¡Las uñas de los pies, esas grandes olvidadas! Si el cuidado de nuestros pies es importante, no menos atención se merecen nuestras uñas. ¿Sabes qué dicen tus uñas sobre la salud de tus pies?, ¿conoces las infecciones más comunes que pueden dañarlas? Una de ellas es la psoriasis en las uñas de los pies, una enfermedad que en ocasiones se confunde con la onicomicosis, u hongos en los pies. Por ello, es fundamental que un buen podólogo sea quien realice un completo diagnóstico y aplique el tratamiento adecuado para cada caso. En nuestras clínicas dePie son habituales los casos que atendemos de psoriasis en las uñas de los pies.
¿Qué es la Psoriasis?
La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por la aparición de lesiones rojizas escamosas preferentemente en codos, rodillas y cuero cabelludo, y que tiene la posibilidad de afectar a uñas y articulaciones. No es una enfermedad contagiosa ni hereditaria, y, aunque existe predisposición genética en las personas que la padecen, suelen estar involucrados además otros factores desencadenantes.
La psoriasis en las uñas de los pies, o psoriasis ungueal, es una enfermedad de tipo cutáneo que se caracteriza por formar placas enrojecidas y con escamas.
La psoriasis afecta a alrededor del 2% de la población, lo que en España equivale a casi 1 millón de pacientes. Aunque sea una afección de la piel, la psoriasis no es contagiosa. Es una enfermedad que, principalmente, conlleva perturbaciones estéticas (afecta a la piel y uñas).
Se origina debido a una disfunción en el sistema inmune y puede aparecer en cualquier parte del cuerpo.
La activación ocurre en forma de brotes, desencadenada por diferentes estímulos, y determina un crecimiento acelerado de la piel. Esto significa que en el paciente con psoriasis la epidermis se renueva en unos pocos días en lugar de semanas como ocurre usualmente en las personas sanas.
En algunas personas también compromete las uñas y las articulaciones. Se observa por igual en hombres y mujeres. A pesar de su aspecto, la psoriasis no es una enfermedad contagiosa. En algunos casos existe una relación de consanguinidad entre los afectados, hecho que ha servido para la investigación sobre las bases genéticas de esta enfermedad.
La psoriasis aunque es una enfermedad de la piel puede asociar otros problemas para la salud como son una elevación de las cifras de colesterol y triglicéridos, diabetes e hipertensión.
Se manifiesta en brotes con periodos de mejoría y de remisión o empeoramiento, pero la enfermedad se desarrolla de una manera particular en cada paciente. En ocasiones, dura toda la vida.
Aunque no conlleva un riesgo vital, según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), esta enfermedad tiene repercusiones significativas en el ámbito físico, emocional, sexual, laboral y económico del paciente, y disminuye de forma relevante su calidad de vida, con un impacto similar al de la diabetes, la artritis o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Causas de la Psoriasis en las Uñas de los Pies
Todavía hoy no están claras las causas que originan esta enfermedad, aunque sí se vincula con el sistema inmunitario en la mayoría de casos. Cuando una persona tiene un nivel bajo de defensas o su sistema inmunológico es débil, es más probable que sus uñas se debiliten, se decoloren, se engrosen y, en algunos casos, se agrieten y se caigan.
Los principales factores desencadenantes de los brotes de psoriasis son el estrés, las infecciones faríngeas por estreptococos, los climas fríos y secos, las quemaduras solares y los traumas menores, como arañazos o golpes, el sobrepeso.
Si se presenta dicha tendencia, es importante prestar atención a estos cinco factores:
- Factor genético.
- Factor ambiental. Muchas personas sufren reacciones de tipo cutáneo a ciertos climas o situaciones ambientales.
- Estrés. Sufrir temporadas estrés y nerviosismo, es un gran desencadenante de la psoriasis.
- Otras infecciones.
- Traumatismos. Una herida o rasguño puede desencadenar el problema.
- Infecciones. Las infecciones pueden provocar esta patología, especialmente las infecciones orofaríngeas. Por ejemplo, las faringitis agudas pueden desencadenar psoriasis.
- Factores endocrinos. Las terapias con hormonas o con corticoides pueden ser un factor desencadenante de la enfermedad.
