La piel, con cerca de dos metros de largo y más de cinco kilogramos de peso, es el órgano más grande de nuestro cuerpo. Es un libro abierto sobre el estado de ánimo y los problemas de salud. Cualquier sensación negativa intensa puede hacerse visible a través de ella.
Alergias, picores, aspereza, palidez, enrojecimiento, ronchas, sequedad, agrietamiento, heridas, cambios de pigmentación, sudor, deshidratación… Son muestras difíciles de ocultar y algunos de los cambios que pueden aparecer en la piel carecen de desencadenante fisiológico. En estos casos, hablamos de alteraciones psicosomáticas cuyo origen es psicológico y de raíz emocional.
La Relación entre la Piel y las Emociones
En las últimas décadas, diversos estudios han confirmado la estrecha relación entre piel y emociones. De hecho, a la luz de la evidencia encontrada, se ha creado una nueva área de estudio: la psicodermatología. Esta área se enfoca en:
- Psicofisiológicos: Problemas de la piel que empeoran o surgen a partir de estados emocionales.
- Psiquiátricos primarios: Afecciones cutáneas producidas por algunos trastornos mentales.
- Psiquiátricos secundarios: Afecciones de la piel que desarrollan baja autoestima o fobia social.
La relación entre la piel y las emociones es bidireccional. Las afecciones de la piel no solo empeoran o se generan por diferentes estados emocionales; sino que estas también pueden desarrollar alteraciones mentales como consecuencia.
Alteraciones Cutáneas y su Vínculo Emocional
Según la información de un artículo del psiquiatra Mohammad Jafferany, algunas de las afecciones en la piel que validan su relación con las emociones son las siguientes:
Dermatitis Atópica
La dermatitis atópica es una afección caracterizada por el enrojecimiento de la piel, hinchazón y picazón. Un estudio del 2016 publicado en International journal of environmental research and public health encontró que a mayor nivel de estrés, mayor es la prevalencia de la dermatitis atópica.
Las conclusiones de otra investigación sobre la asociación entre esta enfermedad y el riesgo de depresión y ansiedad señalan que las personas con dermatitis atópica tienen más probabilidades de padecer dichos trastornos.
Psoriasis
Es una afección cutánea que provoca enrojecimiento, escamas plateadas e irritación de la piel. Se ha observado que el estrés y la psoriasis tienen una relación bidireccional muy estrecha.
Los autores de un artículo publicado en Frontiers in Psychology afirman que «esta condición está relacionada con una reactividad emocional caracterizada por emociones negativas que tienen un mayor impacto en la calidad de vida de los pacientes».
Urticaria
Otra afección cutánea que ejemplifica la relación entre piel y emociones es la urticaria; cuyos síntomas incluyen la aparición de ronchas rojas o del color en la piel, causando comezón. La mayoría de estos episodios no tienen una explicación aparente, por lo que algunos expertos sugieren que el estrés juega un rol fundamental en su aparición, ya que gran parte estos pacientes atraviesan situaciones estresantes.
Esta afección está asociada también con factores psicológicos, como depresión, ansiedad y estrés, que pueden influir en su aparición y evolución. Aparte de eso, cuando la urticaria se vuelve crónica, afecta la calidad de vida y el bienestar emocional de las personas.
Los síntomas de la urticaria crónica consisten en la aparición prácticamente diaria de habones o ronchas por todo el cuerpo, en ocasiones acompañada de angioedema, que consiste en una hinchazón de zonas laxas de la piel como labios o párpados. De forma característica, las lesiones cutáneas son evanescentes, esto quiere decir que cada lesión tiene una duración entre 24 y 36 horas, y aparecen y desaparecen sin interrupción. Se establece que se trata de urticaria crónica a partir de las seis semanas de duración.
En la mayoría de las ocasiones, no es posible determinar las causas que provocan urticaria crónica. Hay un tipo de urticarias que se denominan urticarias inducibles que se producen en la zona en la que la piel entra en contacto con algún estímulo físico como frío, vibración, presión, agua, exposición al sol, etc. La más frecuente de este grupo se denomina dermografismo, que se produce tras el roce o rascado.
