos anfibios que pueden denominarse “sapos” de forma estricta son aquellos pertenecientes a la familia Bufonidae. Este taxón engloba a 35 géneros que están relacionados genéticamente. - Si los tocas, te salen verrugas: Como muchos representantes del género Bufo tienen la piel rugosa, se asume que tocarlos hará que le salgan verrugas a un ser humano. Esto no está basado en ninguna evidencia científica, pues realmente las formaciones verrugosas que aparecen de forma espontánea en el cuerpo vienen de una fuente completamente diferente.
Tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), en realidad las verrugas son una formación fruto de la infección por papilomavirus (HPV). Existen más de 100 tipos de HPVs que afectan a los seres humanos: algunos entran por la piel y generan verrugas, otros causan lesiones genitales y unos pocos (14 de ellos) promueven la aparición de cánceres, sobre todo el de cuello uterino. - Los sapos escupen veneno: Los sapos no escupen veneno. No presentan glándulas que secreten compuestos tóxicos directamente a la boca y tampoco tienen mecanismos para eyectar líquidos. Son bastante torpes en general y, a la hora de cazar, se abalanzan sobre el insecto y lo recogen con su lengua pegajosa. Carecen de estrategias de defensa complejas.
- Si se les molesta, se hinchan hasta explotar: Muchas especies de sapos, al verse en peligro, se yerguen sobre las puntas de sus dedos y aumentan de volumen de forma considerable. Para ello, toman aire en exceso y llenan sus sacos vocales (y pulmones) hasta que desaparece su depredador. Este es un mecanismo de defensa muy básico, pero puede disuadir a un mamífero hambriento en el momento clave.
De todas formas, si se les molesta mucho no cogen aire hasta explotar. Esta afirmación no tiene ningún sentido biológico, pues cada sapo enfadado moriría varias veces a la semana si fuese cierta. Las conductas en el reino animal surgen para preservar el linaje de una especie, no para que los ejemplares mueran antes de tiempo sin poder reproducirse. - Los sapos no necesitan agua para vivir: Como hemos dicho anteriormente, a veces se dice de forma errónea que las ranas están ligadas al ambiente acuático, mientras que los sapos viven en lugares secos y terrosos. Nada más lejos de la realidad: todos los anfibios requieren una humedad ambiental muy alta, pues necesitan tener su piel húmeda.
- Coger a un sapo no es peligroso: Los sapos son completamente inofensivos, pero solo si se les deja tranquilos. Todos los bufónidos presentan un par de glándulas parotoideas detrás de los ojos, en la región cefálica y sobre los hombros. Si son molestados, segregarán un líquido lechoso por ellas que resulta nocivo. Este fluido contiene bufotoxinas, una serie de compuestos neurotóxicos usados como defensa.
Por esta razón, no se recomienda manipular a los sapos sin guantes, mucho menos llevarse las manos a la boca o a los ojos tras hacerlo. Este compuesto secretado no suele ser mortal, pero si se ingiere en cantidades altas, puede causar intoxicación en casos excepcionales, con arritmias, mareos y problemas digestivos. - Los sapos silvestres son buenas mascotas: Más que un mito sobre los sapos, este último punto hace referencia a la irresponsabilidad que supone sustraer ejemplares silvestres de su medio natural. Aunque en el ámbito de la terrariofilia los anfibios sean cada vez más populares, estos siempre deben obtenerse de criaderos oficiales y con certeza de que no han sido cazados en su ambiente.
Sacar un sapo de un río o un camino puede parecer algo inocuo, pero debes tener en cuenta que la gran mayoría de las especies de anfibios están en peligro. Esto significa que sus números poblacionales suelen ser más bajos de lo normal y que, por desgracia, el porcentaje de reproductores cada vez es menor. Respetar los ejemplares salvajes es lo mínimo que podemos hacer para preservarlos.