- Factores psicológicos. El estrés puede hacer detonar la psoriasis y, sobre todo, provocar brotes en pacientes que ya la padezcan.
- Medicación. Dependiendo del estadio en el que se encuentre el paciente, el uso de algunos medicamentos favorece el fenómeno del efecto rebote, es decir, se cura la lesión pero reaparece con más gravedad en un futuro.
Síntomas de Psoriasis en los Pies
Los síntomas que indican psoriasis en los pies pueden variar dependiendo de la persona, pero los más frecuentes son:
- Enrojecimiento de la piel y aparición de manchas rojas o escamas.
- Dolor y molestias.
- Pies hinchados y ardor en la zona.
- Talones secos y agrietados que incluso pueden llegar a sangrar.
- Descamación de los pies.
- Rugosidad al tacto.
Las manchas de psoriasis son variables, desde unos pocos puntos de escamas hasta manchas que abarcan zonas muy grandes.
Tipos de Psoriasis
La psoriasis presenta diversas formas clínicas, según la Sociedad Española de Reumatología (SER):
- Psoriasis en placas: Es la forma más frecuente, y representa el 80% de los casos. Es el más común y puede presentarse en cualquier parte del cuerpo, incluyendo los pies.
- Psoriasis de cuero cabelludo: Es idéntica a la psoriasis en placas, pero localizada en el cuero cabelludo. A menudo se acompaña de un picor intenso y de descamación similar a la caspa. La psoriasis del cuero cabelludo y la dermatitis seborreica son afecciones frecuentes que afectan al cuero cabelludo. Con mayor frecuencia, las escamas de la psoriasis son más gruesas y de aspecto algo más seco que las escamas de la dermatitis seborreica. La psoriasis suele extenderse más allá de la línea de nacimiento del cabello. Además, la psoriasis suele afectar más de una zona del cuerpo.
- Psoriasis de uñas: La psoriasis puede afectar a las uñas de las manos y de los pies. Las manifestaciones son variables según el tiempo y la severidad de la enfermedad. Van desde piqueteado tipo dedal (“pitting”) hasta un engrosamiento, cambios de color e incluso perdida de la uña.
- Psoriasis en gotas: Esta forma clínica es más frecuente en niños y adultos jóvenes. Se caracteriza por la aparición súbita y rápida de multitud de pequeños puntos rojizos con una descamación fina, localizados en tronco y extremidades. Aparece frecuentemente después de infecciones de garganta, desapareciendo en semanas o meses después del tratamiento. En general, es muy poco frecuente, pero es la forma de presentación más habitual en niños y adolescentes (entre un 44% y un 95% de los pacientes infantiles la padecen). Se caracteriza por numerosas placas de pequeño tamaño (entre 0,5 y 1,5 centímetros) que aparecen principalmente en el tronco y cerca de las extremidades, aunque no suele afectar a plantas y pies. Suele aparecer en forma de brotes después de determinadas infecciones. En niños, las lesiones suelen remitir espontáneamente en semanas o meses, mientras que este tipo de psoriasis tiende a hacerse crónica en adultos.
- Psoriasis pustulosa: Las lesiones en esta forma clínica consisten en "granos” de pus, llamados pústulas, acompañadas de un enrojecimiento de la piel que la rodea. La localización más frecuente son las palmas de las manos y las plantas de los pies, sin embargo puede presentarse en cualquier parte del cuerpo.
- Psoriasis invertida: En esta forma clínica las lesiones de psoriasis en lugar de aparecer en codos y rodillas (superficies de extensión), aparecen en los pliegues axilares, inguinales, submamarios o pliegue intergluteo.
- Eritrodermia psoriásica: Es la forma menos común y más severa de psoriasis, pudiendo llegar a comprometer la vida del paciente. Se caracteriza por la aparición, de manera gradual o aguda, de un eritema o enrojecimiento de la piel que afecta a más del 90% de la superficie corporal. Existen casos graves que se asocian a síntomas generales. La complicación más frecuente es la sobreinfección.
- Artritis psoriásica: Esta manifestación, no siempre esta acompañado de lesiones en piel. Consiste en una artritis inflamatoria que afecta las articulaciones sobretodo de las manos y de los pies.
