La dermatología española ha sido moldeada por figuras destacadas que dedicaron sus vidas al estudio y tratamiento de las enfermedades de la piel. Entre ellos, sobresalen los nombres de Olavide, Castelo y Azúa, pioneros que contribuyeron significativamente al desarrollo de esta especialidad médica en España. Este artículo explora la vida y obra de estos ilustres dermatólogos.
Eusebio Castelo

Nació en Segovia el 5 de mayo de 1825. Después de cursar la enseñanza primaria y el bachillerato, se desplazó a Madrid y estudió Medicina en el Real Colegio de San Carlos, estudios para los que desde muy joven, sentía gran vocación. Se licencia en Medicina y Cirugía con la máxima calificación. Obtuvo el título de Doctor presentando una tesis que se tituló: «De la influencia de las pasiones en la producción de las enfermedades».
Al poco de terminar su formación en San Carlos, el Claustro le encargó la enseñanza de Retórica y Poética que regentó durante varios años con éxito. En 1857 obtuvo, por oposición, una plaza de médico del Hospital de San Juan de Dios. Su labor se centró en la Sifilografía con el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades venéreas, especialmente la sífilis. Ésta infección revestía un carácter muy grave tanto por su alta prevalencia en la sociedad como por la ausencia de un tratamiento médico eficaz.
No cabe la menor duda de que el Dr. Castelo fue uno de los pioneros en el desarrollo de la magnífica actividad científica, de hospitalización y de docencia del Hospital de San Juan de Dios; y uno de los fundadores del museo junto con el Dr. Olavide. Colaboró asiduamente durante su carrera médica, publicando en algunos periódicos y revistas como el Boletín de Medicina y Cirugía, que luego pasará a ser El Siglo Médico.
La fama de Eusebio Castelo transcendió al extranjero, ejemplo de ello es que fue uno de los médicos requeridos para asistir al Emperador Federico II, de Alemania. Fue miembro de la Real Academia Nacional de Medicina. Tomó posesión del sillón N.º 11 el 28 de abril de 1861. Llegó a presidir la institución desde 1890 hasta su repentino fallecimiento a los 67 años de edad, que tuvo lugar el 27 de enero de 1892.
En Segovia, su ciudad natal, se le rindió homenaje colocando una placa en la casa donde nació, y su nombre a esa misma calle. Igualmente, en Madrid y precisamente en una de las calles que delimitaban el Hospital San Juan de Dios, le fue dedicada una calle que todavía hoy homenajea al Dr.
Fernando Castelo
Nacido en Madrid en 1855, Fernando Castelo, hijo de Eusebio Castelo, fue uno de los pocos médicos que, junto con Olavide y su padre, empezaron a establecer contacto con sus colegas extranjeros, asistiendo a los congresos internacionales y aportando a estas reuniones trabajos de verdadero interés. Castelo supone la transición, su posición es intermedia entre los Dres. Sanz Bombín y Azúa.
Viajó a Frankfurt para estudiar la terapéutica de Salvarsán adquiriendo gran experiencia acerca de la medicación salvarsánica, que completó después en su clínica y aportando sus trabajos a Actas Dermosifilográficas.
También se distinguió notablemente como escritor médico, escribiendo numerosos artículos de los que se pueden citar: “Úlcera venérea”, “Fungus sifilítico del testículo”, “Transmisión de la sífilis por la lactancia”, “Prostatitis blenorrágica”, “Herpes genital y su diagnóstico diferencial con varias afecciones”, “Fiebre sifilítica”, “Tifosis sifilítica” y otros como “Estrecheces uretrales”, “Uretrotomía interna”, “Cateterismo retrógrado de la uretra, “Punción suprapúbica de la vejiga de la orina”, “Infiltración de orina y abscesos urinosos”, etc. así como otros ajenos a la especialidad y los puramente literarios.
Hombre bondadoso, que después de los achaques de la edad y de los sufrimientos de una dolencia crónica, le aislaron de los medios científicos; no sin antes llegar a ocupar el cargo de Decano de la Beneficiencia Provincial.
