La medicina en la historia de Roma presenta etapas diferentes, también en directa relación con la historia política y la evolución de la ciencia; la primera de ellas fue de carácter pre-científico, o proto-científico, en la cual la curación estaba muy ligada a la magia, pese a lo cual puede reconocerse también el intento de explicación a partir de la observación.
Jean Marie André es bien conocido por sus excelentes estudios sobre la civilización romana. Una larga tradición historiográfica había destacado el carácter subsidiario, de mera herencia sin personalidad propia, de la medicina romana respecto a la griega. Por el contrario, la obra de André desarrolla otra interpretación distinta de la de simple alumna dócil de la medicina griega clásica. El uso que en Roma se hizo de la medicina griega rebasó muy ampliamente la mera reiteración, para incorporar elementos bastante novedosos.
A su juicio, la gran originalidad latina radicó en el pragmatismo selectivo de las aportaciones médicas del hipocratismo griego. Esa selección permitió un mejor uso de la dietética, de la farmacéutica y de la propia cirugía. En especial, la obra de Jean-Marie André aporta elementos de reflexión en lo relativo a la sociología de la curación y de la enfermedad, y también en la profundización a partir de la documentación jurídica hasta ahora poco tenida en cuenta.
El trabajo de André constituye un análisis realizado a partir de la utilización de una amplísima, podríamos considerar casi exhaustiva, nómina de fuentes literarias greco-latinas, analizadas desde sus lenguas originales. André, al contrario de otras interpretaciones usuales, concede una mayor importancia a las informaciones (y al uso) de la obra de Celso respecto a la de Galeno. Se trata de un planteamiento original, que probablemente no sea totalmente compartido pues, en general, los estudios de Historia de la Medicina suelen coincidir en afirmar las características más teóricas de la obra de Celso frente al conocimiento práctico de Galeno.
Ejemplo son las múltiples referencias a las pestilentiae en la Roma republicana. Así Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso citan numerosos episodios desde el siglo V a. C. hasta el 175 a. C., siendo muy ocasionales las que se documentan con posterioridad. Pestilencias que, en las explicaciones de la época, aparecen ligadas a fenómenos míticos, a castigos divinos y a sortilegios y, por lo general, también relacionadas con hambrunas y con la estación de verano. En cualquier caso, la pestilentia reiterada, casi cíclica, de la Roma republicana, se explica hoy como epidemias de paludismo.
La asunción de la medicina de herencia griega, de origen hipocrático, encuentra en principio lo que se ha denominado "una paradoja cultural", a saber, un proceso de resistencia. Los escritos de Catón han sido utilizados, en muchas ocasiones, como muestra evidente de esa resistencia al desarrollo de una medicina "científica", con un rechazo a la actuación de los médicos griegos, a los que llegó a acusarse de pretender matar más que curar.
Es indudable que el cambio se produjo justamente en la época del Principado de Augusto. Suetonio atribuye esta transformación al influjo de un médico concreto, Antonio Musa, y a su actuación en Hispania. El emperador Octavio Augusto, cuando se hallaba actuando en las guerras cántabras, sufrió una desconocida enfermedad que le obligó a retirarse a Tarragona y que lo puso al borde de la muerte. En ese momento el médico Antonio Musa, es de suponer que junto a otros remedios, aplicó una terapia basada en los baños.
La actuación de Musa ocasionó un cambio en la situación social de los médicos, puesto que él mismo mereció la dedicatoria de una estatua en la capital imperial. El prestigio de Musa, y el agradecimiento imperial, permitió la promoción social de los médicos y la consideración de la medicina como una de las artes. En este sentido, el análisis, planteado por André, de distintos escritos de Séneca constituye un magnífico testimonio de esta transformación en el aprecio social de la práctica médica.
A partir de aquí se expande el control público de la medicina y de su enseñanza, los médicos oficiales de colonias y municipios, el servicio de sanidad militar (que tuvo un despliegue enorme), o la actuación de los médicos de gladiadores, que también ocupan un lugar en el estudio.
Un segundo aspecto muy importante fue el alto prestigio alcanzado por la curación a partir del uso de las aguas. El papel central de los baños de aguas determinadas, y de la ingesta de algunas de ellas, ha conducido incluso a la consideración de Musa y de otros médicos romanos, como sencillos y simples "charlatanes". En cualquier caso, a partir de la época de Augusto, y durante todo el Imperio, tuvieron una enorme importancia las instalaciones balnearias, de las más desarrolladas del mundo romano.