La célula más importante en la urticaria son los mastocitos, estas células tienen en su interior gránulos de histamina, si ésta se libera, estimula las fibras nerviosas de la piel y causa picor. El contacto de la histamina con los vasos sanguíneos provoca que estos liberen líquido que se acumula en la piel y provoca los habones.
Y, como hemos dicho, se trata de un mecanismo autoinmune, esto es, el propio organismo activa a las células de la piel que hacen que liberen histamina y se produzca la urticaria. Como no existe un tratamiento causal, la erupción cutánea puede reaparecer. En un porcentaje del 60-70% tiene una duración de un año, pero hay un 30-40% de pacientes cuya duración es mayor, en casos menos frecuentes puede durar más de 5 años.
El diagnóstico es clínico y en la exploración física comprobar que se trata de las lesiones típicas de la urticaria. Además, hay algunos marcadores en sangre que ayudan a clasificar el tipo de urticaria, por ejemplo marcadores de autoinmunidad como anticuerpos antitiroideos, o marcadores de inflamación, niveles de IgE, etc.
El proceso agudo se trata en una consulta de urgencias con antihistamínicos y, según la gravedad del cuadro, con corticoides. Generalmente, un episodio aislado de urticaria aguda sin angioedema, sin repercusión, no requiere una evaluación posterior por parte del médico.
En cuanto a la urticaria crónica, tenemos tratamientos disponibles para controlar los síntomas y que el paciente esté libre de lesiones y picor. Se inicia con antihistamínicos que puede requerir dosis más elevadas, si en dos semanas no se obtiene respuesta se emplea tratamiento biológico, en el momento actual Omalizumab, pero hay varios anticuerpos y diversas moléculas con resultados prometedores en investigación que estarán disponible en poco tiempo.
Con estos tratamientos se obtiene un control completo de la urticaria en la mayoría de los casos, si bien por el momento no tenemos un tratamiento que modifique el curso de la enfermedad y la cure.
Qué es y cómo tratar la urticaria
Hiperhidrosis
Se trata de una condición en donde los afectados experimentan sudoración excesiva. Suele estar asociada al ejercicio o al aumento de la temperatura. Algunos estudios indican que la hiperhidrosis y el estrés están vinculados.
En estos casos, las personas desarrollan diferentes secuelas emocionales, como fobia social y baja autoestima. Por tanto, se crea un círculo vicioso que empeora la condición, al igual que el caso de la psoriasis.
Acné Excoriado
Se produce cuando se rasca o aprieta el acné. Esto genera heridas, cicatrices y manchas en la piel. Puede impulsarse por trastornos de la personalidad y de la imagen corporal, depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo y baja autoestima.
Además de las alteraciones nombradas, existen muchas otras que reflejan la relación entre la piel y las emociones.
Piel y Emociones: Otras Formas de Relación
Más allá de las enfermedades y los trastornos cutáneos, existen otras formas en que se puede evidenciar la relación entre piel y emociones. Estos casos suelen ser respuestas momentáneas del organismo a estímulos externos, que además de generar una reacción emocional, producen un cambio cutáneo.
- Cuando sentimos vergüenza, nuestro rostro tiende a ponerse rojo, debido a la dilatación de los vasos sanguíneos.
- Cuando tenemos miedo, los vasos sanguíneos se contraen, lo que hace que nuestra piel adquiera un tono pálido.
- La llamada «piel de gallina», la cual suele aparecer cuando sentimos miedo o nos estremecemos.
Contacto Físico y Bienestar
Otra relación entre piel y emociones la observamos en la necesidad del contacto físico para desarrollarnos y vivir con plenitud. Esto se pone en evidencia en los bebés prematuros que requieren del contacto piel a piel con su madre.
Asimismo, los abrazos, los besos y las caricias que podemos recibir de nuestros seres queridos son bálsamos para el alma en momentos difíciles. De esta forma, nuestra piel recibe estímulos que nos suben el ánimo o nos devuelven la alegría.
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