Artritis Psoriásica y su Impacto en el Corazón: Una Visión Detallada

La artritis psoriásica (APs) es una enfermedad inflamatoria crónica que se presenta en pacientes con artritis y se asocia a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV). Afecta tanto a hombres como a mujeres de entre 40 y 50 años y también se la relaciona con comorbilidades como osteoporosis, uveítis e inflamación intestinal subclínica.

La Psoriasis y el Riesgo Cardiovascular

La psoriasis es una enfermedad cutánea, inflamatoria, crónica y autoinmune, que se calcula afecta a entre el 1 % y el 3 % de la población mundial. Algunos estudios han sugerido la posibilidad de un riesgo cardiovascular incrementado en pacientes psoriásicos.

En el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre la relación entre la psoriasis grave y la disfunción microvascular coronaria (DMC), un equipo científico, ha encontrado nuevas pruebas de que los pacientes con esta enfermedad presentan un mayor riesgo cardiovascular. Los resultados se han publicado en el Journal of Investigative Dermatology.

Stefano Piaserico, autor principal del trabajo, comenta que “estudios previos habían mostrado cada vez más evidencias de que pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas, como la psoriasis, la artritis psoriásica, la artritis reumatoide y la enfermedad inflamatoria intestinal, tienen una mayor prevalencia de esta cardiopatía, independientemente de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales”.

Piaserico explica que su equipo ha estudiado ahora más a fondo los mecanismos específicos que subyacen a este mayor riesgo. En este trabajo, “hemos querido investigar la prevalencia de la disfunción microvascular coronaria, evaluada mediante la reserva de flujo coronario (RFC), en una amplia cohorte de pacientes con psoriasis severa y su asociación con la gravedad y duración de la psoriasis, así como con otras características de los pacientes”.

“Los participantes con una RFC reducida se sometieron a pruebas de angiografía por tomografía computarizada para excluir una estenosis de las arterias coronarias, y ninguno de ellos mostró enfermedad arterial coronaria. El estudio reveló que la gravedad de la psoriasis y la duración de la enfermedad se asociaban de forma independiente con una menor reserva de flujo coronario, junto con la presencia de artritis psoriásica.

Además, los resultados mostraron que los factores de riesgo cardiovascular convencionales, como el consumo de tabaco, la hiperlipidemia y la diabetes mellitus, no se asociaron de forma independiente con una menor RFC en pacientes con psoriasis grave.

Según los autores, el trabajo subraya la importancia de tener en cuenta la inflamación y los factores relacionados con la psoriasis a la hora de evaluar el riesgo cardiovascular en pacientes con psoriasis severa.

¿Cómo Limita la Psoriasis a los Pacientes Afectados?

En casos graves, puede afectar grandes superficies corporales y tener repercusión sistémica, afectando a las articulaciones e incluso al sistema cardiovascular por la elevada carga inflamatoria crónica que asocia. Además de los síntomas físicos, la enfermedad tiene un fuerte componente psicológico.

Las personas con psoriasis a menudo sufren estigmatización social, lo que puede generar problemas de autoestima, ansiedad y depresión. Esto limita significativamente la interacción social y puede afectar el rendimiento laboral y a las relaciones personales.

En cuanto al papel de la proteína C reactiva (PCR), su presencia elevada se ha asociado con ateroesclerosis subclínica y, por tanto, mayor riesgo vascular. Por este motivo, habría que prestar especial atención a la combinación de psoriasis y obesidad.

Factores de Riesgo Cardiovascular en Pacientes con Psoriasis

Los pacientes con psoriasis tienen una presencia incrementada de factores de riesgo cardiovascular tradicionales como hipertensión, tabaquismo, obesidad, dislipemia o diabetes. Esta disfunción de la inmunidad celular tiene como consecuencia la liberación anómala de citocinas, como interferón, factor de necrosis tumoral a (TNF-a) e interleucina 2 (IL‑2).

¿Sabías que la psoriasis y la artritis psoriásica pueden afectar tu corazón?

Tanto el interferón como el TNF-a actúan sobre el queratinocito estimulando la producción de otras citocinas, como IL-6 e IL-8, así como de moléculas de adhesión intercelular (ICAM)1, que promueven mayor infiltración por celulas T y otras células proinflamatorias y perpetúan así un estatus crónico favorecedor de la aparición de ateroesclerosis12-14.

La forma en la que la Artritis Psoriásica se manifiesta es diferente en cada paciente. Podemos distinguir diversos síntomas tanto a nivel articular como más allá de la articulación. También se ha descrito síntomas generales como cansancio, malestar general e incluso fiebre.

Dolor, hinchazón, calor y enrojecimiento de una o más articulaciones. Es el síntoma más frecuente, ya que se produce en más de la mitad de los pacientes con Artritis Psoriásica. Cualquier articulación puede verse afectada, aunque suele ser más frecuente en las rodillas, tobillos, pies y manos.

Cuando afecta a menos de 4 articulaciones se denomina artritis oligoarticular, mientras que si afecta a más de cuatro se llama artritis poliarticular.