En el capítulo titulado "La epidemiología positiva" trata de cómo entre la época de la tardo-república, y la parte principal del Alto Imperio, el Imperio Romano en general, y el Occidente romano en particular se caracterizó por un buen estado sanitario. Desde, al menos, la victoria de Pompeyo sobre los piratas, y más aún desde el triunfo de Octavio (Augusto) en Actium, el Mediterráneo fue un mar de comunicaciones, de contactos, de movimientos de personas y de mercancías y, sin embargo, esto no supuso -durante más de doscientos años- la extensión de grandes epidemias, una evidente muestra de la salubridad general de tan extenso periodo. André no realiza un estudio detallado sobre las epidemias del Imperio, aunque sí efectúa una buena aportación acerca del concepto de pestilentia en la literatura.
A partir de estas fuentes el autor considera que la literatura romana superó a la griega en la etiología de la epidemia, lo cual es opinable.
La terapéutica ante la medicina general y las acciones de carácter especializado son objeto del capítulo séptimo de la obra de André. Es importante, y ya con larga tradición historiográfica, el recurso a la arqueología para documentar el instrumental que es bien conocido, por ejemplo, en Pompeya o en Mérida. La obra de André apuesta por una interpretación positiva de los remedios romanos, basados en la comprobación empírica y la enseñanza, frente a la visión que se deduciría de la mordaz crítica de Marcial, cuya atribución de "charlatanismo" a los médicos es aquí bien contestada.
Como buen ejemplo, la atención de Galeno hacia la formación, recomendando el aprendizaje de la anatomía mediante la disección de monos, y su comparación con los datos recogidos en los libros de medicina. El autor encuentra en la medicina romana más espacio para el debate y la crítica y, a su vez, un desarrollo bastante considerable del concepto de "sanidad pública", que tuvo su núcleo básico en la higiene y en la cultura del agua. Cuestiones que también se complementan con las tratadas en el último capítulo, sobre la relación entre la medicina, la filosofía y las enfermedades.
Más allá de la propia medicina, André elogia la, por lo general denostada, filosofía romana, y muy en concreto la de la "Edad de Oro de los Antoninos". Después del análisis de las consideraciones literarias, se analiza el pensamiento referido al suicidio.
Una ausencia importante en la obra de André, que de forma indudable es intencionada, es el análisis de la edad de defunción, o a la incorrectamente llamada "esperanza de vida", y a las causas más usuales de los fallecimientos, con hechos diferenciales entre hombres y mujeres, o a las enfermedades óseas y dentarias que están documentadas por la arqueología en necrópolis de época romana. Son cuestiones no incluidas porque escapaban del estilo de la obra, aunque cuentan con una extensísima tradición, en especial la obra de Mirko Grmek (1983), que André no menciona, y que le hubiera permitido una aproximación a algunos aspectos dignos de ser tenidos en cuenta.
Frente a la historiografía más tradicional, la obra de André analiza la medicina romana como alumna aventajada de la helénica, y dotada de una cierta originalidad. Jean-Marie André ha aportado, por tanto, argumentos para una revalorización de la medicina romana.
Enrique Gozalbes Cravioto, Universidad de Castilla-La Mancha Inmaculada García García, Universidad de Granada
El conocimiento histórico del pasado se construye a partir de la integración de los estudios de detalle, que profundizan aspectos concretos de la realidad histórica, con otros de síntesis, capaces de asimilar aportaciones específicas en el contexto de perspectivas más globales. Es evidente que ambos puntos de vista no deben tenerse por incompatibles, sino que se complementan y enriquecen mutuamente. Algo parecido sucede con los enfoques historiográficos: unos analizan la ciencia desde las ideas, otros desde el lenguaje y los textos, las instituciones, los actores o los usos sociales, pero finalmente tienen que aportar una interpretación coherente con la globalidad. Adoptar un punto de vista no significa renunciar a otras miradas posibles, y seguramente en eso consiste el quimérico objetivo de la histoire intégrale, una especie de Itaca tan irrenunciable como inalcanzable.
Ese ideal de integración es especialmente complejo cuando se trata de investigar los mecanismos y las categorías textuales o géneros literarios que sirvieron de vehículo para la transmisión del conocimiento científico clásico a lo largo del complejo universo medieval.
