Vivimos en un mundo donde los monstruos ya no dan miedo, sino que se presentan como seres trágicos e incomprendidos. Este cambio de perspectiva nos permite explorar condiciones como la psoriasis desde un ángulo más humano y profundo.
Tengo 42 años y hace más de 20 que padezco una forma grave de psoriasis. Durante algunos brotes, las escamas sangrantes que provocan picazón, propias de la enfermedad, han llegado a cubrir más del 80 por ciento de mi cuerpo. Ha habido veranos en los que la vergüenza me impedía ponerme camisetas o bermudas.
En un mundo veloz de primeras impresiones, donde el like ha sustituido a la conversación, la piel condiciona nuestra relación con los demás. Hablamos con la piel: la tatuamos, la bronceamos, la tapamos, la exhibimos, la agujereamos y la embadurnamos de cremas caras o la rellenamos de bótox en un intento por mantenerla eternamente joven.
A veces me tropezaba con personajes históricos y con escritores que sufrían mi enfermedad. Josef Stalin, por ejemplo. O Vladimir Nabokov. Buena parte de lo que estos personajes eran y habían hecho se explicaba por su condición de enfermos cutáneos.
La Psoriasis como Identidad
Las personas suelen identificarse como periodistas, abogados o alguna otra profesión. ¿Quién se identifica con una enfermedad crónica? Cuando digo que soy un monstruo, elijo la psoriasis como identidad. Mi mala piel ha cambiado mi personalidad y la forma en que veo el mundo y mis relaciones.
Al inicio de la pandemia, cuando se impuso la distancia social, muchos periodistas que me entrevistaban por mi libro me preguntaron por la importancia del tacto, ahora que lo perdíamos. Respondí que la distancia nos volvería un poco más cínicos. Los seres humanos necesitamos tocarnos, no sabemos querer sin tocar.
Cuando la piel se enferma, nos convierte en monstruos. Este es el punto de partida del libro de Sergio del Molino, que estimula nuestro espíritu de observación acercándonos a un terreno que es de todos.
Basándose en fuentes históricas y literarias, del Molino nos presenta monstruos de la historia y la literatura cuyas vidas han estado plagadas de problemas epidérmicos: Stalin, que se sumerge en baños secretos en su dacha; Pablo Escobar y sus interminables duchas; Cyndi Lauper patrocinada por una empresa farmacéutica que produce un fármaco para enfermedades de la piel; John Updike quemándose deliberadamente bajo el sol del Caribe; Nabokov que escribe desde el exilio a su esposa: «Todo estaría bien si no fuera por mi maldita piel».
Del Molino se incluye a sí mismo en la galería de relatos en los que ahonda en los secretos de la piel: lo que para unos es signo de orgullo para otros puede ser motivo de angustia y vergüenza, motivo de inclusión y exclusión de la sociedad.
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"La Piel" de Sergio del Molino: Un Libro Bastardo
Es más sencillo recomendar leer La piel que tratar de colgarle una etiqueta identificativa, como si fuera un cuerpo desmembrado. Es un libro bastardo, un expósito de la literatura. A Sergio del Molino ni le preocupa la adscripción a un género, ni cumplir con los requisitos de un canon y tampoco las sanciones que le pueda imponer la policía crítica de la literatura. Lo único que le preocupa es que el libro comunique.
En sus páginas hacen cameos, entre otros psoriásicos, el dictador Stalin, los escritores John Updike y Vladimir Nabokov, la cantautora Cyndi Lauper y el narcotraficante Pablo Escobar. A través de la psoriasis de estos personajes del Molino cuenta su experiencia con esta enfermedad que va más allá de las manchas, los eccemas y el dolor.
Del Molino reivindica la impureza una vez vencidas las miradas acusatorias. Por eso ha escrito La piel. Dice que cuando deja de importarte la mirada de los otros es cuando te das cuenta de que esa mirada ajena no existe, que es imaginaria.
La Experiencia Personal y la Literatura
Sergio del Molino escribe a partir de lo que le pasa, es una obra en marcha. Más que contarse se usa como excusa para contar otras cosas, no escribe sus memorias. Lo que intenta es comunicar e involucrar al lector y para poder hacerlo cree que hay que exponerse. Su literatura es una falsa literatura autobiográfica.
De duelos y consuelos, de enfermedades y hospitales, sabe más de lo que le gustaría. Dice que tenemos una relación traumática y negacionista con la muerte y el sufrimiento. Que son los sanos quienes necesitan ver enfermos felices, que la enfermedad no se cura sonriendo, que parece que el enfermo no tiene derecho a estar jodido, enfadado y desanimado y que nadie quiere visitar a un enfermo gruñón, deprimido o cínico.
La condición de monstruo que arrastra le permite hacer este tipo de gestos. Los monstruos inspiran aversión, asco y resultan problemáticos, pero son necesarios para poner a prueba la bondad ajena y los buenos sentimientos de los demás.
Escribe del Molino al respecto de este paréntesis que padece la melanina, entre el amor maternal asfixiante y el sexo, el cuerpo es invisible y sufre una verdadera Edad Media, pero griega. Con la piel sucede lo mismo, no hay memoria del cuerpo. Sin besos la piel se vuelve ágrafa.