José Eugenio Olavide

Nació el 6 de septiembre de 1836 en Madrid. Llegó a ser un ilustre dermatólogo además de fundador del museo que lleva su nombre. Es considerado el padre de la dermatología española. Fue médico del Hospital de San Juan de Dios, que estaba dedicado a la venereología desde su fundación en el siglo XVI, y en el que Olavide creó el primer servicio de Dermatología de España. Además de su actividad profesional, desarrolló una labor de enseñanza práctica libre en el mismo hospital. Asistió al primer Congreso Internacional de Dermatología en París (1889).
Fue miembro de la Academia Médico-Quirúrgica de Madrid y de la Real Academia Nacional de Medicina. Fue también médico de la Familia Real.
Habiendo estudiado en la Facultad de Medicina de Madrid (entonces Real Colegio de San Carlos), y tras licenciarse en 1858, viajó a París, donde conoció las nuevas corrientes intelectuales propugnadas por los dermatólogos franceses Devergie, Hardy o Bazin. Según la teoría de la diátesis de éste último, las enfermedades cutáneas no existirían como tales sino que serían la expresión externa de enfermedades sistémicas.
Bazin comprendía las enfermedades cutáneas como tendencias que él denominaba “diátesis”. Eran seis: herpetismo, artritismo, sífilis, escrofúlide, lepra y pelagra. Conviene tener en cuenta que Bazin desarrolló su sistema pocos años antes de que se conociese el Mycobacterium Leprae, Mycobaterium Tuberculosis y Treponema Pallidum, bacterias causantes de la lepra, la tuberculosis y la sífilis respectivamente. Firmemente convencido de estas teorías y basándose en sus propias observaciones, Olavide añadirá una nueva diátesis: la cancerosa.
Entre sus numerosas publicaciones, cabe destacar: «Dermatología General y Clínica Iconográfica de las Enfermedades de la Piel o Dermatosis«, publicado en 1871, obra de gran formato que consta de dos volúmenes; uno dedicado al texto y otro al atlas ilustrado: “Atlas Iconográfico-Clínico de las enfermedades de la piel o Dermatosis” verdadera insignia de la dermatología española.
El Dr. Olavide, a parte de un excelente observador clínico, fue un entusiasta colaborador de estudios histopatológicos y bacteriológicos. Trabajó en un principio con dermatólogos de renombre en la época, como Sanz Bombín, Eusebio Castelo, Fernando Castelo y Azúa.
Otras de sus aportaciones en el mundo de la medicina son; la creación del Museo Anatomopatológico del Hospital de San Juan de Dios, que más tarde se convertirá en Museo Olavide; la divulgación y publicación de artículos en las revistas médicas de su tiempo; y la creación del Laboratorio Microscópico del hospital, con el propósito de avanzar con la investigación y el desarrollo de la especialidad.
De salud delicada, falleció a una edad temprana (sin haber cumplido los 65 años) el 1 de marzo de 1901 en su domicilio de la Calle Preciados nº1 en Madrid.
Juan de Azúa y Suárez
Nacido en 1859 en Madrid, aunque pasó su más tierna infancia en Siruela (Badajoz). Es especialmente reconocido y recordado por ser el fundador de la Sociedad Española de Dermatología y Sifilografía en 1909, hoy conocida como Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) y al mismo tiempo fundador de la prestigiosa revista científica Actas Dermosifiliográficas (publicación oficial de la AEDV).
En 1875 empieza la carrera de Medicina con el preparatorio, y en 1877 ingresa como interno en las clínicas de los Dres. Creus, Olivares (Tocólogo) y Cortejana donde al realizar una cura a un paciente afectado de blenorragia su ojo izquierdo se ve afectado y lo pierde en cuestión de días. Se licencia el 28 de marzo 1879 y en el 1880 realiza oposiciones a Sanidad Militar obteniendo plaza que no ocupa, posteriormente en 1982 gana por oposición una plaza en la Beneficencia Municipal. Realizó oposiciones para el Hospital de la Princesa sin obtener plaza y posteriormente en 1885 ingresa en la Beneficencia Provincial. En 1887 es destinado al Hospital San Juan de Dios a un servicio de suplente y en 1889 es encargado de un servicio fijo de consulta dermatológica.
