Desde tiempos ancestrales, la Luna ha cautivado a la humanidad. Las antiguas civilizaciones de la actual España, gracias a su ubicación y clima privilegiados, siempre observaron y veneraron la Luna. Desde entonces, y hasta la actualidad, el ser humano siempre se ha hecho preguntas acerca de nuestra luna y su importancia e influencia en el planeta tierra. Por ejemplo, es bien sabido que la luna tira de los océanos hacia ella y hace que la Tierra se abulte ligeramente, creándose las mareas. Además, también se conoce que la luna tiene cierta influencia en las personas dependiendo de los ciclos.
Otra de las grandes curiosidades de la luna son sus distintas fases y los significados que estas tienen. Nada hay más fácil de ver en el cielo que nuestra querida Luna. Y esto es cierto tanto de día como de noche. Por más que de día llame la atención el Sol, no resulta nada cómodo observarlo porque la fuerza de su brillo ciega, puede hasta provocar lesiones en los ojos, incluso cuando se observa a simple vista. Cuando la Luna está por encima del horizonte en una noche despejada no hay manera de esquivar su visión. Por mucha contaminación lumínica que haya, nuestro satélite natural destaca siempre contra el fondo (más o menos) oscuro del firmamento nocturno. Durante el día la luz del Sol ilumina la atmósfera terrestre y le confiere ese brillo azul celeste que oculta de nuestra vista casi todo lo que hay detrás.
De acuerdo, ya lo sabemos: la Luna aparece de vez en cuando en el cielo, a veces de día y en otras ocasiones de noche, y además cambia de forma, desde una finísima tajadita de melón a una magnífica Luna llena, redonda y resplandeciente. Lo primero que cabría preguntarse es cómo de grande es la Luna. La vemos en el cielo como un disquito o una bolita de cierto tamaño aparente, pero ¿cuánto mide de verdad? Empecemos por lo más obvio. ¿Cuánto mide la Luna en el cielo? Ya en la entrega anterior de esta guía, dedicada a la orientación de día y de noche, introdujimos un método simple para medir ángulos en el cielo. Si una vuelta entera al firmamento abarca 360 grados, entonces una regla sostenida a 60 cm del ojo hace que cada centímetro corresponda a un grado, y resulta que 60 cm viene a ser la distancia promedio a la que queda la mano cuando se extiende el brazo (compruébelo por sus propios medios). La respuesta suele sorprender a muchas personas que se inician en la astronomía. La Luna, medida en estas condiciones ¡cubre bastante menos de un centímetro!
Hasta ahora todo bien (salvo, quizá, la sorpresa de descubrir que la Luna se ve tan pequeña en el cielo: salga con la regla y haga la prueba). Pero ¿qué nos dice esto sobre el tamaño real, físico, verdadero de la Luna, expresado por ejemplo en millas o en quilómetros? Porque el tamaño angular aparente de un objeto, como ese medio grado que abarca la Luna, resulta de combinar las dimensiones físicas lineales del cuerpo con su distancia al observatorio. Dicho de otro modo, la Luna podría ser un objeto muy pequeñito pero situado muy cerca, o bien uno muy grande ubicado lejísimos. Si observamos la tabla 1 podemos comprobar que casi cualquier cosa de la vida cotidiana puede adoptar el mismo tamaño angular aparente de la Luna si se coloca a la distancia adecuada. Una moneda de veinte pesos debería ubicarse a 3.3 metros, una vaca (si se considera esférica en primera aproximación, como es habitual) a 166 metros.

Figura 1. Una moneda de 20 pesos (MX); colocada a 3.32 metros de distancia presenta el mismo tamaño aparente que la Luna llena.

| Objeto | Distancia Aproximada |
|---|---|
| Moneda de veinte pesos | 3.3 metros |
| Vaca (esférica) | 166 metros |
| Cuenta de collar (9 mm) | 1 metro |
Obsérvese la última entrada que hemos añadido a la tabla, la que se refiere a una cuenta de collar de 9 mm de diámetro. Ha querido la buena fortuna que una bolita de casi un centímetro aparezca tan grande como la Luna cuando se coloca del ojo a una distancia justa de un metro. Sabemos que la Luna es una esfera sólida que no emite luz propia, sino que debe todo su brillo aparente a la luz que refleja procedente del Sol. Justo a eso se deben los cambios de forma de su parte iluminada. No cuesta nada reproducir el fenómeno a escala poniendo a la luz del día una pelota de cualquier tipo, preferiblemente de algún color liso y claro.