- Pustulosa palmoplantar: Afecta específicamente a las palmas de las manos y a las plantas de los pies, pudiendo dificultar actividades cotidianas como caminar. Destaca la presencia de ampollas de pequeño tamaño, grietas, enrojecimiento y picazón o ardor.
Diagnóstico de la Psoriasis
El diagnóstico de la psoriasis es fundamentalmente clínico y debe realizarlo preferiblemente un experto en dermatología por visualización de las lesiones.
Para saber cuál es el tratamiento más acertado para cada caso, es fundamental que un podólogo profesional detecte las causas que han provocado la aparición de la psoriasis en las uñas de los pies del paciente.
En ocasiones puede ser difícil de diagnosticar, porque los síntomas se parecen a los de otras enfermedades cutáneas, por lo que puede ser necesario examinar una pequeña muestra de piel en el microscopio. Así mismo, una maniobra exploratoria clásica de la placa de psoriasis es el raspado metódico de Brocq, que se realiza con una cucharilla metálica sobre una placa sin tratar.
Es esencial visitar al podólogo para diferenciar los hongos de las uñas de la psoriasis ungueal, con el objetivo de llevar a cabo el tratamiento adecuado y corregir el problema a tiempo.
Es muy importante no confundir la psoriasis ungueal con los hongos en las uñas, para evitar falsos diagnósticos. Existen diferentes tipos de onicomicosis dependiendo de la zona de la uña afectada (distal, proximal, superficial, etc.), el tipo de hongo que se instaure (dermatofitos, cándidas, etc.) o si es consecuencia de otra lesión (onicolisis por microtraumatismos, psoriasis, etc.).
Psoriasis en Uñas: ¿Cómo Identificarla? Tratamiento, Cuidados y Relación con la Artritis Psoriásica
Tratamientos para la Psoriasis en los Pies
Una vez diagnosticada, el tratamiento irá siempre destinado a eliminar la lesión todo lo posible, aunque se trata de una patología crónica. Por eso, los síntomas volverán a aparecer de forma sistemática con bastante seguridad. Aún así, es muy importante llevar un seguimiento y cura constante por parte de un podólogo profesional.
Aunque todos los tratamientos de la psoriasis son efectivos para la mayoría de los pacientes, ninguno lo es para todo el mundo, ya que la respuesta a cada tratamiento varía de una persona a otra.
Solo excepcionalmente la psoriasis se cura de manera permanente, pero lo habitual es que sea recurrente y crónica. El tratamiento, enfocado al control de los síntomas y la prevención de infecciones secundarias, depende de factores como la gravedad de la enfermedad, el tamaño de las placas, el tipo de psoriasis y la reacción del paciente ante ciertos tratamientos.
El tratamiento en la psoriasis está dirigido a controlar los brotes. La elección del tratamiento se realiza según el tipo clínico, la extensión, la severidad y las características específicas de cada paciente. Cada tratamiento tiene sus pros y sus contras. Por este motivo en la psoriasis se utiliza muchos los tratamientos rotativos, es decir se va cambiando de un tratamiento a otro.
De acuerdo a los anteriores factores, el tratamiento puede ser:
- Tratamiento tópico: (aplicado directamente en la piel o el cuero cabelludo en forma de lociones, ungüentos, cremas y champús). Se utilizan sobre todo corticoides tópicos, sustancias derivadas de la vitamina D, retinoides tópicos, breas y alquitranes, ácido salicílico y urea. Su objetivo es reducir la inflamación y el reemplazo celular, reducir la actividad del sistema inmunitario, descamar la piel y destapar los poros y suavizar la piel. El tratamiento ideal son las fórmulas magistrales y cremas recomendadas por el profesional. A su vez, se aconseja visitar al podólogo para hacer sesiones de quiropodia y eliminar el exceso de queratina en la piel, obligando al fármaco tópico a penetrar antes.
- Fototerapia: En casos de psoriasis más extensa, se utiliza la exposición a la radiación ultravioleta UVB, bien sea natural -producida por el sol-, bien artificial. También existe un tratamiento llamado PUVA, que combina el uso de la luz ultravioleta con un medicamento que sensibiliza la piel a la luz. Se ha demostrado que el mejor tratamiento para esta patología es la radiación solar (siempre con protección para evitar quemaduras de sol en los pies). La exposición a la luz solar ayuda a mejorar la apariencia de las placas psoriásicas en la piel, ya que se activa el metabolismo de la vitamina D. Por eso, durante el verano los pacientes mejoran.
