Mitos sobre los Eclipses Lunares Explicados

El asombro e interés del ser humano ante los eclipses a lo largo de la historia se ha reflejado en representaciones artísticas muy diversas. Los eclipses son fenómenos naturales que durante muchos siglos no pudieron ser explicados científicamente, porque la humanidad aún no tenía los conocimientos necesarios para ello.

Además, tienen características muy impactantes, como el hecho de que al Sol parezca faltarle un pedazo, o que la Luna se torne de color rojo sangre. No es por tanto de extrañar que la humanidad, en su intento de entender e incluso controlar estos acontecimientos tan enigmáticos e impactantes, haya dado las más diversas explicaciones a los eclipses, y que con ello hayan pasado a formar parte de la mitología de un gran número de culturas de nuestro planeta.

Aquí exploraremos algunos de los mitos y leyendas más interesantes relacionados con los eclipses lunares.

7 MITOS y LEYENDAS sobre ECLIPSES | Eclipse SOLAR y eclipse LUNAR | LUPUSEVEN

Secuencia de un eclipse lunar.

Mitos y Leyendas de Diversas Culturas

Son muy numerosas las historias asociadas a los eclipses totales de Sol, y algunas de ellas son de gran belleza. Algunas de las explicaciones mitológicas que encontramos con más frecuencia son aquellas basadas en la idea de que un ser, animal o dios maligno trata de devorar nuestra estrella, y hay que luchar de alguna manera para recuperar la luz.

Diversos como son los seres y las historias, hay algo que varios pueblos de los más dispares lugares del globo tienen en común: para recuperar el Sol y evitar su muerte consideraban necesario contribuir a ahuyentar al malvado ser que lo devoraba, así que tañían tambores, daban gritos o, en términos generales, hacían todo el ruido posible.

Mitos de Devoradores del Sol

  • Mitología Nórdica: En la mitología nórdica, por ejemplo, es un lobo gigantesco llamado Fenrir (o según algunas versiones, dos lobos llamados Sköll y Hati) quien persigue al Sol tratando de devorarlo.
  • China: En China hay historias que hablan de que el Sol es atacado por un dragón celestial, pero también hay otras que mencionan un perro celeste llamado Tiangou.
  • Choctaw (Oklahoma): Los Choctaw, de la actual Oklahoma, creen que el ser que devora al Sol es una malvada ardilla negra.
  • Vietnam: En Vietnam es una rana gigante.
  • Mitología Andina: En la mitología andina se trata de un puma.
  • Aztecas: Los aztecas consideraban que los eclipses solares ocurrían cuando el dios jaguar Tepeyollotl mordía el Sol y amenazaba con tragárselo completamente.

Fenrir, el lobo gigante de la mitología nórdica.

Creencias y Supersticiones

Existen registros en textos históricos del miedo que generaban los eclipses. Es el caso de la obra "Historia general de las cosas de Nueva España", de Bernardino de Sahagún, también llamado Código Florentino por la ciudad en la que actualmente se conserva, y que es una enciclopedia bilingüe, en español y en náhuatl, que recoge un vasto conocimiento sobre los pueblos indígenas precoloniales y el México colonial temprano.

En este texto se dice que "Cuando la Luna se eclipsa, párase casi oscura; ennegrece; párase hosca; luego se oscurece la tierra. Cuando esto acontece, las preñadas temían de abortar. Tomábales gran temor que lo que tenían en el cuerpo se había de volver ratón. Y para remedio desto tomaban un pedazo de itztli en la boca, o poníanle en la cintura, sobre el vientre.

El pueblo Pomo, del noroeste de EEUU, da un nombre a los eclipses que significa "el Sol es golpeado por un oso". Cuentan una historia sobre un oso que va a dar un paseo a lo largo de la Vía Láctea y en su camino se encuentra con el Sol, y ambos empiezan a discutir sobre quién se va a mover para dejar pasar al otro.