Figura 2. Si el balón es de fútbol o baloncesto y se sostiene con la mano, entonces lo tendremos a unos 60 cm del rostro y su tamaño aparente será muchísimo mayor que el de la Luna.
Pero si volvemos a consultar la tabla 1 se comprueba que bastaría situar la pelota a 26 metros de distancia para que su diámetro angular igualara el de nuestro satélite natural. No resulta práctico hacer experimentos con cosas situadas tan lejos, así que… ¿qué tal si, en lugar de un balón, tomamos una cuenta de collar de 9 milímetros de diámetro? Se puede colocar al final de un listón de madera de un metro de longitud y así, al poner el ojo en una punta del palo se obtendrá una visión de la bolita que iguala el diámetro aparente de la Luna observada desde la Tierra. Solo falta ahora que hagamos el experimento un día (soleado y claro) en el que también la Luna esté a la vista. En un sitio bañado por la luz solar, proceda a apuntar hacia la Luna con el listón de un metro que lleva la bolita en el extremo. Efectivamente: la cuenta de 9 milímetros no solo emula la Luna en cuanto a tamaño, sino que, además, exhibe exactamente la misma fase que ella. ¿Casualidad? Aunque no vamos ahora a explicar cómo se sabe, el caso es que el Sol está unas 400 veces más lejano que la Luna. Eso quiere decir que la distancia que media entre la Tierra y la Luna es tan pequeña comparada con la que hay hasta el Sol que puede despreciarse para cualquier experimento realizado a simple vista. O, dicho de otro modo, la Luna (allí «lejos») y la bolita de collar (aquí en la Tierra) reciben la luz del Sol desde la misma dirección. Por eso, si alineamos la cuenta con la Luna y la colocamos a un metro (lo que iguala los tamaños aparentes), el resultado es visualmente idéntico.

Figura 3. Ahora disponemos de una herramienta para simular el ciclo completo de las fases lunares: basta ir jugando a plena luz del día con el bastón de un metro y comprobar que cuando la bolita pasa, más o menos, entre el ojo y el Sol, entonces solo llega a verse su cara no iluminada.

Figura 4. Algunas fases lunares reproducidas con la cuenta de collar de 9 mm a la luz del Sol. Izquierda: fase casi llena.
Ciclo lunar completo
¿Son las Fases Lunares Iguales en Todo el Mundo?
Este puede ser un buen momento para constatar que la Luna no se ve igual desde los dos hemisferios de la Tierra. Dado que la Luna se ve con orientaciones invertidas desde los hemisferios norte y sur, tal vez convenga plantear la explicación de sus fases por separado para cada parte de la Tierra. Observemos el sistema Tierra-Luna colocando el punto de vista más o menos por encima del hemisferio norte y supongamos que el Sol se encuentra hacia la derecha del campo de visión, a una distancia igual a unas cuatrocientas veces la separación entre nuestro planeta y su satélite.

Figura 5. Dado que la Luna se ve con orientaciones invertidas desde los hemisferios norte y sur, tal vez convenga plantear la explicación de sus fases por separado para cada parte de la Tierra.

Figura 6. Fases lunares para un observatorio boreal. Derecha: novilunio. Arriba: cuarto creciente. Izquierda: plenilunio.
Imaginemos una situación de partida en que la Luna se encuentre más o menos entre la Tierra y el Sol. La Luna recibe la luz solar sobre la cara de atrás, la opuesta a la Tierra, de modo que desde el planeta vemos el disco lunar oscuro. A partir de ahí, día tras día la Luna avanza en la órbita «hacia la izquierda» (tanto en la figura 6 como sobre el cielo) y va recibiendo un poquito de luz solar sobre la parte derecha del disco, que pasa a verse como una delgada tajadita de sandía con la barriga siempre orientada hacia la posición del Sol, y siempre al ponerse el Sol o en la primera parte de la noche. Y lo sigue haciendo. Pasado el primer cuarto, el avance de la Luna provoca que cada vez haya más luz en la parte que se ve desde la Tierra hasta que, al completar media vuelta, todo el disco aparece iluminado: estamos en Luna llena o plenilunio.
A partir de ahí la parte iluminada empieza a reducirse, o a menguar, con una porción oscura de disco lunar que se va extendiendo desde la derecha hacia la izquierda. Si se observa el sistema Tierra-Luna colocando el punto de vista más o menos por encima del hemisferio sur se obtiene un cuadro parecido al del apartado anterior, aunque algunas cosas cambian de orientación. Ahora, por ejemplo, la Luna recorre una órbita en torno a la Tierra en sentido horario.