La esforzada reelaboración del saber, la monografía de Bertha Gutiérrez que ahora comentamos, es algo más que una descripción de repertorios médicos de interés lexicográfico anteriores a la imprenta, como engañosamente el subtítulo da a entender. En realidad constituye una sorprendente visión de conjunto de las numerosas formas de escritura que sirvieron de vehículo para la transmisión del saber médico y los usos de la medicina, desde la antigüedad greco-latina hasta el Renacimiento. Y cuando me refiero a la circulación del saber y las prácticas no me refiero sólo a las élites profesionales.
Fundamentado en un exhaustivo y brillante manejo de la erudición bibliográfica tradicional y de la más moderna, especialmente la especializada en el mundo medieval, el libro propone un esquema general acerca de la transmisión del saber a partir del análisis de los géneros lexicográficos. Sin embargo, el resultado no es un enfoque meramente filológico basado en el lenguaje, los textos y las ideas, sino que profundiza en las raíces históricas, sociales, culturales y políticas que los hicieron posible. Prueba de ello son tres aportaciones fundamentales.
La integración de los estudios lexicográficos en el marco de la historia social permite a Bertha Gutiérrez considerar escenarios históricos bien delimitados -bizantino, islámico, cristiano- para superar el tradicional enfoque que asocia a grandes figuras con textos fundamentales y poner de relieve la importancia de la transmisión de conocimientos y prácticas médicas entre comunidades diversas, como la islámica, la judía, la morisca o la cristiana. Por otra parte, el libro rompe con el tópico del latín como única lengua de ciencia; analiza factores tales como el modelo de profesionalización sanitaria en sociedades con lenguas diferentes como uno de los factores que influyeron en la formación de géneros lexicográficos para la traducción y transmisión de conocimientos y prácticas.
En el caso de sociedades complejas, como en Al-Andalus, este libro desmonta la tópica historia de grandes figuras demostrando la importancia de la divulgación y la transmisión del saber, rompiendo con el espejismo historiográfico de una distinción tajante entre una medicina latina culta y otras formas menores, ajenas al saber culto y cercanas a la cultura popular. Esto se da especialmente en lo que se refiere a la práctica sanitaria de una pluralidad de profesionales, donde la proliferación de recetarios y otros instrumentos prácticos ejercían una función claramente divulgativa. El libro de Bertha Gutiérrez desmiente con contundencia el tópico de un elitismo medieval en el saber médico y las prácticas sanitarias.
La obra está estructurada en tres bloques. El primero de ellos, de carácter introductorio, contiene un panorama general de la lexicografía médica medieval, donde se explican con detalle y espíritu didáctico los glosarios -nomina, hermeneumata, sinónima- y otros géneros como el vocabulario, el diccionario o el lexicón. Se analizan las razones y usos del orden alfabético, su utilidad para la ordenación, la consulta o la referencia, pero su inutilidad para establecer categorías, de manera que las glosas, distinciones, concordancias, enciclopedias de saberes naturales, índices y tablas constituían a finales del Medioevo una literatura científica tan abundante como significativa para la ordenación y transmisión del conocimiento.
El primer bloque concluye con un estudio acerca de los precedentes de la Antigüedad en el ámbito médico, donde se pone de relieve la importancia de la literatura dedicada a los simples medicinales y particularmente de la materia médica de Dioscórides. Se trata de un caso excepcional, estudiado con detalle por su enorme difusión, que permite transitar por las tradiciones greco-latinas -exploradas minuciosamente desde el Dioscorides lombardo al Dioscorides vulgaris- y sus traducciones al siríaco y el árabe, tanto en las versiones genuinas como alfabéticas de la obra, enriquecidas con aportaciones externas.
El segundo bloque presenta una panorámica general de los repertorios y otros instrumentos relacionados con el lenguaje médico durante la Edad Media. Junto a los glosarios generales y especiales (hermeneumata y synonyma), Bertha Gutiérrez ofrece un riquísimo panorama de diccionarios, concordancias, florilegios, resúmenes, enciclopedias, listados, índices, tablas sinópticas, simplarios, antidotarios, recetarios y un sinfín de obras cuya finalidad principal era establecer equivalencias, ordenar el saber y trasmitirlo. El análisis geográfico y lingüístico de esa exuberancia de materiales aporta perspectivas histórico-sociales que dan sentido a los textos. Especial relevancia tienen los repertorios relacionados con las prácticas curativas, cuyo uso trascendía la acción profesional del médico porque estaba al servicio también de boticarios, cirujanos, albéitares, sanadores y público en general.
