Exfoliantes Químicos: Tipos y Ejemplos para una Piel Radiante

En la búsqueda de una piel suave y radiante, la exfoliación se ha establecido como un paso esencial en cualquier rutina de cuidado de la piel. Si bien los exfoliantes físicos han sido populares durante años, los exfoliantes químicos han ganado terreno por su efectividad y resultados notables. Si aún no has incorporado los exfoliantes químicos a tu rutina de cuidado de la piel, es hora de aprender por qué hacerlo y cómo aportan resultados reales y transformadores a la piel.

¿Qué son los Exfoliantes Químicos?

A diferencia de los exfoliantes físicos, que utilizan partículas pequeñas para eliminar las células muertas, los exfoliantes químicos utilizan ácidos y enzimas para renovar la piel. La formulación de estos productos incluye componentes como el ácido glicólico, láctico, hidroxiácidos, fenol o ácido salicílico, entre otros.

Lo primero que tienes que saber es que existen dos tipos de exfoliantes químicos: los AHA (alfahidroxiácidos) y los BHA (betahidroxiácidos). Además, los alfahidroxiácidos, betahidroxiácidos y polihidroxihácidos -también conocidos como ácidos AHAs, BHAs y PHAs- se han convertido en el último hit del mundo de la belleza. Con la ayuda de la farmacéutica y experta en dermocosmética Meritxell Martí, elaboramos el diccionario definitivo para diferenciarlos y escogerlos correctamente.

Según explica la experta, los hidroxiácidos son “unas sustancias químicas o naturales que van a actuar en la piel de modo que van a estimular la exfoliación natural de las células epidérmicas del estrato córneo al interferir en los enlaces iónicos entre las células y, así, al ir eliminando las células más antiguas, mejoran el aspecto exterior de la piel. En pocas palabras, aceleran el turnover natural de la piel”. Por tanto, todos ellos tienen en común su gran capacidad para penetrar hasta la dermis y “estimular la producción de mucopolisacaridos como el ácido hialurónico; mejoran la calidad de las fibras de elastina y la densidad y cantidad de colágeno, con lo que logramos una mayor resistencia de la piel”, remata la farmacéutica.

Vemos así que son muy similares entre sí, pero todos ellos tienen unas características determinadas que los hacen más apropiados para uno u otro rostro, así como para suplir distintas necesidades. A continuación, desgranamos cuáles pertenecen a cada grupo, cómo actúan y para qué se recomiendan.

Tipos de Exfoliantes Químicos

Alfahidroxiácidos (AHAs)

Los alfahidroxiácidos -o AHAs en su abreviatura-, conocidos sobre todo por el glicólico, son ácidos carboxilados hidrosolubles. ¿Qué significa esto? Que penetran muy bien en la piel debido a esta característica, no obstante, Martí advierte de que “cada uno va a ser más o menos potente, por lo que lo recomendaremos para los diferentes tipos de piel. De hecho, el tamaño de cada molécula, la concentración de los mismos, el pH de la fórmula final y la combinación son los que determinan su potencia y sus diferentes acciones”.

Por tanto, no debemos fijarnos solo en el tipo de ácido, sino en el porcentaje en el que se encuentra en el cosmético y con qué otros ingredientes se conjuga. Este tipo de ácidos provienen de las plantas o alimentos, y los más comunes son el glicólico, el láctico, el cítrico, el málico, el mandélico, el tartárico y el azelaico. Los AHAs son ácidos derivados de fuentes naturales como frutas y leche. Son solubles en agua y actúan en la superficie de la piel.