Figura 7. Fases lunares para un observatorio austral. Derecha: novilunio. Abajo: cuarto creciente. Izquierda: plenilunio.
Volvemos a partir de la situación en que la Luna se encuentra entre la Tierra y el Sol. La Luna recibe la luz solar sobre la cara de atrás, la opuesta a la Tierra, de modo que desde el planeta vemos el disco lunar oscuro. A partir de ahí, día tras día la Luna avanza en la órbita «hacia la derecha» (tanto en la figura 7 como en el firmamento) y va recibiendo un poquito de luz solar sobre la parte izquierda del disco, que pasa a verse como una delgada tajadita de sandía con la barriga siempre orientada hacia la posición del Sol, y siempre al ponerse el Sol o en la primera parte de la noche. Y lo sigue haciendo. Pasado el primer cuarto, el avance de la Luna provoca que cada vez haya más luz en la parte que se ve desde la Tierra hasta que, al completar media vuelta, todo el disco aparece iluminado: estamos en Luna llena o plenilunio.
A partir de ahí la parte iluminada empieza a reducirse, o a menguar, con una porción oscura de disco lunar que se va extendiendo desde la izquierda hacia la derecha. No vamos a hablar aquí de los miles de millones de años que tiene nuestro satélite natural, sino del sistema de «edad de la Luna» que sirve para especificar en qué fase se encuentra. La idea es muy sencilla: se trata de dar, en cada momento, cuántos días han pasado desde el último novilunio. Como el ciclo de fases lunares (también llamado mes sinódico) dura, en promedio, 29.53 días, se entiende que la Luna nueva corresponda a cero días de edad (por definición), y que el resto de fases «exactas» (cuartos, plenilunio) coincidan con múltiplos de la cuarta parte de ese periodo, es decir, cada 7 días y 9 horas.
Observemos que cada cuarto lunar viene a durar una semana y que un ciclo completo casi coincide con la duración de un mes de calendario. La Luna siempre presenta la misma cara o hemisferio hacia la Tierra, debido a las fuerzas de marea inducidas por nuestro planeta.

Figura 8. Algunos de los rasgos que pueden observarse a simple vista en el disco de la Luna llena. Izquierda: vista desde el hemisferio norte terrestre.
Las Fases de la Luna Explicadas para Niños
La explicación de qué es la Luna y cuáles son sus fases son uno de los primeros conocimientos que los niños aprenden en ciencias naturales junto con el del Sistema Solar. Antes de explicarles a los niños por qué la Luna no siempre tiene la misma forma, es importante que comprendan qué es la Luna y qué rol desempeña dentro del Sistema Solar y, en especial, con nuestro planeta Tierra. En este sentido, puedes explicarles que la Luna es el satélite natural de la Tierra. La Luna es el quinto satélite más grande del Sistema Solar, y su superficie es aproximadamente un cuarto de la de la Tierra. A pesar de su tamaño, su influencia es significativa, pues ha sido objeto de estudio y admiración a lo largo de la historia. Esta fascinación se traslada a los niños, quienes a menudo se preguntan sobre su naturaleza y su relación con la Tierra.
Un satélite es un cuerpo celeste que orbita alrededor de otro más grande. En este caso, la Luna gira alrededor de la Tierra siguiendo una trayectoria constante. Este movimiento no solo es fundamental para entender su relación con nuestro planeta, sino que también es clave para comprender las fases de la Luna. La Luna no solo es importante por su presencia en el cielo nocturno, sino también por su impacto en fenómenos terrestres como las mareas. Así, explicar qué es la Luna es el primer paso para que los niños comiencen a explorar el vasto Universo y el Sistema Solar. Para ayudar a los niños a entender qué es la Luna, es útil utilizar recursos visuales y cuentos que describan su función y características. Estos materiales pueden hacer que el aprendizaje sea más accesible y entretenido, permitiendo que los pequeños se familiaricen con conceptos astronómicos de manera sencilla. La curiosidad natural de los niños puede ser un catalizador para su interés en la ciencia, y la Luna, con su ciclo constante de fases, es un excelente punto de partida para introducirlos en el mundo de la astronomía.

