Urticaria Crónica: Causas, Tratamiento y Manejo

La urticaria crónica es una enfermedad autoinmune que afecta predominantemente a la piel. A pesar que no supone un problema grave de salud, puede afectar de manera importante a la calidad de vida de quienes la padecen. En muchos casos, los pacientes se sienten frustrados al no encontrar un motivo claro de los brotes, lo que puede generar cierta ansiedad. Es por ello importante realizar un diagnóstico adecuado y un tratamiento personalizado. En Dermaniac, acompañamos a cada paciente para identificar los desencadenantes, aliviar los síntomas y ofrecer soluciones efectivas para controlar la urticaria crónica de manera segura.

¿Qué es la urticaria crónica?

La urticaria consiste en una reacción de la piel a diversos estímulos que generan que los mastocitos liberen histamina y aparezcan así las clásicas lesiones: los HABONES. Estos son ronchas o placas rojas, sobreelevadas y que de forma característica provocan un picor intenso.

La urticaria es aguda si los brotes de ronchas duran menos de 6 semanas y es una urticaria crónica cuando siguen apareciendo más allá de ese tiempo. Estas ronchas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y cambiar de lugar y de forma constante. Algunas personas también pueden presentar hinchazón de labios, párpados o manos, lo que se conoce como angioedema.

No se trata de una infección ni de una alergia puntual, sino de un problema de base inmunológica. El término urticaria proviene del latín urtica, que significa ‘ortiga’. Se acuñó este término porque las lesiones son idénticas a las que se producen en la piel tras el contacto con la ortiga. El habón aparece por la liberación de una sustancia presente en las hojas de la ortiga, denominada histamina.

Síntomas o características de la urticaria crónica

  • Ronchas o habones rojos y elevados: Son evanescentes, duran menos de 24 horas y aparecen en distintas zonas del cuerpo cambiando de lugar con el tiempo.
  • Picor intenso: muy característico de los habones y no del angioedema
  • Hinchazón (angioedema): En algunos casos, puede observarse inflamación en los párpados, los labios y a veces también en las manos y en los pies.
  • Persistencia en el tiempo: La urticaria crónica dura más de seis semanas, a diferencia de la urticaria aguda que desaparece en días.
  • Reaparición impredecible: Los brotes pueden surgir de manera inesperada, incluso cuando el paciente cree que está controlada.

Cada persona puede experimentar la urticaria de manera diferente: algunas tienen brotes frecuentes y extensos, mientras que otras presentan episodios más esporádicos y localizados. Por eso, es importante evaluar cada caso de forma individualizada para ofrecer un manejo efectivo y mejorar la calidad de vida del paciente.

¿Qué provoca la urticaria crónica?

La urticaria crónica puede aparecer por diferentes motivos, aunque en muchos casos no se identifica una causa concreta. La diferencia clave con la urticaria aguda es que en la crónica muchas veces no hay un desencadenante inmediato identificable y las lesiones pueden persistir o reaparecer durante meses o años. Entre las causas más habituales se encuentran:

  • Factores físicos: Cambios de temperatura, presión sobre la piel o fricción prolongada pueden desencadenar brotes en algunas personas. Es lo que se conoce como URTICARIA FÍSICA
  • Respuestas autoinmunes: el sistema inmunológico induce una respuesta que activa los mastocitos de la piel, lo que hace que estas células liberen histamina apareciendo así los habones.
  • Medicamentos: Algunos fármacos pueden desencadenar una reacción alérgica de tipo urticaria (generalmente en los casos de urticaria aguda)
  • Enfermedades subyacentes: Alteraciones del tiroides y otras enfermedades autoinmunes o incluso algunas infecciones pueden contribuir a su aparición.
  • Idiopática: en muchos pacientes, no se encuentra ningún desencadenante específico, y se clasifica como urticaria crónica idiopática.

