Marie Claude Braud: Opiniones y Trayectoria de una Destacada Dermatóloga

La historia de la medicina, así como la historia de la propia humanidad, se pierde en los albores de la prehistoria y aún cuando las ciencias aporten datos sobre nuestros orígenes, siempre será mucho lo que habrá qué imaginar.

Quizás nuestros primeros antepasados imitaron a los animales al observarlos lamerse las heridas o comer yerbas cuando estaban enfermos; posiblemente notaron que el agua fría del río aliviaba el dolor de las heridas y disminuía las inflamaciones.

Así imaginó la escritora los primeros pasos de la medicina, cuando la humanidad apenas comenzaba a serlo y trataba de sobrevivir en un mundo amplio y virgen, pero plagado de peligros para la nueva especie.

De esta manera, la historia de la medicina, así como la historia de la propia humanidad, se pierde en los albores de la prehistoria y aún cuando las ciencias aporten datos sobre nuestros orígenes, siempre será mucho lo que habrá qué imaginar.

Los Albores de la Medicina

Ayla se abrazó a Durc con un pavor horrorizado. Abriéndose paso entre los hombres, llevó cargado al herido, apartándolo de los pies que pateaban y pisoteaban. Apretando fuerte un punto de la ingle con una mano, metió el extremo de la correa de su manto entre los dientes y arrancó un trozo con la otra.

El torniquete estuvo colocado y estaba restañando la herida con el manto de su bebé antes que las otras dos curanderas la siguieran… Ayla estaba decidida a atacar a Iza con infusiones, cubrirla de cataplasmas y ahogarla en vapor si fuese necesario… Los fragmentos anteriores se incluyen en la interesante novela de Jean M. Auel El clan del oso cavernario, novela en la que se cuentan las vicisitudes de Ayla, una joven mujer Cromagnon que desde niña y por accidente, se crió en un clan de hombres de Neanderthal.

Ella llegó a convertirse en su curandera tal como lo había sido su madre adoptiva, como parte de una ancestral tradición transmitida precisamente de madre a hija. Es cierto que es una novela, pero vale la pena conocer lo fascinante que resulta la historia del hombre en su lucha por la vida y la subsistencia.

Las enfermedades son más antiguas que el ser humano y en consecuencia lo han acompañado desde su aparición como especie. Si se defendió del frío, el hambre, la intemperie, los animales, entonces es imposible pensar que no tratara de defenderse también de las enfermedades, que debieron representar para él un misterio. ¿Por qué ayer corría por el bosque en busca de caza y hoy el cuerpo débil no le respondía de igual manera?

De mano en mano pasa la verdad y en cada mano olvidará algo de cierto y también se llevará de cada mano el parecer.

Historia de la dermatología hasta la modernidad

Reconocimientos

Agradezco, en primer lugar, a mi familia. Ante todo, y especialmente a las dos personas que casi por cansancio me convencieron de que debía escribir; sin ellas quizás nunca habría comenzado: mi hermana Esther Pérez, quien además tuvo la paciencia de revisar todo lo escrito y mi cuñado Fernando Martínez Heredia a quien además agradezco todos sus consejos y anécdotas.

A Orlando Pérez Águila y Esther Pérez Requena, mis padres por sus utilísimas traducciones. A Katiuska Sandino Guillén, mi esposa, por el tan necesario apoyo cotidiano moral y logístico. A mis dos hijos, Alejandro Pérez y Daniel Pérez: al primero, por su apoyo y ánimo continuos y también por sus dibujos; al segundo, por ser el más eficiente secretario ejecutivo a la hora de buscar los libros y papeles que nunca aparecían.

Mención aparte a Isabel Pérez Acosta, por su fidelidad y animarme todo el tiempo que demoró la confección del libro. Agradezco todo el apoyo que me brindaron Héctor Fernández, Miriam Sandino, Guillermo Lázaro Prado, Antonio D´Estefano, Diana Fernández, Santiago Mederos, Margarita Sánchez y Miguel D´Estefano, quienes además de su hermandad, me suministraron gran parte de la indispensable bibliografía para concluir este trabajo.

A Sarelia Santander y Javier Aguiar les agradezco sobremanera su apoyo en el aspecto del para mi siempre incomprensible mundo de la informática, a Lissette Rodríguez y Humberto Ruiz. A los doctores Juan Francisco Sánchez Suárez y Sonia Pérez, les doy las gracias por su interés y su apoyo, al brindarme de manera espontánea materiales sumamente útiles, sin los cuales hubiera sido imposible concluir satisfactoriamente este trabajo.