Movimiento de Rotación y Traslación de la Luna
La Luna realiza dos movimientos principales: rotación y traslación. La rotación se refiere al giro de la Luna sobre su propio eje, mientras que la traslación es el movimiento que realiza alrededor de la Tierra. Ambos movimientos tienen una duración similar, completándose en aproximadamente 28 días. Este ciclo es crucial para entender por qué siempre vemos la misma cara de la Luna desde la Tierra. Este fenómeno se debe a que el tiempo que tarda en rotar sobre su eje es el mismo que emplea en completar una vuelta alrededor de nuestro planeta.
El movimiento de rotación y traslación de la Luna es un concepto fascinante para los niños, ya que explica por qué la Luna parece cambiar de forma en el cielo. Durante su órbita, la posición de la Luna respecto al Sol y la Tierra varía, lo que provoca las diferentes fases lunares que observamos. Este ciclo periódico es una oportunidad para enseñar a los niños sobre los ritmos naturales y la importancia de la observación en la ciencia. Además, puede ser una excelente manera de introducir conceptos básicos de astronomía. Para ilustrar estos movimientos, se pueden utilizar modelos tridimensionales o simulaciones que muestren cómo la Luna se mueve en el espacio. Estos recursos pueden ayudar a los niños a visualizar los conceptos de rotación y traslación de manera clara y comprensible. Al comprender estos movimientos, los niños estarán mejor preparados para entender las fases de la Luna y su impacto en nuestro planeta, desarrollando así un interés por la ciencia y el Universo.
La Luna como Reflejo de la Luz Solar
Una de las características más interesantes de la Luna es que no emite luz propia, sino que refleja la luz del Sol. Este fenómeno es fundamental para entender por qué la Luna aparece de diferentes formas en el cielo nocturno. La luz solar que incide sobre la Luna es reflejada hacia la Tierra, y dependiendo de la posición relativa de la Luna, el Sol y la Tierra, observamos distintas fases lunares. Este reflejo es lo que permite ver la Luna incluso durante el día, cuando se encuentra en una posición favorable respecto al Sol.
La capacidad de la Luna para reflejar la luz solar es un concepto que puede fascinar a los niños, ya que desafía la idea de que los objetos brillantes siempre emiten su propia luz. Explicar que la Luna actúa como un espejo gigante en el cielo puede ser una forma efectiva de captar su atención e interés. Además, este concepto es una oportunidad para discutir cómo la luz y la reflexión funcionan en otros contextos, ampliando así su comprensión del mundo que les rodea. Para ayudar a los niños a entender cómo la Luna refleja la luz solar, se pueden realizar experimentos sencillos con espejos y linternas. Estas actividades prácticas no solo hacen que el aprendizaje sea más interactivo, sino que también permiten a los niños experimentar de primera mano cómo la luz puede ser reflejada y manipulada. Al comprender este proceso, los niños no solo aprenderán sobre la Luna, sino que también desarrollarán habilidades de pensamiento crítico y científico.