Siendo ya encargado de la consulta de Dermatología en el Hospital San Juan de Dios, en el año 1892 fue nombrado profesor especial encargado de la enseñanza libre de Dermatología y Sifilografía en la Facultad de Medicina, labor que realizó hasta 1909.
Fue discípulo de Olavide pero se conoce poco de su relación con Olavide a su ingreso en San Juan de Dios, en esa época Olavide estaba consagrado como figura de la dermatología española y europea, se sabe que Azúa en un comienzo abrazó la concepción baziniana de la dermatología que era la que preconizaba Olavide e imperaba en España; en esta visión, entendía las enfermedades cutáneas como el resultado externo de distintas tendencias o “diátesis” internas de cada individuo. Con el tiempo, cuando su práctica clínica fue en aumento y su evidencia práctica más precisa, Azúa abandonó esta teoría para abrazar con profunda convicción los principios de la escuela anatomopatológica creada por Hebra en Viena a mediados del siglo XIX.
En el año 1904 publica, en colaboración con Claudio Sala, su obra magistral: “Pseudoepiteliomas cutáneos”, que presenta en el Congreso Internacional celebrado en Madrid. En 1909 funda la “Revista Clínica de Madrid”, en unión de Elcigaray, Goyanes, Medinabeitia, Cardenal y Salas, y Ortiz de la Torre. Revista que no tardó en ser absorbida por el “Siglo Médico” y por la constitución de la Academia Española de Dermatología y Sifilografía, a la cual Azúa dedica su tiempo y la mayoría de sus trabajos y comunicaciones originales.
En la sesión de la Real Academia de Medicina del 16 de Abril de 1916 presidida por el Dr. Cortezo fue elegido Académico electo con destino a la Sección de Cirugía, no pudo tomar posesión de tal cargo por lo que no fue académico de número, su fallecimiento impidió que tomara dicho honor en 1922, cuando ya todo estaba dispuesto para ello.
En 1918 y en plenos días de gloria y de felicidad, cuando su escuela conquistaba la máxima consagración en el extranjero, sufrió un ataque de hemiplejía, por embolia cerebral. Supo aún sobreponerse a tan grave dolencia y arrastrando su parálisis continuó viendo enfermos, publicando, estudiando y asistiendo a Cátedra.
José Sánchez Covisa
Nació en Madrid en el año 1841. Fue un alumno sobresaliente en el Instituto San Isidro. Ingresó como alumno interno en el Hospital de San Carlos, siendo discípulo del Dr. Santero y amigo íntimo de Fernández Villaverde, de Cortezo y de Sanmartín.
Enrique Álvarez Sainz de Aja
Nació en 1881 en el municipio conquense de Huete. Estudió la carrera en el Colegio de San Carlos de la Facultad de Medicina de Madrid. Fue alumno interno por oposición de la Facultad de Medicina y de la Beneficencia Provincial. En 1904 obtuvo el grado de doctor con la tesis titulada: «Algunas consideraciones generales sobre el concepto de la clorosis». En 1904 ganó una plaza en la Beneficencia Municipal de Madrid, ingresando en 1908 por oposición en el cuerpo médico de la Beneficencia Provincial, siendo destinado al Hospital San Juan de Dios de Madrid y concretamente al servicio de Dermatología que dirigía Juan de Azúa y Suárez donde se formó en la especialidad.
En 1912 accedió a la categoría de médico de número, y en 1922, a la muerte de Azúa, obtuvo la plaza de profesor de número. En 1926 ganó por oposición la Cátedra de Dermatología y Sifilografía de la Facultad de Medicina de Madrid, sustituyendo igualmente a su maestro. Tras ser designado director del Hospital de San Juan de Dios, en 1937, en plena Guerra Civil, pasó a desempeñar una plaza de profesor agregado temporal de Dermatología en la Facultad de Medicina de Barcelona exiliándose tras la Guerra Civil.