Un agradecimiento muy especial a los compañeros del Centro Martin Luther King Jr. A Dagoberto Oquendo, Daniel García, Cristina Espinosa, Orlando Valdés, Sergio Santamaría, Lázaro Valdespino, Alberto García, José A. Pérez Zertucha, Manuel Selman, Manuel Lemus, Iran Samá, Yolanda Piedra, Ubaldo González y Alina Alern, sencillamente por su amistad y hermandad.

Un agradecimiento especial a los profesores Sergio García Marruz y Miguel Ángel Moreno, a quienes considero paradigmas de la medicina y quienes, sin saberlo, gracias a sus enseñanzas y ejemplos, fueron los precursores de este libro. Al último de ellos le agradezco además su paciencia al revisar el boceto inicial y la invaluable ayuda de sus sugerencias y consejos para dar la conformación definitiva al texto.

Enfoque y Metodología

Formalmente traté de hacer una panorámica lo más cronológica posible, de los albores del hombre a los albores del nuevo milenio, lo cual logré en cierta medida hasta la época del Renacimiento. Después fue cada vez más difícil: el impetuoso avance que cobran las ciencias a partir del siglo XVII hace casi imposible seguir un orden cronológico de los acontecimientos, pues estos comienzan a superponerse más que a sucederse, lo que me obligó a enfrentarlos con un enfoque totalmente diferente.

He tratado de realizar un breve resumen de los principales aspectos sociales, artísticos y científicos sucedidos en cada momento de la historia, para intentar dar una visión más lógica del decursar de la medicina en las diferentes épocas, así como relacionar los descubrimientos y avances (o retrocesos) de esta última con los que ocurrían en otras esferas del conocimiento.

He hecho énfasis, sobre todo, en las figuras más representativas de cada momento de la historia de la medicina, y lo mismo con respecto a las otras ramas de la ciencia, la historia o la cultura. Otro objetivo que me propuse al comenzar a escribir es que fuera este un libro de fácil lectura para cualquier tipo de público, y no solo para las personas inmersas en el mundo de la medicina: más que un libro técnico, he intentado hacer un texto de fácil comprensión, eludiendo, dentro de lo posible, cualquier terminología extremadamente profesional, que tornara incomprensible el vocabulario a quienes no están familiarizados con los términos médicos, Cuando me he visto precisado a hacerlo, he tratado de dar una explicación sobre el aspecto en cuestión.

Asimismo, incluí en este capítulo una reseña sobre el control de las hemorragias, la historia de las trasfusiones y el nacimiento de las ideas sobre la asepsia y la antisepsia. En los capítulos en los que he tratado sobre enfermedades específicas, como las enfermedades infecciosas, intenté hacer énfasis en aquellos padecimientos que representaron grandes flagelos para el hombre o aquellos que por su representatividad significaron un descubrimiento clave en la historia de la medicina.

Por supuesto, sería de todo punto de vista imposible hacer referencias a la historia de todas las enfermedades, por lo que cualquier omisión, incluso la de enfermedades muy conocidas, fue totalmente voluntaria y debida a esta causa.

Este libro, aunque hace referencias frecuentes y en ocasiones de cierta amplitud a las medicinas de otras regiones, e incluso tiene varios capítulos sobre ellas, hace énfasis, fundamentalmente, en la historia de la medicina occidental. Sería demasiado extenso abarcar el estudio a profundidad de las prácticas médicas en todas las culturas.

Por ello, me considero obligado a continuar la faena y ya en este momento me encuentro en fase de realización de un nuevo texto que tratará fundamentalmente sobre las medicinas no occidentales. Antes de concluir quiero resaltar que mi mayor deseo es que este libro sirva para interesar a los más jóvenes y a todo el que desee conocer el fascinante mundo de la historia de la ciencia, sobre todo a los que comienzan ahora sus estudios de medicina, y que los haga interesarse no solo en ser profesionales altamente preparados desde el punto de vista técnico, sino en profesionales cultos y repletos de ese humanismo que solo el conocimiento es capaz de llevar a la persona y que solo puede alcanzarse con una postura de curiosidad ante todo los hechos de la vida, o, como diría el médico argentino Federico Pérgola, "asomándose a todas las ventanas del saber".

"Si queremos ver lo que hay ante nosotros, debemos mirar para atrás" - Albert Szent Györgi, Premio Nobel de Medicina y Fisiología 1937

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