Descripción de las Fases de la Luna
A continuación te contamos todos los detalles sobre las fases de la luna, para que puedas deleitar a tus hijos con todo este conocimiento:
- Fase de Luna nueva: invisibilidad de la Luna. La fase de Luna nueva es la primera etapa del ciclo lunar y se caracteriza por la invisibilidad de la Luna en el cielo nocturno. Durante esta fase, la Luna se encuentra entre la Tierra y el Sol, lo que significa que su cara iluminada está orientada hacia el Sol y su lado oscuro hacia la Tierra. Como resultado, no podemos ver la Luna desde nuestro planeta, ya que no refleja luz solar hacia nosotros. Esta fase marca el inicio de un nuevo ciclo lunar de 28 días. La invisibilidad de la Luna durante esta fase puede ser un concepto intrigante para los niños, ya que desafía la noción de que la Luna siempre es visible en el cielo. Este fenómeno es una oportunidad para explicar cómo la posición de la Luna afecta su visibilidad desde la Tierra.
- Fase de cuarto creciente: parte iluminada menor a la mitad. La fase de cuarto creciente es la segunda etapa del ciclo lunar y se caracteriza por una parte de la Luna que está iluminada, pero menos de la mitad. Durante esta fase, la Luna ha avanzado en su órbita alrededor de la Tierra y comienza a ser visible en el cielo nocturno. La parte iluminada aumenta gradualmente cada noche, lo que da la impresión de que la Luna está "creciendo". Esta fase es fácilmente reconocible por su forma de "D" en el cielo. El cuarto creciente es una fase que puede captar la atención de los niños, ya que es cuando la Luna comienza a hacerse visible después de la Luna nueva. Explicar cómo la luz solar refleja en la superficie lunar para crear esta forma puede ser una manera efectiva de enseñar sobre la luz y la reflexión. Además, esta fase es una oportunidad para discutir cómo los cambios en la Luna pueden ser observados y registrados, fomentando así habilidades de observación y registro en los niños.
- Fase de Luna llena: Luna completamente iluminada. La fase de Luna llena es la tercera etapa del ciclo lunar y se caracteriza por la Luna completamente iluminada en el cielo nocturno. Durante esta fase, la Luna está situada en el lado opuesto de la Tierra respecto al Sol, lo que permite que toda su superficie visible esté bañada por la luz solar. Esta es la fase más fácil de identificar, ya que la Luna aparece redonda y brillante, dominando el cielo nocturno con su esplendor. La Luna llena es un fenómeno que fascina a personas de todas las edades, y para los niños, puede ser una oportunidad para explorar conceptos de luz y sombra. Explicar cómo la posición de la Luna permite que toda su superficie visible esté iluminada puede ser una forma efectiva de enseñar sobre la geometría y la astronomía. Además, la Luna llena ha sido objeto de mitos y leyendas en muchas culturas, lo que puede enriquecer el aprendizaje de los niños al explorar diferentes perspectivas culturales sobre este fenómeno.
- Fase de cuarto menguante: parte iluminada mayor a la mitad en proceso de menguar. La fase de cuarto menguante es la última etapa del ciclo lunar antes de regresar a la Luna nueva. Durante esta fase, la parte iluminada de la Luna comienza a disminuir, apareciendo más oscura cada noche. En esta fase, la Luna ha completado tres cuartas partes de su órbita alrededor de la Tierra, y su forma visible es similar a una "C" en el cielo. Esta fase es un espejo del cuarto creciente, pero en sentido inverso, ya que la parte iluminada está menguando. El cuarto menguante es una fase que puede ser intrigante para los niños, ya que marca el inicio del proceso de disminución de la luz visible de la Luna. Explicar cómo la rotación y traslación de la Luna afectan su visibilidad puede ser una manera efectiva de enseñar sobre los ciclos naturales. Además, esta fase es una oportunidad para discutir cómo los cambios en la Luna pueden ser observados y registrados, fomentando así habilidades de observación y registro en los niños.

Recursos Didácticos y Divertidos para Explicar las Fases de la Luna a los Niños
Explicarles a los niños qué es la Luna y cuáles son sus fases en el cielo nocturno puede ser una experiencia muy bonita, pero puede ser difícil de entender sobre todo para los más pequeñitos que aún no conocen qué es el Universo y el Sistema Solar. Por eso, otra buena manera de hacerlo, consiste en recurrir a diferentes recursos didácticos que les ayuden a comprender cómo está estructurada nuestra galaxia. En este sentido, puedes utilizar una ilustración en la que estén representados los principales astros del Sistema Solar para explicarles la relación de la Luna con la Tierra.
Las actividades prácticas son herramientas valiosas para ayudar a los niños a comprender las fases de la Luna. Estas actividades no solo hacen que el aprendizaje sea más interactivo, sino que también permiten a los niños experimentar de primera mano cómo la Luna cambia a lo largo de su ciclo. El propósito de estas actividades es fomentar la curiosidad y el interés por la ciencia en los niños. Al participar en actividades prácticas, los niños desarrollan habilidades de observación, pensamiento crítico y resolución de problemas. Además, estas actividades pueden ser una excelente manera de introducir conceptos más complejos de astronomía y física de una manera accesible y comprensible. Al comprender las fases de la Luna a través de actividades prácticas, los niños estarán mejor preparados para explorar otros aspectos del Universo y el Sistema Solar.

El calendario lunar sigue las fases de la luna y se publica desde 1978. Se trata de un calendario preciso que se puede encontrar en muchos lugares, especialmente online. ¡Conocer el calendario lunar, la lunación y el ciclo de la luna puede ser muy útil! Llamamos ciclo lunar a las diferentes fases por las que atraviesa la Luna en su trayectoria. De hecho, cada fase de la Luna es la parte que queda iluminada por el sol y que, por tanto, es visible desde la Tierra. Una lunación siempre dura el mismo tiempo y sigue las mismas fases: desde una luna nueva, hasta la siguiente, pasa por las mismas fases, crecientes y decrecientes. Si tenemos un jardín, plantas, flores o cualquier otro tipo de cultivo, podemos conseguir que crezcan y se desarrollen en óptimas condiciones, simplemente siguiendo el ciclo lunar.