  • Ácido Glicólico: Estimula la renovación celular, mejora la textura y la iluminación de la piel. Este ácido, uno de los más conocidos y utilizados, puede proceder de la caña de azúcar o de la remolacha. Su punto fuerte es que, tal como apunta Martí, actúa tanto como exfoliante como antioxidante. La piel se va acostumbrando a su uso, por lo que muy frecuentemente se debe ir aumentando la concentración de la misma. Además de exfoliar, estimula la producción de ácido hialurónico, por lo que la piel estará mucho más hidratada. Si solo buscamos la acción de hidratación, es recomendable aplicar dosis bajas. Con dosis altas, mejorará la calidad de la piel y disminuirá la apariencia de las arrugas.
  • Ácido Málico: Proveniente de la manzana, es una opción más suave que el ácido glicólico y también se suele emplear en la industria alimentaria, entre otros usos. En concentraciones no muy altas, se puede aconsejar para pieles sensibles porque es poco irritante. Es antiséptico, por lo que también se emplea en pastas de dientes y enjuagues bucales. Se suele combinar con otros ácidos como el láctico, el mandélico, el cítrico y muy habitualmente con la vitamina C para ayudar a reducir el melasma.
  • Ácido Láctico: Este tipo de ácido, también uno de los más famosos, se produce al fermentar la lactosa y, de hecho, produce “el conocido efecto de la leche fermentada en la piel”, según indica la experta. También explica que se utiliza como aditivo alimentario y en concentraciones altas de hasta un 70% en medicamentos de uso profesional, pero sus bondades en cosmética a nivel usuario son muchas: Es más específico para la piel seca y más suave que el glicólico. Tiene la capacidad de penetrar en las capas más internas de la piel, estimulando la síntesis de colágeno y elastina. Es perfecto para despigmentar la piel del melasma o las manchas solares. En combinación con otros AHAs, ayuda a mejorar la barrera lipídica de la piel, aumenta el contenido de ceramidas y mejora el tono. Atrae el agua y la mantiene en los espacios intersticiales de la misma (evitando la pérdida de hidratación).
  • Ácido Mandélico: Proveniente de las almendras amargas, sus bondades cosméticas son muchas aunque este ácido no sea tan conocido como otros (y, de hecho, produce menor enrojecimiento que el glicólico): Realiza una importante acción antibacteriana. Ayuda a la regeneración cutánea, así que es ideal para pieles fotoenvejecidas y secas. Es perfecto para tratar manchas post acné y melasma, sobre todo en combinación con otros ácidos como el salicílico o productos despigmentantes. Se puede aplicar para tratar la rosácea, manchas y piel con inflamación.
  • Ácido Cítrico: Como su propio nombre indica, se trata de un ácido proveniente de los alimentos cítricos, y de hecho “se usa como aditivo para ajustar el pH de los alimentos u otros cosméticos”, explica la especialista. Aplicado directamente sobre la piel, actúa como exfoliante y a la vez es muy antioxidante. El grado de exfoliación depende de su concentración y de la acidez o pH del producto. Se puede usar tanto en el rostro como en el cuerpo, para tratar arrugas o estrías. Se puede combinar con otros ingredientes cosméticos. Forma una película protectora que protege de la deshidratación.
  • Ácido Azelaico: Aunque es probable que su nombre todavía no haya entrado en tu vocabulario, la farmacéutica confirma que este ácido, proveniente de la cebada, el trigo o el centeno, es uno de los más potentes y efectivos en varios frentes: Trata la hiperpigmentación de la piel, el acné y la inflamación cutánea. Realiza una importante acción antibacteriana, pues reduce el crecimiento de las bacterias en los folículos, evita la inflamación, elimina las células muertas y previene el acné. Se puede usar en pieles sensibles o inflamadas, pero siempre controlando la concentración.

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Betahidroxiácidos (BHAs)

Mientras que, como hemos visto, los alfahidroxiácidos son hidrosolubles, los betahidroxiácidos o BHAs son liposolubles, por lo que penetran en la piel a través de los folículos sebáceos. Esto significa que, tal como indica Martí, son especialmente adecuados para tratar la piel grasa, acneica e inflamada. El principal BHA es el ácido salicílico, un activo procedente del extracto de la corteza del sauce y que “en cierto modo realiza una acción similar a los retinoides, pero sin serlo”, por lo que podemos evitar así la irritación que provocan ese tipo de compuestos.

Estas son las principales bondades del ácido salicílico: Tiene la capacidad de regular la formación de sebo, disminuir la inflamación de la piel y mejorar el acné. Realiza una acción antiséptica, por lo que es ideal para personas con acné, aunque sean ligeros brotes. Tiene una importante acción exfoliante y queratolítica.

  • Ácido Salicílico: Es uno de los betahidroxiácidos (BHA) y tiene propiedades antiinflamatorias. Por tanto, los exfoliantes con ácido salicílico se utilizan para tratar el acné y las manchas. Este principio activo limpia la piel en profundidad y también minimiza los signos de manchas de pigmentación. Las pieles grasas y con manchas son las que más se benefician de los exfoliantes con ácido salicílico.