Como puedes ver, los mitos y leyendas sobre los sapos están completamente injustificados. Estos animales son completamente inofensivos, siempre y cuando se les respete y se evite manipularlos en exceso. Si escuchas cualquiera de estas falsas afirmaciones, ahora sabrás como rebatirlas. A pesar de su mala fama en algunas regiones, los sapos no reportan ningún peligro para el ser humano. Conocer sus curiosidades es esencial para quitarles el estigma.
Las curiosidades de los sapos son casi infinitas, pero por desgracia mucha gente no quiere conocerlos. Estos animales tienen la fama de ser venenosos, de provocar arrugas si son tocados o de traer mala suerte a quien se cruza en su camino. Nada más lejos de las realidad: todos los anfibios son inofensivos y realizan una labor excelente controlando plagas en los ecosistemas.
Para desmontar mitos y limpiar su nombre, en esta oportunidad te traemos 10 curiosidades de los sapos que no te puedes perder. Verás que su ciclo vital y ecología son cuanto menos fascinantes.
10 Curiosidades Fascinantes Sobre los Sapos
- Sapo y rana son lo mismo: Antes de comenzar con las curiosidades más impactantes de los sapos, vemos necesario contextualizarlos a nivel taxonómico. Los sapos son anfibios del orden Anura y se diferencian del resto de sus familiares por la ausencia de cola. Existen más de 7300 especies de anuros, lo que supone el 88 % de la biodiversidad actual de la clase Amphibia.
En este punto, cabe destacar que tanto sapos como ranas son anuros, por lo que la distinción de nombres comunes entre ellos no tiene ningún fundamento taxonómico. Se dice que los sapos son más terrestres y rugosos que las ranas, pero existen múltiples excepciones a esta afirmación. Ranas y sapos son anuros. - Una familia propia de anfibios: Aunque los términos rana y sapo se usen de forma errónea para categorizar a los distintos anuros, sí podemos decir que casi todos los conocidos como “sapos” pertenecen a la familia Bufonidae. Este taxón contiene más de 570 especies repartidas en 52 géneros, y todas juntas representan a los true toads (sapos verdaderos).
Dentro de esta familia, el género Atelopus es el más extenso de todos, con un total de 96 especies descritas. Curiosamente, los ejemplares de este grupo no tienen nada que ver con un sapo típico, ya que poseen extremidades muy esbeltas, su cuerpo es liso y carecen de rugosidades características repartidas por su cuerpo. - El sapo típico se engloba en un género propio: Como última curiosidad de los sapos en lo que a su taxonomía se refiere, es necesario reseñar que Bufo es el género más conocido dentro de la familia Bufonidae. Este grupo engloba a los sapos marrones, rugosos, gorditos y con ojos anaranjados con los que todos nos hemos topado alguna vez.
- Los sapos respiran por la piel: ¿Alguna vez te has preguntado por qué el término “anfibio” se asocia siempre a la presencia de agua? Estos animales requieren humedad ambiental muy alta de forma constante porque, por increíble que parezca, necesitan tener la piel mojada para respirar por ella. Sus pulmones son muy rudimentarios, así que obtienen del 25 al 85 % de O2 que necesitan por difusión pasiva cutánea.
Por si esto no fuese increíble, también es necesario destacar que los anfibios pueden modular la cantidad de sangre que transportan hasta la superficie de su piel. Aunque sea de forma relativa, esto los capacita para regular su obtención de oxígeno cutáneo según sus necesidades y las imposiciones ambientales. - Los sapos producen toxinas, pero no son peligrosos: Todos los miembros del género Bufo presentan unas estructuras en el dorso y detrás de los ojos muy interesantes. Estas “verrugas” con forma de riñón en realidad son glándulas parotoides, encargadas de la producción de compuestos tóxicos. Cuando un animal se intenta comer a estos anfibios, liberan su líquido glandular e irritan la cavidad oral del depredador.