Realizó un importante número de publicaciones entre las que resaltan ante todo su libro Elementos de Dermatología escrito en colaboración con Julio Bejarano Lozano, uno de sus más fieles colaboradores y discípulos. Escribió numerosos artículos originales y de divulgación, tanto en revistas especializadas como de carácter general. Su interés en investigar y transmitir lo consiguió igualmente con sus discípulos, ya que creó una gran escuela dermatológica de la que salieron muy valiosos especialistas, algunos de los cuales llegaron a ser catedráticos de las universidades españolas.
Entre sus discípulos cabe destacar, a Julio Bejarano Lozano, José Gay Prieto, José Gómez Orbaneja, Joaquín Soto de Usa, Emilio Enterría y Augusto Navarro Martín. Su enorme prestigio le llevó a ingresar en 1928 como académico de número en la Real Academia de Medicina con el discurso titulado «El problema social de la lepra en España», ocupando el sillón número 20.
En 1920 fue elegido presidente del Colegio de Médicos de Madrid. Fue presidente de la Academia Médico-Quirúrgica, y presidente de honor, y de la Academia Española de Dermatología y Venereología en dos ocasiones. Académico correspondiente de la Societé Francaise (Française) de Dermatologie et Syphiliografie y de la Sociedad Dermatológica Argentina. Fue diputado socialista en la Cortes Constituyentes de 1931, exiliándose tras la Guerra Civil.
Bajo el Rectorado, en la Universidad Central, de Claudio Sánchez de Albornoz fue nombrado decano de la Facultad de Medicina, cargo que desempeñó hasta 1934, en que renunció. En su exilio en Venezuela, continuó ejerciendo la dermatología.
Julio Bejarano Lozano
Nació en Madrid el 16 de septiembre de 1884. Cursó la licenciatura en Medicina en el Colegio de San Carlos de Madrid graduándose en 1906. Su tésis doctoral se tituló “De la peritonitis por perforación intraperitoneal del aparato digestivo”. En 1907 fue nombrado profesor clínico y de guardia de la Facultad de Medicina de Madrid y destinado a Obstetricia con el Prof. En 1908 se incorporó al Hospital San Juan de Dios junto a Sánchez Covisa. Comenzó entonces su actividad dermatológica a la que añadió su magnífica preparación quirúrgica, lo que hizo que fuera pionero en la cirugía dermatológica en Madrid.
Enrique Álvarez Sainz de Aja, fue un médico incansable, autor prolífico y polifacético. Además, publicó artículos sobre finsenterapia, radioterapia, historia y epidemiología dermatológica. Tuvo el mérito de reagrupar la dermatología española después de la Guerra Civil debido al exilio de otros grandes dermatólogos como Sánchez Covisa, Bejarano o Peyrí. Fue presidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología durante tres periodos: 1927-1931, 1943-1947 y 1955-1959.
Nació en Madrid en 1893 . Estudió Medicina y se graduó en 1916. Dos años más tarde obtiene una plaza en la Beneficiencia Provincial, asociándose desde entonces y hasta su exilio con José Sánchez Covisa en el Hospital San Juan de Dios. En 1918 logra ser el nº 1 en las primeras oposiciones que se celebran para constituir el Cuerpo de Médicos de la Lucha Antivenérea donde trabajó en el dispensario de la calle Luisa Fernanda de Madrid. Fue a su vez promotor de propaganda antivenérea utilizando como medio de difusión algo tan novedoso en aquel tiempo como lo era la técnica cinematográfica.
Cuando se publicó el concurso-oposición para optar a la cátedra de Dermatología en Madrid, Bejarano renunció a presentarse para “no hacer sombra” a Sánchez Covisa, al que consideraba su maestro. Para algunos autores este hecho fue un dato de su generosidad, ya que estaban convencidos de la superioridad científica de Bejarano frente a la de Sánchez Covisa. Fue profesor auxiliar de dicha cátedra, destacando por su claridad y erudición en la exposición.
Amante de la tertulia en la “Cervecería Alemana”, cautivaba a todos por su claridad expositiva,
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