La Leyenda India de Rahu

Otra historia, llamativa por cómo da explicación incluso al resurgimiento del Sol, proviene de la India. Allí el demonio Rahu (conocido como Phra Rahu en Tailandia, donde protagoniza una historia semejante) es el responsable de los eclipses de Sol y Luna.

En su afán de ser inmortal, Rahu robó un sorbo del elixir de la vida, pero fue visto por el Sol y La Luna, que le delataron ante el dios Vishnu. Como castigo el dios le cortó la cabeza al demonio antes de que el elixir pasase por su garganta, impidiéndole su objetivo. La cabeza de Rahu, que al tocar el elixir sí había alcanzado la inmortalidad, busca venganza sobre los cuerpos celestes que le habían delatado, y los persigue para devorarlos.

Los eclipses de Sol y Luna ocurren cuando consigue alcanzarlos, pero como ya no tiene cuerpo, el astro correspondiente reaparece cuando el demonio lo traga y pasa por su garganta, y así el fenómeno completo queda explicado.

Eclipses como Actos de Amor o Conflicto

Otras leyendas y mitos mucho menos violentos hablan de los eclipses como un acto de amor, erótico o de discusión en la relación entre la Luna y el Sol.

  • Pueblo Fon (Benín, Nigeria y Togo): El pueblo Fon, actualmente distribuido en Benín, Nigeria y Togo, cree que el dios creador Mawu-Lisa se dividió en un dios del Sol, Lisa, y una diosa de la Luna, Mawu, y considera los eclipses como la unión sexual de ambos dioses.
  • Mitología Alemana: En la mitología alemana, el cálido Sol femenino y la fría Luna masculina están casados. El Sol gobierna el día, y la soñolienta Luna gobierna la noche.
  • Euahlayi (Australia): En las tradiciones orales de los Euahlayi, en el sureste de Australia, el Sol es conocido como una mujer llamada Yhi y la Luna como un hombre llamado Bahloo. Yhi se enamora de Bahloo y lo persigue a través del cielo, advirtiendo a los espíritus que sostienen el cielo que, si dejan escapar a Bahloo, sumirá el mundo en la oscuridad, y esto es lo que genera un eclipse solar total.
  • Batammaliba (Togo y Benín): Los Batammaliba, del norte de Togo y Benín, consideran que un eclipse ocurre cuando el Sol y la Luna están peleando. Cuando esto sucede, los Batammaliba se reúnen como comunidad y tratan de resolver sus conflictos, con la esperanza de que el Sol y la Luna hagan lo mismo.
  • Inuit: Por su parte los Inuit cuentan la historia de la diosa del Sol, Malina, quien es perseguida a través del cielo por su hermano, el dios de la Luna, Igaluk. De vez en cuando, él la alcanza por un breve instante, y todo se oscurece.
  • Navajo: De una forma más mística, el pueblo navajo considera que los eclipses son un momento de renovación y una manifestación de la relación cíclica entre el Sol, la Luna y la Tierra. El antiguo conocimiento tradicional del pueblo navajo transmite que mirar directamente al Sol es peligroso. Los ancianos navajos instruyen firmemente a su comunidad para que permanezca dentro del hogan (su vivienda tradicional) durante un eclipse, asegurándose así de que nadie mire al Sol.

Enojo o Percances de los Dioses

También hay otras narraciones y leyendas que consideran los eclipses como consecuencia de alguna actitud o situación específica de un dios representado por el Sol, o de otros dioses relacionados con el astro.