Avanzando hacia la Salud de Precisión
La medicina morfológica y anti-edad, en su evolución, se dirige hacia la salud de precisión, un enfoque que personaliza el tratamiento médico basándose en la variabilidad individual en genes, estilo de vida y entorno. Esta aproximación busca optimizar la salud y prevenir enfermedades mediante estrategias adaptadas a las necesidades específicas de cada persona.
Este campo emergente se beneficia de los avances en la tecnología y la investigación, permitiendo diagnósticos más tempranos y tratamientos más efectivos. A continuación, se presentan algunos ejemplos de cómo la salud de precisión se está aplicando en diversas áreas de la medicina:
- Nutrición de Precisión: Utilización de datos genéticos y metabólicos para diseñar dietas personalizadas que optimicen la salud.
- Impacto de Micro y Nanoplásticos: Investigación sobre cómo la exposición a estos contaminantes afecta la salud humana a nivel celular y molecular.
- Senescencia en Cáncer y Envejecimiento: Desarrollo de terapias que se dirigen a las células senescentes para prevenir el cáncer y promover un envejecimiento saludable.
- Trastornos Neurocognitivos en la Menopausia: Abordaje de los síntomas mediante estrategias de salud de precisión que consideran las necesidades hormonales y metabólicas individuales.
- Sueño y Nutrición: Estudio de la relación entre la calidad del sueño y la nutrición, y cómo personalizar las intervenciones para mejorar ambos aspectos.
- CPT-1A y Enfermedades Metabólicas: Investigación de cómo la modulación de la actividad de CPT-1A puede ser una diana terapéutica en enfermedades metabólicas y el envejecimiento.
- Ejercicio Cardiovascular: Diseño de programas de ejercicio personalizados basados en la fisiología y el metabolismo del paciente para optimizar los beneficios cardiovasculares.
- Manejo de m-TOR durante el Envejecimiento: Exploración de cómo la modulación precisa de la vía m-TOR puede influir en el envejecimiento fisiológico.
- Síndrome de Sensibilidad Central: Abordaje terapéutico que considera la complejidad de este síndrome y utiliza estrategias personalizadas para aliviar los síntomas.
- Demencia de Alzheimer: Investigación del modelo energético de la enfermedad y sus nexos autoinmunes, con directrices para la salud de precisión.
- Glicocalix y Disfunción Endotelial: Estudio de cómo el glicocalix influye en la función endotelial y cómo abordarlo de manera precisa.
- Sinergia entre Micronutrientes e Inmunidad: Optimización del sistema inmune mediante la combinación precisa de micronutrientes.
- EETC y Neuromodulación: Utilización de electroencefalografía cuantitativa y neuromodulación en contextos disautonómicos, funcionales y orgánicos.
- Nutracéuticos en Enfermedad Inflamatoria: Aplicación de nutracéuticos de precisión en el tratamiento de enfermedades inflamatorias digestivas autoinmunes y funcionales.
- Red Integrada de ECNT y Envejecimiento: Análisis de la red fisiopatogénica que conecta las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) y el envejecimiento patológico.
Estos avances representan un cambio significativo en la forma en que se aborda la medicina, ofreciendo la promesa de tratamientos más efectivos y personalizados.
La medicina personalizada: Un paso adelante hacia la salud del futuro
Patrocinadores y Colaboradores
El avance de la medicina morfológica y anti-edad, así como la salud de precisión, no sería posible sin el apoyo de diversos patrocinadores y colaboradores. Estas entidades confían en la importancia de los eventos, congresos y jornadas científicas que impulsan la investigación y la difusión de conocimientos en este campo.
Entre los patrocinadores y colaboradores destacados se encuentran:
- Suplementos Zeus
- Laboratorio LCN
- AVD Reform
- Salengei
- Naturemost
- Be Levels
- Méderi
- Natures Plus
- Keybiological
- Laboratorio CFN
- Microcaya
- Nutribiótica
- Laboratorio Cobas
- Nordic Labs
- Eugenomic
Estos colaboradores desempeñan un papel crucial en el desarrollo y la promoción de la salud de precisión, contribuyendo con recursos y experiencia para avanzar en la investigación y la aplicación clínica.
La medicina morfológica y anti-edad, impulsada por la salud de precisión, está transformando la forma en que entendemos y abordamos la salud. Desde la influencia de la medicina griega en la antigua Roma hasta los avances en la lexicografía médica medieval, y los enfoques personalizados de la salud de precisión, el campo de la medicina continúa evolucionando para ofrecer tratamientos más efectivos y adaptados a las necesidades individuales.