Patologías con las que se suele confundir la urticaria crónica

La urticaria crónica a veces puede confundirse con otras patologías de la piel o del sistema inmunológico:

  • Dermatitis atópica: es una enfermedad que también se caracteriza por lesiones cutáneas muy pruriginosas pero que a diferencia de la urticaria las lesiones son persistentes y no cambian de lugar rápidamente. Además suele haber cierta descamación en las placas de dermatitis y suelen localizarse en zonas típicas como las flexuras antecubitales y los huecos poplíteos.
  • Eczemas (no atópicos): producen áreas inflamadas de la piel que también pueden picar, y con tendencia a persistir en el tiempo. Suelen tener descamación o incluso costras y se localizan en zonas concretas.
  • Angioedema hereditario o adquirido: inflamación profunda de la piel y mucosas similar al angioedema de la urticaria, pero no va asociado a la aparición de ronchas. Tiene periodos sin síntomas y brotes que duran pocos días.
  • Vasculitis urticarial: lesiones de tipo habones pero que duran más de 24 horas, y pueden dejar manchas violáceas residuales tras su resolución. Frecuentemente se acompañan de síntomas sistémicos como fiebre, dolor articular o malestar general.
  • Eritema multiforme: enfermedad de la piel que provoca unas lesiones cutáneas características en forma de diana que duran varios días y tienden a distribuirse en las zonas acrales del cuerpo. Es una reacción de la piel a infecciones (herpes simple o micoplasma) o a la toma de medicamentos.

¿Cómo se trata la urticaria crónica?

El tratamiento de la urticaria crónica tiene como objetivo controlar los brotes, aliviar el picor y mejorar la calidad de vida del paciente. Aunque no siempre se puede identificar o eliminar por completo la causa, con un manejo adecuado la mayoría de las personas logra mantener la piel estable y sin molestias durante largos periodos.

  • Antihistamínicos de segunda generación: Son el tratamiento de elección. Evitan que se produzca la liberación de histamina por los mastocitos. Al ser de segunda generación son fármacos bien tolerados y que no suelen dar mucha somnolencia, a diferencia de los antihistamínicos de primera generación.

En algunos casos, el dermatólogo puede ajustar la dosis para lograr un mayor control.

  • Tratamientos avanzados: Cuando los antihistamínicos no son suficientes, pueden emplearse terapias específicas como omalizumab (un anticuerpo monoclonal que regula la respuesta del sistema inmunitario) o, en casos seleccionados, otros tratamientos inmunomoduladores bajo control médico.
  • Identificación de desencadenantes: Siempre que sea posible, se busca reconocer los factores que agravan los brotes -como ciertos fármacos (los AINES empeoran la urticaria) o situaciones físicas como el roce, el frío y la presión mantenida en el caso se trate de una urticaria física.
  • Seguimiento médico: La urticaria crónica puede generar ansiedad o frustración. Un acompañamiento continuo por parte del dermatólogo permite ajustar el tratamiento y ofrecer estrategias para mejorar el bienestar general.

En Dermaniac, nuestro equipo de dermatólogos diseña planes de tratamiento personalizados, teniendo en cuenta las características de cada paciente y la evolución de su piel. Nuestro objetivo no es solo controlar los brotes, sino ayudarte a vivir con tranquilidad y sin limitaciones.

Cuando acudir al dermatólogo

Aunque algunas reacciones cutáneas leves pueden resolverse por sí solas, la urticaria crónica requiere siempre la valoración de un dermatólogo. Es importante no esperar demasiado para pedir ayuda, sobre todo si:

  • Las ronchas persisten más de seis semanas.
  • Los brotes son frecuentes o intensos, y afectan el descanso o la vida diaria.
  • Aparece inflamación en los labios, los párpados, las manos o los pies.
  • Se sospecha que un medicamento o alimento puede estar relacionado con los brotes.

Recupera tu piel: consulta con dermatólogos

Un dermatólogo puede evaluar el tipo de urticaria, descartar otras enfermedades de la piel y establecer un tratamiento adaptado a cada persona. En Dermaniac, ofrecemos una atención personalizada para pacientes con urticaria crónica.