- Tratamiento sistémico: En casos graves de psoriasis, el especialista puede prescribir medicamentos como retinoides sistémicos o inmunosupresores (que inhiben el sistema inmune). Normalmente, no se usan antibióticos para el tratamiento de la psoriasis, a menos que se sospeche una infección bacteriana. En las afecciones articulares es indispensable el uso de fármacos orales, fisioterapia y terapias físicas. Realizando estiramientos y movimientos pasivos se puede evitar la rigidez de las articulaciones, según aconseje el profesional médico.
- Terapia combinada: Combina los tres tratamientos anteriores (los que se aplican en la piel, la fototerapia y los tratamientos sistémicos). Puede dar mejores resultados, además de que permite muchas veces usar una dosis más baja de cada tipo de terapia.
- Biológicos: Se trata de proteínas similares a las humanas producidas mediante técnicas de biología molecular. Actúan bloqueando la inflamación que origina la enfermedad. Actualmente existen dos grandes grupos: por un lado, los que actúan sobre el factor de necrosis tumoral alfa (anti-TNFa) y, por otro, los que actúan contra las interleukinas 12 y 23, sustancias producidas sobre todo en los linfocitos.
Diferencias entre Eczema y Psoriasis
El eczema y la psoriasis son dos patologías muy diferentes. La psoriasis es una enfermedad autoinmune que se desarrolla cuando el cuerpo reemplaza las células de la piel demasiado rápido. Se desconoce la causa exacta, pero se sabe que suele desencadenarse debido a una combinación de factores genéticos y ambientales.
La presencia de eczema implica una inflamación de la piel, reconocible por la aparición de placas rojas acompañadas de picor.
La psoriasis se manifiesta con placas de un color rojo más intenso y contornos más nítidos.
Para determinar si se trata de una afección u otra, el profesional sanitario examinará los signos visibles y realizará una correcta entrevista con el paciente para detectar los posibles factores desencadenantes.
En el caso del eczema, el picor se trata con corticoides locales en forma de cremas. En el caso de la psoriasis, también se recurre al uso de corticoides locales para paliar la inflamación y el picor de la piel.
Consejos y Prevención de la Psoriasis en los Pies
Para finalizar el artículo, recopilamos varias recomendaciones para reducir el impacto de la psoriasis:
- Reducción del estrés.
- Alimentación: Una buena dieta con alimentos saludables para los pies, ricos en omega-3 (como salmón, atún blanco, nueces, lino, semillas de chía y de cáñamo, etc.), frutas y verduras con coloración y betacarotenos (espinacas, zanahorias y arándanos). Existen tres aspectos de la alimentación que tienen un efecto importante en la evolución de la enfermedad: mantén un peso adecuado y, si existe obesidad, realiza una dieta baja en calorías para perder peso; potencia los productos vegetales (menos carnes y grasas animales); y consume abundantemente (más de tres raciones a la semana) fuentes de ácidos grasos omega 3 (salmón, caballa, arenque, sardina, y/o fuentes añadidas a alimentos, como lácteos, margarinas). Algunos estudios relacionan también la psoriasis con una alimentación rica en la ingesta de un ácido graso llamado ácido araquidónico (AA), presente en alimentos como la carne de vacuno, el cerdo, el pollo, los huevos, la leche de vaca, los cacahuetes, los lácteos y la mantequilla, entre otros.
- Estudio biomecánico de la pisada: Puede ayudarnos a evitar, en la medida de lo posible, el avance de la artritis psoriásica. Es conveniente realizar un estudio biomecánico de la pisada para intentar disipar todas las cargas y que las articulaciones sufran en menor medida.
- Quiropodia: Es recomendable acudir a sesiones de quiropodia (tratamiento podológico para tratar callos, durezas y alteraciones en las uñas de los pies) cada dos o tres meses.
- Vitamina D: Se ha demostrado que el mejor tratamiento para esta patología es la radiación solar (siempre con protección para evitar quemaduras de sol en los pies). La exposición a la luz solar ayuda a mejorar la apariencia de las placas psoriásicas en la piel, ya que se activa el metabolismo de la vitamina D. Por eso, durante el verano los pacientes mejoran.