Los compuestos venenosos eyectados son bufotoxinas, una familia muy variada de lactonas esteroides tóxicas que provocan distintos efectos sistémicos y locales tras su ingesta. - ¿Sapos alucinógenos?: Otra de las curiosidades de los sapos es que, en ciertas culturas, las bufotoxinas producidas por ellos se han utilizado históricamente como psicodélicos. Este es el caso de Incilius alvarius, un anfibio con la capacidad de generar suficiente veneno como para matar a un perro adulto.
Los compuestos 5-MeO-DMT y la bufotenina del líquido secretado son potentes psicoactivos que provocan efectos muy fuertes en el ser humano por un intervalo de unos 15 segundos. Las formas tratadas de estas toxinas se han utilizado como drogas y afrodisiacos en los últimos tiempos, causando al menos una muerte humana por intoxicación. - Todos los sapos son cazadores: A pesar de sus cuerpos rechonchos y torpeza general, los sapos son carnívoros estrictos que se suelen alimentar de forma exclusiva de presas vivas.
- Los sapos necesitan agua para reproducirse: La mayoría de las especies de sapos realizan un éxodo de la zona de supervivencia al área de reproducción durante la primavera. Este lugar de cortejo y liberación de los huevos debe ser un lago o masa de agua (permanente o efímera) y son animales filopátricos, o lo que es lo mismo, que siempre vuelven al mismo lugar a reproducirse.
La fecundación de los sapos es externa: el macho abraza a la hembra en una posición denominada amplexo y promueve la liberación de una ristra de huevos en el agua. El macho expulsa su esperma y abandona a su pareja de forma rápida, pues su intención es fecundar tantos huevos como sea posible. Una hembra de la especie Bufo bufo puede poner de 3000 a 6000 huevos de una sola vez. Aunque esta cifra parezca desorbitada, debes tener en cuenta que la inmensa mayoría de larvas morirán, ya sea en su fase de renacuajo, antes de eclosionar o justo al hacer la metamorfosis y salir del agua. Estos animales ponen muchos huevos, pero muy pocos llegan a la edad adulta. - Un método de reproducción explosivo: Aunque cada especie es un mundo, otra característica general de los sapos es que su reproducción suele ser de tipo explosivo. Cientos de machos acuden a la misma masa de agua a cantar y atraer a las hembras, interceptándolas en cuanto pueden para agarrarlas en amplexo. Es normal que se produzcan empujones entre machos o que se abracen entre ellos en un acto de frenesí reproductivo.
Por impactante que parezca, a veces se observan mating balls o bolas reproductivas de 4, 5, 6 o más machos abrazando a una misma hembra. - No son animales peligrosos y requieren nuestra ayuda: Como última de las curiosidades de los sapos, hay que hacer especial hincapié en que no son animales peligrosos. Si bien producen bufotoxinas que generan síntomas muy incómodos, no vas a notar sus efectos a menos que te lleves un ejemplar a la boca o te frotes los ojos después de molestarlo. Estos anfibios son de lo más pacífico que existe y nunca buscan confrontación directa.
Además, los sapos y el 41 % de los anfibios en general se encuentran en peligro de extinción, pues el cambio climático, la contaminación de las aguas, la introducción de especies exóticas y ciertas enfermedades infecciosas los están matando a un ritmo alarmante.
🐸 Cosas que no sabías de los Sapos - 🧐 Curiosidades de los animales 💚
Si la charca permanece con agua algún mes más, quizá una nueva generación seguirá llenando de misterio las noches. Quizá nuestros nietos los vean con ojos protectores y amables.
| Mito | Realidad |
|---|---|
| Los sapos producen verrugas. | Las verrugas son causadas por el virus del papiloma humano (HPV). |
| Los sapos son peligrosos y venenosos. | Los sapos segregan toxinas como defensa, pero no son mortales para los humanos a menos que se ingieran en grandes cantidades. |
| Los sapos no necesitan agua para vivir. | Todos los anfibios requieren humedad ambiental alta para mantener su piel húmeda y poder respirar. |