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Tabla de tratamientos para la urticaria crónica

Aquí tienes una tabla con los tratamientos comunes para la urticaria crónica, sus beneficios y consideraciones:

Tratamiento Descripción Beneficios Consideraciones
Antihistamínicos de segunda generación Medicamentos que bloquean la histamina Alivian el picor y reducen las ronchas Pueden requerir ajuste de dosis
Omalizumab Anticuerpo monoclonal que regula la respuesta inmune Eficaz cuando los antihistamínicos no son suficientes Requiere supervisión médica
Corticosteroides Medicamentos antiinflamatorios Reducen rápidamente la inflamación Uso a corto plazo debido a efectos secundarios
Identificación y evitación de desencadenantes Evitar factores que empeoran los brotes Reduce la frecuencia de los brotes Requiere identificar los desencadenantes específicos

La urticaria puede tener muchas formas clínicas. El angioedema consiste en la hinchazón de partes laxas de la piel. También existe el angioedema sin urticaria, que puede ser inducido por histamina, o bien por bradicinina. Según el mediador implicado, existen tratamientos específicos. El angioedema hereditario es una enfermedad congénita que cursa con episodios graves de hinchazón de garganta, lengua, glotis, y que produce cuadros de dificultad respiratoria e incapacidad para tragar que si no se tratan pueden provocar la muerte por asfixia.

Cuando las lesiones no afectan a la capa más superficial de la piel (epidermis), como en el caso de la urticaria, sino que comprometen la dermis o dermis profunda, puede tratarse de lo que se denomina angioedema; se trata de una hinchazón, peor delimitada, que suele ser más pronunciada si afecta a zonas laxas de la piel, como labios o párpados, o las mucosas, como la úvula. También puede afectar a cualquier otra zona de la piel como las extremidades, tronco, nalgas, etc.

Es frecuente que inicialmente se relacione la urticaria con una reacción alérgica, típicamente por algún alimento o medicamento tomado recientemente. Pero por norma general esto no es así, ya que la reacción verdaderamente alérgica a un alimento o medicamento se produce a los escasos minutos de haberlo ingerido, suele ser más grave y se repite casi invariablemente cada vez que se vuelve a ingerir ese medicamento o alimento que contiene el alérgeno. En la mayor parte de los casos no podemos averiguar qué ha causado realmente una erupción de urticaria aguda.

Cuando aparece un episodio de urticaria aguda se debe acudir a un médico o al servicio de Urgencias para recibir tratamiento. Se trata con antihistamínicos y, según la gravedad del cuadro, en ocasiones es preciso emplear también corticoides. Es importante saber que este tratamiento es insuficiente: es aconsejable seguir tomando los antihistamínicos durante varios días, ya que de lo contrario la urticaria puede reaparecer.

Si la urticaria se repite, o se acompañada de una hinchazón importante, con síntomas respiratorios, o ante la sospecha de que el causante ha sido un alimento o un medicamento, será necesario llevar a cabo un estudio por parte de un alergólogo. Si hemos acudido al servicio de Urgencias, para facilitar al alergólogo que emita un diagnóstico preciso, es imprescindible llevar el informe de Urgencias en el que consta con exactitud la reacción presentada y el tratamiento administrado.

Afecta de forma importante a la calidad de vida; en un estudio realizado por la Sociedad Española de Alergología se demostró que, entre las enfermedades alérgicas, la urticaria crónica es la que más afecta a la esfera psíquica y precisa de un número mayor de visitas a Urgencias. Ello se debe a que, además de las molestias propias que acompañan a esta erupción cutánea (intenso picor, hinchazón, etc.), al aparecer lesiones en la piel de forma ininterrumpida, los afectados buscan incansablemente factores desencadenantes sin éxito. Por ello, prescinden en la dieta de ciertos alimentos, lo achacan a situaciones de estrés o ansiedad en el trabajo, en la familia, etc. Paralelamente, al no cesar el proceso, los pacientes pueden llegar a pensar que la urticaria es el reflejo de una enfermedad más seria y grave.

El tratamiento habitual se basa en los antihistamínicos aunque en algún brote intenso, se pueden prescribir corticoides durante unos días. No obstante, ni los antihistamínicos ni los corticoides hacen desaparecer la causa de la urticaria, sino que evitan temporalmente los síntomas, hasta que la enfermedad desaparezca de forma espontánea. Al dejar el tratamiento, la erupción cutánea reaparece, por lo que este hecho se vive como un fracaso terapéutico.