  • Incas: Este es el caso de los Incas, que adoraban a Inti, el dios del Sol. Creían que Inti era por lo general un dios benevolente, pero consideraban que los eclipses solares indicaban que sentía ira y descontento.
  • Antiguos Griegos: Una interpretación semejante hacían los antiguos griegos, que creían que los eclipses eran una señal de que los dioses estaban enfadados con los humanos y de que el Sol iba a abandonar la Tierra, trayendo enormes desgracias.
  • Ojibwa y Cree (América del Norte): Los pueblos Ojibwa y Cree, de América del Norte, cuentan la historia de un niño o un enano, llamado Tcikabis, que busca vengarse del Sol por haberlo quemado, y consigue atraparlo en una trampa, que es el eclipse. Varios animales intentan liberar al astro, pero solo el humilde ratón logra roer las cuerdas y devolverlo a su camino.
  • Aymara (Sudamérica): En el caso de la tradición aymara, de Sudamérica, un eclipse significa que el Sol está enfermo y cerca de la muerte. El pueblo Aymara encendía fogatas en las laderas de las colinas para calentar la Tierra durante el breve periodo en el que el Sol no podía hacerlo.

Eclipses y Religión

Los eclipses, como eventos impactantes que son, se encuentran también presentes en las creencias y supersticiones relacionadas con varias de las religiones que mejor conocemos. Se han considerado a lo largo de la historia como símbolos de mal presagio o que indican eventos de gran relevancia, siendo un claro ejemplo de ello el supuesto eclipse, ya mencionado en este volumen, que fuentes bíblicas mencionan que tuvo lugar durante la crucifixión de Jesucristo.

El Desarrollo de la Astronomía y los Eclipses

Ciertamente, las interpretaciones mitológicas convivieron con una naciente astronomía que describía los fenómenos celestes y permitía entender sus regularidades. De la misma manera que de la observación celeste de los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas surgieron los calendarios y los relojes, es decir, la medida del tiempo, los eclipses empezaron también a mostrar sus regularidades.

Sabemos que cada 18 años, 11 días y 8 horas se repite la misma posición de la Tierra, el Sol y la Luna y por ello se reproduce un eclipse parecido. Pero los griegos contaban que fue Tales de Mileto, en el siglo VI aE, el primero en predecir un eclipse, según contaba Herodoto al hablar de la guerra entre Lidios y Medos: “y el día se trastocó súbitamente en noche.

Conocemos gracias a la gran compilación astronómica de Ptolomeo, realizada en el primer sigo de nuestra Era, que el mundo clásico dispuso de mecanismos matemáticos y de algunos dispositivos para calcular los eclipses. Por ejemplo, el famoso mecanismo o computadora de Anticitera (del siglo I aE) era una máquina mecánica con numerosos engranages, capaz de hacer cálculos astronómicos bastante complejos. En los últimos años, el estudio de esta sorprendente pieza permitió reconstruirlo y ver cómo tenía cálculos de calendario y lunisolares, que reproducía el ciclo de Saros de los eclipses, incluyendo una corrección bastante precisa.

Eclipses en la Historia

El 27 de enero del año 632 se produjo un eclipse anular de Sol visible desde Medina, que coincidió con la muerte de Ibrahim, el hijo de Mahoma. El profeta dijo que a pesar de todo los eclipses no eran malos augurios, aunque sí una señal del poder y conocimiento de Dios. Muchos siglos después, el 2 de agosto de 1133, se dijo que un eclipse total de Sol anunció la muerte del rey Enrique I de Inglaterra.

En la Edad Media los eclipses fueron vistos como malos presagios, aunque como siempre pasó, a lo largo de la historia poco a poco se fueron acumulando conocimientos astronómicos.

El Avance de la Ciencia y la Comprensión de los Eclipses

Por supuesto, la ciencia moderna, que se basó en la astronomía y en la comprensión de los movimientos planetarios para poder desarrollar modelos mecánicos y predictivos, tuvo en los eclipses una forma de poder mejorar la precisión y la exactitud de los pronósticos.

A lo largo de los años, de esta manera, se pudo hacer el cálculo de los eclipses con mejor precisión. Pero no era (ni es) una tarea sencilla: los movimientos de la Tierra, su rotación y su traslación alrededor del Sol, y la órbita de la Luna alrededor de la Tierra, son descritos con ecuaciones con muchos términos que convierten el cálculo en algo farragoso.