Tabla de Personajes con Psoriasis Mencionados en "La Piel"
| Personaje | Profesión | Impacto de la Psoriasis en su Vida |
|---|---|---|
| Josef Stalin | Dictador | Secrecía en torno a su enfermedad, posible influencia en su misantropía. |
| Vladimir Nabokov | Escritor | Brotes severos que lo llevaron a considerar el suicidio. |
| John Updike | Escritor | Compensación a través de la vestimenta, influencia en su originalidad. |
| Cyndi Lauper | Cantante | Patrocinada por una farmacéutica, visibilización de la enfermedad. |
| Pablo Escobar | Narcotraficante | Necesidad de disimular las manchas con maquillaje. |
Esta nueva novela muestra la vida del escritor entre líneas y una enfermedad cutánea, la psoriasis, lo iguala a muchos otros enfermos dermatológicos como Stalin, Nabokov, Updike, Escobar o Lauper.
La Piel como Campo de Batalla y Reflexión
Encontrarme con personajes históricos que tenían mi misma enfermedad se acabó convirtiendo en una especie de obsesión y, cuando me quise dar cuenta, vi que tenía una tesis doctoral de personajes con psoriasis. Al reflexionar sobre esas historias, había algo que había pasado por alto: la psoriasis había sido muy importante para explicar sus obras o lo que habían hecho, o su personalidad o sus puntos de vista, su forma de estar en el mundo.
Los personajes trágicos siempre caen víctima de su destino y no pueden luchar contra él. En eso los enfermos crónicos nos parecemos mucho a los personajes de las tragedias griegas: por mucho que nos empeñemos, la enfermedad siempre nos vence y siempre, nos marca de alguna forma. Es una cura de humildad.
En el fondo de la narración lo que hay es una pregunta de la monstruosidad física y la monstruosidad moral. Lo que me gusta de Stalin es que es un monstruo que no se redime. Estamos acostumbrados a que los monstruos feos, malos -que quedan pocos, incluso Darth Vader, que es un personaje que tiene toda la piel destruida y se cubre de negro-, al final ese malo malísimo se redime.
La monstruosidad es atractiva, a la vez que repulsiva. Lo que tiene la monstruosidad es que nos pone a prueba, pone a prueba nuestros sentimientos y las cosas que creemos sentir y pensar sobre nosotros mismos y sobre el mundo, nos pone en tesituras muy incómodas a los que no son monstruos, porque no sabemos cómo tratarlos.
El cuerpo como cárcel es una metáfora muy clara y tiene esa dualidad, lo mismo nos permite contactar con el mundo o nos aleja de él. La piel en sí misma tiene su propia capacidad metafórica. Ella sola no necesita una producción literaria.
Hemos construido unas expectativas muy grandes que le arruinan la adolescencia a casi todo el mundo; hemos creado un imaginario que se desinfla enseguida en el contacto con los propios cuerpos. Sí, es una de las ideas que atraviesan todo el relato, actuamos como si no tuviéramos cuerpo, como si fuéramos alma y como si el hecho de que nos picara la piel no influyera en nuestro carácter, en las decisiones que tomamos y en las relaciones con los demás.
Con el color de la piel se define el racismo, que es un eje para explicar la mitad de la historia de la humanidad», apunta.
«Ni siquiera mi hijo debe verme, aunque me intuye. Si los hijos nos descubren, corremos el riesgo de que nos acepten como monstruos. Y eso sería fatal para ellos». Inquietante percepción del autor en este interesantísimo acercamiento al mundo exterior e interior del enfermo de psoriasis.
La piel es mucho más que un relato, ensayo o diario de la psoriasis. Suma una ingente cantidad de reflexiones asociadas que abarca cuestiones como la relación padres/hijos, racismo, desigualdad, discriminación, aislamiento, imperfección, conexión con el sector médico...
La lectura proporciona una visión más completa de la significación e implicaciones de la epidermis en nuestro día a día. El propio autor, que sabe por experiencia propia de la psoriasis, afirma con pasmosa naturalidad que es y son monstruos que suelen esconderse bajo la ropa para evitar el rechazo.
Desde tiempos inmemoriales, ha habido historiadores que utilizan detalles personales, la intimidad de los personajes históricos, para explicar grandes decisiones que tomaron.
La Psoriasis: Más Allá de la Piel
La psoriasis es una acumulación de células cutáneas en la superficie de la piel, que forma escamas y manchas rojas que causan comezón y, en ocasiones, dolor. Tradicionalmente relacionada con el estrés, aunque hoy se sabe que es la expresión de una enfermedad autoinmune más compleja, Del Molino certifica que no es el mal humor el que la provoca sino, al contrario, que, sencillamente, la psoriasis agria el carácter.
En 'La piel', el ensayo que acaba de publicar enAlfaguara, repasa también otras implicaciones del órgano más extenso del cuerpo humano, cómo nos limita y nos constituye con algo tan sencillo como una enfermedad o las clasificaciones por el tono de la piel y el racismo: "Es un impulso moderno, aprendido y una mirada que tenemos que ir entrenando.