- Higiene diaria y cuidada: Dúchate todos los días o incluso date un baño caliente y con sustancias emolientes para reducir el picor, hidratar las placas de psoriasis e, incluso, relajarte. También es fundamental cuidar la piel, hidratándola con lociones que la suavicen y aumenten su elasticidad, y no aplicando colonias ni perfumes directamente sobre ella, ya que la sequedad, además de causar picor e irritación, puede empeorar la psoriasis.
- Atención a manos y pies: Recorta bien las uñas y evita las manicuras que puedan dañar su superficie; y usa calzado cómodo en los casos de psoriasis plantar, evitando rozaduras que pueden contribuir a agravar el cuadro. Y en general, no utilices prendas de lana o fibras artificiales, ni el abrigo en exceso, porque pueden aumentar el picor de la piel psoriática.
- Cosméticos adecuados: Una elección equivocada puede provocarte una piel más seca y tirante, y más picor y descamación, lo que puede dificultar que tus tratamientos tópicos actúen eficazmente. El pH de los productos debería estar entre 4 y 4.5, es decir, ligeramente ácido, como nuestra piel. La piel con psoriasis puede oler de una forma especial, por lo que es básica la elección de un buen jabón para lavarse; evita los geles y champús agresivos, así como las esponjas u otros utensilios (guante de crin, manoplas, cepillos, etc.) que puedan irritar la superficie cutánea. Además, para disminuir la hiperqueratosis podemos aplicar productos que renueven la piel como los alfa y beta-hidroxiácidos.
- Cuidado al afeitarse: Cuando te afeites, opta por un método suave y usa siempre, antes y después, una crema emoliente, calmante y reductora de la descamación. Respecto a la depilación, no existe un sistema mejor para los pacientes con psoriasis respecto a la población general, aunque no se puede realizar fotodepilación en áreas activas de psoriasis por el riesgo de quemaduras.
- Exposición al sol con precaución: En la mayoría de los casos, la luz solar y los rayos ultravioletas son beneficiosos para la psoriasis, al frenar la hiperproliferación de células en la placa. Por eso, es conveniente exponerse al sol, pero tomando siempre las precauciones adecuadas para no sufrir quemaduras solares ni demasiada sequedad en la piel. Sobre todo, no olvides aplicarte fotoprotección con un factor mínimo de 30 media hora antes de tomar el sol, ni de renovarla tras el baño.
- Considera balnearios y la playa: La estancia en un balneario, el reposo, la tranquilidad, la aplicación de sales, barros, emolientes, aguas tratantes, etc… puede ser muy beneficiosa para tu enfermedad. Y en la playa, además te beneficiarás de los minerales presentes en el agua del mar (el sodio, magnesio, bromo, iodo y calcio) y en la propia arena.
- Lactancia con precauciones: Si acabas de ser madre y deseas dar el pecho a tu bebé, informa antes a tu médico, pues es posible que algunos medicamentos puedan llegar a la leche tras haber penetrado por la piel en otra parte del cuerpo. Por otra parte, justo antes de la toma, humedece tus pezones con hidratantes intensos para que puedas amamantar sin molestias.
- Intenta quitarle hierro al asunto: Si tu hijo tiene psoriasis, no te obsesiones con la enfermedad y ayuda también a tu hijo a entenderla con naturalidad: por ejemplo, jugad juntos con los ungüentos y cremas hidratantes para que no entienda el tratamiento como un castigo. Y, por supuesto, fomenta el contacto físico con él: acarícialo, bésalo y abrázalo todo lo posible.
- Además de seguir los tratamientos médicos, los pacientes pueden ayudar a prevenir los brotes realizando: hidratación diaria de la piel, evitando climas fríos y secos, buscando alternativas a la utilización de medicamentos desencadenantes, evitando cortes, arañazos e infecciones, controlando el estrés, evitando el consumo de alcohol y tabaco, estimulando el consumo de alimentos ricos en antioxidantes y disminuyendo de peso.
Recuerda, ante cualquier duda o sospecha, consulta a un profesional de la salud para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados.
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