De hecho hasta 1820, cuando el matemático y astrónomo alemán Friedrich Wilhelm Bessel desarrolló el método de cálculo que sirve para ver cuándo y cómo se puede ver un fenómeno celeste dinámico, como la ocultación de una estrella o un planeta, o un eclipse, no se pudo decir que los eclipses habían sido domados.

La ciencia trajo un nuevo análisis de los eclipses: el de intentar comprender qué era lo que se veía cuando la Luna ocultaba por completo el disco solar. Por ejemplo, de dónde venía esa luz tenue de la corona de un eclipse. José Joaquín de Ferrer y Cafranga, comerciante y astrónomo natural de Pasajes, observando un eclipse solar total desde Kinderhook (Nueva York) el 22 de mayo de 1724 comprobó que la corona pertenecía al Sol y no a la Luna, y que por lo tanto tenía así un tamaño muchísimo mayor de lo que se había creído hasta entonces.

Curiosamente en ningún estudio en los 7 siglos de observaciones de los eclipses totales solares se había pensado que fuera algo tan grande.

Eclipses y Descubrimientos Científicos

Es en el siglo XIX cuando la ciencia astronómica comienza a utilizar los eclipses para entender mejor cómo es nuestro Sol. El 15 de mayo de 1836 el astrónomo inglés Francis Baily registra el fenómeno que se produce al comienzo y al final de la fase de totalidad o anularidad, producido porque el relieve lunar no es esférico, y por eso en los segundos que preceden el máximo del eclipse se producen destellos, las llamadas (desde entonces) perlas de Baily.

Y un fotógrafo apellidado Berkowski pasará a la historia ligado al eclipse del 28 de julio de 1851 por ser el primero en obtener un daguerrotipo de la luz de la totalidad de un eclipse desde el Real Observatorio de Königsberg, en Prusia (hoy Kaliningrado, Rusia). En la imagen expuesta durante 84 segundos del eclipse total, apareció la corona solar, que es un millón de veces más débil que la luz de su fotosfera.

Conviene recordar que la primera fotografía del Sol se había obtenido en 1845, por el mismo proceso del daguerrotipo, en Francia, realizada por dos grandes físicos, Louis Fizeau y Lion Foucault. Y poco después, desde el Observatorio de Meudon, cerca de París, el astrónomo Warren de la Rue comenzó a obtener fotografías diarias del disco solar.

Fue precisamente de la Rue el protagonista de una expedición científica a España que llegó a ser popular a través de los medios de comunicación. El equipo francés se trasladó para observar el eclipse total de Sol del 18 de julio de 1860 a Rivabellosa (Álava), fue uno de los primeros momentos en que la ciencia de los eclipses llegó a toda la sociedad, con las imágenes de los espectros solares que realizó Warren de la Rue en Rivabellosa (Álava).

Durante el eclipse, hízome notar mi padre esa especie de asombro y de indefinible inquietud que se apodera de la Naturaleza entera, acostumbrada a ser regulada en todos sus actos por el acompasado ritmo de luz y de obscuridad, de calor y de frío, resultante del eterno girar de la tierra.

Para animales y plantas, el eclipse parece constituir un contrasentido, algo así como inexplicable equivocación del mecanismo cósmico, distraído de los perennes intereses de la vida.

Se comprenderá fácilmente que el eclipse del 60 fuera para mi tierna inteligencia luminosa revelación.

A pesar de haber fotografiado el eclipse y hasta de haberse realizado los primeros espectros de la luz del Sol durante ellos, no fue hasta 1868 cuando, durante el eclipse de Sol del 18 de agosto que fue total desde la India, el astrónomo francés Jules Janssen descubrió en el espectro de la luz del eclipse unas intensas líneas de emisión en la región del amarillo. El astrónomo inglés Norman Lockyer analizó el fenómeno y lo interpretó como una emisión de un nuevo elemento químico desconocido, al que denominó Helio.