Por el momento se desconocen la causa y el mecanismo íntimo de la urticaria crónica, pero parecen residir en el propio organismo. Se cree que no está desencadenada por ningún factor externo. La urticaria crónica no es reflejo de ninguna patología subyacente; precisamente se caracteriza porque los resultados de todas las pruebas a que se somete el paciente son siempre normales. El único factor conocido que exacerba en un tercio de los pacientes la urticaria crónica es la ingesta de antiinflamatorios no esteroideos (AINE), que son aquellos fármacos derivados de la Aspirina®.

No existe tratamiento causal para la urticaria crónica; en un 35 % de casos se controla con dosis terapéuticas de antihistamínicos. Cuando se emplean dosis elevadas se pueden controlar los síntomas hasta en un 60 % de los casos. En estos últimos años se han desarrollado tratamientos biológicos, anticuerpos frente a dianas terapéuticas, que controlan por completo la urticaria en más de un 85 % de los casos. En el momento actual el único fármaco aprobado es el omalizumab, aunque existen otros en fase de aprobación o de investigación con la misma eficacia o superior si cabe.

El diagnóstico de la urticaria crónica espontánea se emite siempre a través de la clínica (los síntomas que presenta el paciente), ya que las lesiones cutáneas son fáciles de identificar. Además, el curso autolimitado y la ausencia de lesiones residuales en la piel, cuando desaparecen las ronchas, ayudan a la identificación de este proceso. Como mínimo debe realizarse una prueba analítica. En casos especiales, es preciso realizar una biopsia cutánea para completar el estudio.

El pronóstico de la urticaria crónica es favorable; es una enfermedad que tiende a desaparecer de manera espontánea. En un 70 % de pacientes tiene una duración menor de un año; en un 19 %, de 1 a 5 años, y en un 11 % puede tener una duración mayor de 5 años.

La urticaria inducible es una enfermedad que consiste en la aparición de ronchas o hinchazón tras estímulos mecánicos en el lugar de la piel donde se han ejercido. Las lesiones producen un intenso picor y tienen una duración de entre 30 minutos y 2 horas; no dejan señal residual. Se ha identificado el agente causal: rascado, presión, frío, calor, vibración, etc., pero, sin embargo, se desconoce el mecanismo íntimo por el cual las células de la piel que contienen histamina (mastocitos) se activan mediante estímulos mecánicos a los que se expone el paciente a diario, y que desencadenan la urticaria. Tiene la particularidad de ser crónica y aparecer en edades jóvenes.

En los casos más graves, este tipo de urticarias es totalmente incapacitante; cabe pensar, por ejemplo, en lo que supone no poder caminar por hinchazón de las plantas, o no exponerse a temperaturas frías, a la luz del sol, al agua, o llenarse de habones por todo el cuerpo tras el mínimo esfuerzo. Al tratarse de enfermedades muy poco frecuentes, se tarda en alcanzar un diagnóstico específico y se confunden con otras enfermedades de la piel.

Dermografismo: es, con diferencia, la más común. El habón aparece tras el rascado o roce de la piel, con una forma lineal que sigue la trayectoria del rascado; desaparece en 30 minutos o menos si deja de frotarse la zona. De forma característica, se aprecia al salir de la ducha y secarse con la toalla. Es molesto y muchas veces se confunde con la urticaria crónica espontánea. Responde bien a los antihistamínicos, en los casos más intensos en dosis altas, pero si se dejan de tomar, vuelve a aparecer.

Urticaria por frío: es un grupo de urticarias en las que el habón aparece en la zona de contacto con temperaturas bajas. Aparece picor, habones (ronchas) e hinchazón. Este tipo de urticaria se diagnostica colocando un cubito de hielo en el antebrazo y observando si se reproduce la lesión en la zona en que ha sido colocado. Hay que tener la precaución, en los casos en que la urticaria por frío sea intensa, de evitar sumergirse de golpe en agua fría al lanzarse a la piscina o al mar, ya que, al estar toda la superficie corporal en contacto con el frío, se produciría una reacción generalizada (anafilaxia), o la muerte por ahogo. Se suele recomendar evitar la ingesta de bebidas frías, cubitos de hielo o helados, que podrían causar un edema de glotis, aunque este hecho suele ser muy poco frecuente. Asimismo, debe advertirse antes de proceder a una intervención quirúrgica, ya que pueden requerir la disminución de la temperatura corporal.