Polihidroxiácidos (PHAs)

Al igual que los AHAs, los polihidroxiácidos o PHAs -quizá los menos conocidos de los tres-, también son hidrosolubles, pero con la diferencia de que sus partículas son “mucho más grandes, por lo que la acción es mucho más superficial”, indica Meritxell Martí. Los tipos de PHAs que existen son la gluconolactona y el ácido lactobiónico, la primera proveniente de la glucosa del maíz y el segundo de la oxidación de la lactosa. Sus características son:

  • Son específicos para pieles sensibles
  • Son los menos irritantes, pero también realizan un menor efecto exfoliante y más hidratante
  • La piel tiende a acostumbrarse al efecto de este producto
Tipo de Ácido Solubilidad Beneficios Ideal para
AHAs Hidrosoluble Exfoliación superficial, hidratación, mejora la textura de la piel Pieles secas y normales
BHAs Liposoluble Penetración profunda en los poros, control de sebo, antiinflamatorio Pieles grasas y acneicas
PHAs Hidrosoluble Exfoliación suave, hidratación, menos irritante Pieles sensibles

Cómo Elegir el Exfoliante Químico Adecuado

Escoger un buen exfoliante químico depende de muchos factores, entre ellos, tu tipo de piel.

  1. Conoce tu tipo de piel. Identifica si tienes piel seca, grasa, mixta, sensible, acneica u otro tipo de piel.
  2. Comprende qué es un exfoliante químico y sus tipos. Hay varios tipos de exfoliantes químicos, como los alfahidroxiácidos (AHA) y los betahidroxiácidos (BHA).
  3. Enfócate en tus necesidades específicas. No todas necesitamos lo mismo, recuérdalo. Si estás buscando tratar el envejecimiento de la piel, puedes optar por AHA como el ácido glicólico.
  4. Concentración y pH. Presta atención a la concentración del exfoliante y al pH. Una concentración más baja es adecuada para principiantes, mientras que las concentraciones más altas pueden ser utilizadas por personas con más experiencia.
  5. Evita ingredientes irritantes. Si tienes piel sensible, busca exfoliantes químicos que sean suaves y que eviten ingredientes potencialmente irritantes.

Recomendaciones Adicionales

A la hora de cuidar nuestra piel, es muy importante exfoliar, al igual que conseguir un exfoliante facial apto para nuestro tipo de piel, que sea suave y que permita que nuestro rostro luzca sin imperfecciones, manteniendo su aspecto liso y uniforme. Las pieles jóvenes y sanas son capaces de, por sí mismas y sin ayuda, hacer que las células muertas se desprendan de la superficie de la piel. El paso de los años y la exposición al sol sin protección provocan un mal funcionamiento de esta capacidad. Como consecuencia la piel pierde su luminosidad, se reseca, adquiere una textura áspera y desarrolla puntos negros, granos, milios y un tono de piel desigual.

Además, los expertos aconsejan usar protección solar tras estos tratamientos para prevenir quemaduras.

Es algo que suele repetir con frecuencia: exfoliar es clave para que la piel respire, eliminar células muertas y oxigenarla mejor. Es un ritual de belleza, además, apto para todas las pieles y todas las edades siempre que se realice con cabeza. Por eso es fundamental conocer cuáles son los mejores exfoliantes de piel.

Además de retirar las células muertas, ayuda a eliminar impurezas. También a limpiar y reducir el tamaño del poro, luchar contra las manchas y pequeñas arrugas. Incluso a combatir los efectos de la contaminación ambiental. También estimula la microcirculación sanguínea, potenciando el funcionamiento de las células epidérmicas.

Exfoliación Química vs. Exfoliación Física

La exfoliación física o mecánica es la que se realiza con cepillos o productos cosméticos que contienen gránulos. La exfoliación química es la que se realiza con ácidos exfoliantes (AHA y BHA). Es por esto que, a veces, hablamos de la exfoliación química como exfoliación ácida.

¿Por qué deberías evitar los exfoliantes físicos o mecánicos?

La mayoría de los exfoliantes físicos o mecánicos incluyen gránulos que pueden dañar la superficie de la piel e incluso provocar microarañazos. Además, no realizan una acción homogénea. Por estos factores verás que muchos dermatólogos prefieren los exfoliantes químicos, ya que son más suaves y eficaces. Con esto no queremos decir que todos los exfoliantes físicos o mecánicos sean malos, hay excepciones.

Existen exfoliantes de este tipo que son suaves y contienen gránulos esféricos (no arañan) o que se disuelven en la piel. Aún así, deberían considerarse parte del paso de la Limpieza y no sustituyen el uso de exfoliantes químicos.

Conclusión

Los exfoliantes químicos son una herramienta increíble en el mundo de la cosmética para lograr una piel renovada y resplandeciente. Con una variedad de opciones, desde AHAs y BHAs hasta enzimas, es importante encontrar el producto adecuado para tu tipo de piel y usarlo con cuidado. Recuerda que el cuidado de la piel no solo es cosa del rostro.

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