Se pensó que era un elemento que no podía existir sino en las extremas condiciones de nuestra estrella, y que por lo tanto no habría en la Tierra. Sin embargo, en 1895 el físico Sir William Ramsay descubrió el Helio en el laboratorio, tratando unas muestras noruegas de cleveíta, un mineral de uranio, con ácidos, un método con el que se obtenía Argón, pero con el que también encontró Helio.

En una observación durante otro eclipse de Sol total, el 7 de agosto de 1869 Charles Augustus Young y observan de manera independiente una nueva línea de emisión no observada previamente, en la luz de la corona. Denominaron al “nuevo” elemento Coronio.

Y unos años después, el creador de la Tabla Periódica, Dmitri Mendeleev supuso que podrían existir elementos aún más ligeros que el Hidrógeno, como el que llamó Newtonio y que podría ser, precisamente, el Coronio que había sido observado en la corona solar.

La Teoría de la Relatividad de Einstein y los Eclipses

El 29 de mayo de 1919 se produjo un eclipse total de Sol que marcó también la historia de la ciencia. Una expedición, dirigida por Sir Arthur Eddington, lo observó desde la isla del Príncipe, cerca de las costas africanas del golfo de Guinea, y otra desde la isla de Sobral, en Brasil. Midieron la posición de las estrellas cercanas al disco solar eclipsado, confirmando así la curvatura de la luz que producía nuestro Sol, acorde con la predicción realizada por la Teoría General de la Relatividad publicada por Einstein en 1915.

Eddington dijo entonces que había quedado refutada la teoría newtoniana y había de declarar válida la de Einstein.

Mitos Modernos y Desinformación

La ciencia de los eclipses no terminó con la relatividad, porque ha habido también mucha historia y algunas sorpresas en los eclipses de estos últimos 100 años. En la Antigüedad, era muy habitual que se creyera que los eclipses de Sol y los cometas eran malos augurios porque no se disponía de la información que se tiene ahora sobre estos fenómenos.

Si algo tan habitual como las conjunciones planetarias lleva a que los conspiranoicos afirmen que se acerca el fin del mundo, ¿qué pasa si lo que se alinea no es meramente la Tierra con Marte y Venus, sino también con el Sol y con el centro de la Vía Láctea? ¿Y si esa conjunción coincide con diciembre de 2012 y el solsticio de invierno?

La NASA ya se encargó en su momento de desmentir este bulo, que afirmaba que, por obra y gracia de esa conjunción, el agujero negro supermasivo en el corazón de la galaxia iba poco menos que freírnos a todos cual arma láser de los marcianos de 'Mars attacks!'. Ese Dark Rift al que nos referíamos antes se refiere a las franjas de polvo que oscurecen la visión desde la Tierra del centro galáctico, y se suponía que la entrada del Sol en esa zona, justo en ese día, es lo que iba a desencadenar todo tipo de catástrofes.

Finalmente, un mito que lo mismo puede aplicarse a un eclipse que a una tormenta solar; el de los seis días de oscuridad por culpa de un fenómeno solar. La última vez que este bulo asomó la cabeza fue en diciembre del año pasado, afirmando que una potente tormenta solar iba a generar tal cantidad de polvo y escombros orbitales, que bloquearía el 90% de la luz solar y, por tanto, causaría seis días de noche en la superficie del planeta.

Este mito se basa en una concepción falsa de lo que es una tormenta solar. No es como la tormenta de arena de 'Mad Max: Furia en la carretera', sino que hace referencia a una potente erupción de material desde el Sol, provocado por su intensa actividad magnética, que cuando se produce en dirección a la Tierra, hace que un flujo de partículas cargadas eléctricamente, y con altos niveles de energía, interactúe con la magnetosfera y la atmósfera terrestres y genere, por ejemplo, auroras boreales.

Si la tormenta es muy fuerte, puede causar problemas en los satélites en órbita del planeta. ¿Pero seis días de oscuridad?

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