Urticaria colinérgica: es la producida tras la elevación de la temperatura corporal, fundamentalmente debida al ejercicio físico, duchas calientes, sudor y a experimentar ciertas emociones; de forma característica desaparece en pocos minutos, al descender la temperatura corporal. Los habones suelen presentarse en el tronco y el abdomen; el tamaño del habón es más pequeño que en el resto de urticarias y aparecen sobre un fondo rojizo.

Urticaria por presión retardada: en este caso, la lesión aparece a las 6 horas, en la zona donde se ha ejercido una presión. Suele consistir en habones y, generalmente, hinchazón (angioedema). Es difícil identificar la causa, puesto que aparece cuando la presión que la originó inicialmente ha desaparecido. Algunas localizaciones típicas son el hombro, tras llevar una bolsa o cámara pesada; las manos, tras manejar herramientas, o las zonas de presión originadas por aparatos de gimnasia; en las plantas de los pies, si se ha permanecido mucho rato de pie; en las nalgas después de estar sentado durante un tiempo prolongado; en los dedos, tras cargar con las bolsas de la compra, etc. La urticaria por presión, en la mayoría de las ocasiones, no responde a los antihistamínicos, si bien suele responder al tratamiento biológico.

Urticaria solar: se desencadena tras exposiciones a la luz solar, normalmente a los 3 o 5 minutos, y solo en las zonas expuestas al sol.

El único tratamiento que existe para estas urticarias son los antihistamínicos,: en ocasiones requieren altas dosis, a pesar de lo cual a veces no se logran controlar. La urticaria por presión retardada suele requerir corticoides.

A diferencia del resto de urticarias de las que hemos hablado, la urticaria vasculitis cursa con habones que producen menos picor: más bien son dolorosos, tienen una duración de varios días, no desaparecen cuando se presionan y pueden dejar una pequeña señal residual púrpura tras desaparecer. No mejora con antihistamínicos. Cuando se sospecha este tipo de urticaria se debe realizar una biopsia, donde se objetiva una afectación inflamatoria de los vasos sanguíneos de la piel denominada vasculitis leucocitoclástica.

Como se ha descrito al inicio, el angioedema consiste en una hinchazón de zonas laxas de la piel como labios, párpados, escroto, etc. Esta hinchazón puede ser tan intensa que produzca una deformación completa de la cara. Con menor frecuencia, pueden inflamarse la lengua o la glotis. En este caso, aparece dificultad en la respiración que requiere atención inmediata en un servicio de Urgencias. El angioedema puede localizarse, también, en cualquier otra parte de la piel.

El angioedema puede acompañar la urticaria, o bien aparecer de forma aislada. A continuación, se explican las características del angioedema aislado sin habones. El angioedema se produce porque se liberan una serie de mediadores que inducen la vasodilatación de los vasos y la salida de plasma al tejido extravascular, igual que en la urticaria, pero en este caso, como se comentó anteriormente, el plasma se acumula en zonas más profundas de la piel y por eso los bordes de la hinchazón son menos nítidos.

En el caso del angioedema, dependiendo del mediador que se haya liberado, se puede clasificar en angioedema “histaminérgico”, cuando el mediador responsable es la histamina, y se caracteriza por ser más rojo y responder al tratamiento con antihistamínicos y corticoides; y el angioedema “no histaminérgico”, que en la mayoría de los casos se debe a la liberación de otra molécula mediadora llamada bradicinina.

Podemos clasificarlos en angioedema adquirido y angioedema hereditario. El angioedema adquirido aparece de forma espontánea a lo largo de la vida; el hereditario viene condicionado por una mutación genética y suele aparecer desde etapas tempranas de la vida. El angioedema adquirido, tanto el “histaminérgico” como el “no histaminérgico”, puede ser inducido por fármacos. Los fármacos que inducen angioedema con más frecuencia en el angioedema “no histaminérgico” son los pertenecientes al grupo conocido como inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), que se emplean para tratar la hipertensión arterial.

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