Además, se acompaña de inflamación de los tendones y los ligamentos cercanos a la articulación, provocando dolor. La dactilitis es un rasgo característico de la Artritis Psoriásica que, cuando afecta a los dedos de las manos, puede ocasionar una gran discapacidad.

Inflamación de la entesis, es decir, el punto de unión de tendones y ligamentos al hueso. Suele ser un dolor de características inflamatorias, es decir, aparece con el reposo prolongado y puede despertar al paciente en la segunda mitad de la noche, cursando con rigidez matutina de más de 30 minutos de duración.

Generalmente la psoriasis cutánea aparece antes que la artritis (en un 85% de los casos), aunque en un 5-10% de los pacientes la artritis aparece antes. La forma más común es la psoriasis en placas, que cursa con lesiones enrojecidas bien delimitadas y cubiertas de escamas blanquecinas.

Lo más frecuente es que afecte a zonas como los codos o rodillas, aunque también puede aparecer en otras áreas como el cuero cabelludo, detrás de las orejas, el tronco, la zona genital o las uñas.

Puede aparecer una enfermedad inflamatoria del intestino, como puede ser la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa. La enfermedad suele cursar con episodios de diarrea, en ocasiones acompañada de sangre, moco o pus y/o dolor abdominal recurrente, lo que puede conllevar pérdida de peso.

La más frecuente es la uveítis, que consiste en la inflamación de una membrana del ojo. Los síntomas que hacen sospechar una uveítis son la presencia de dolor en los ojos, enrojecimiento y una posible disminución de la visión.

Es posible que afecte a un solo ojo, aunque puede ir cambiando de ojo en sucesivos episodios. Suele aparecer de forma insidiosa y, con mayor frecuencia, en pacientes con afectación de la columna.

El Reumatólogo es el médico especialista de los más de 250 tipos de enfermedades reumáticas. Por su parte, el médico de atención primaria posee un papel clave en la sospecha y posterior derivación de los pacientes con psoriasis y/o Artritis Psoriásica al dermatólogo y/o reumatólogo.

Debemos tener presente que, en el 85% de los casos, la psoriasis cutánea o de las uñas aparece antes que la artritis, mientras que sólo en un 5-10% de los pacientes la artritis precede a la psoriasis.

Teniendo en cuenta que entre el 1,5% y el 25% de los pacientes con Artritis Psoriásica pueden presentar uveítis, el papel de las consultas especializadas en uveítis, formadas por el oftalmólogo y el reumatólogo de referencia, es clave para un diagnóstico y tratamiento precoz ocular y para el manejo de los casos más complejos de uveítis.

Actualmente, se están creando en algunos hospitales unidades multidisciplinares de trabajo conjunto entre el reumatólogo y el dermatólogo, con el fin de realizar un diagnóstico temprano y un tratamiento precoz de los pacientes, además de evaluar y abordar los casos más complejos.

El 16% de los pacientes con Artritis Psoriásica tienen inflamación articular subclínica, es decir, sin síntomas articulares evidentes.

Al ser una enfermedad sistémica, la Artritis Psoriásica puede causar inflamación en otros tejidos del cuerpo humano, como el corazón y los vasos sanguíneos. Existe una disfunción del endotelio que produce una lesión en los vasos sanguíneos secundaria a la inflamación de la Artritis Psoriásica.

Esta inflamación provoca un aumento de los factores de riesgo cardiovascular (obesidad y aumento de la tensión arterial y de los niveles de colesterol y de glucosa en sangre).

Más del 20% de los pacientes con Artritis Psoriásica tienen niveles altos de ácido úrico. La gota es un tipo de artritis relacionada con un aumento del ácido úrico en sangre. Esta acumulación puede provocar depósitos de cristales de ácido úrico en las articulaciones, dando lugar a la gota.

La esteatosis hepática es un aumento de grasa en el hígado, presentando un hígado graso que es más frecuente en los pacientes con obesidad.

La Artritis Psoriásica está relacionada con la esfera psíquica y emocional, con una repercusión muy importante en el estado de ánimo. Esto ocurre, por un lado, debido a la localización y extensión de las lesiones de psoriasis en la piel y, por otro, al dolor y las limitaciones articulares que pueden tener un impacto negativo a nivel psíquico en el paciente, generando síntomas de ansiedad y/o depresión y empeorando la calidad de vida.

La inflamación puede disminuir la densidad del calcio de los huesos, provocando lo que se denomina osteoporosis. También la toma de determinados medicamentos, como los corticoides, aumenta el riesgo de padecerla.

Avance para el Diagnóstico y la Prevención

En este sentido, Piaserico detalla que este estudio puede ayudar significativamente en el diagnóstico y la prevención de la enfermedad cardiovascular de varias maneras. Por una parte, con una evaluación más precisa del riesgo cardiovascular: “Los médicos podrán evaluarlo con mayor precisión teniendo en cuenta la gravedad de la psoriasis, su duración y la presencia de artritis psoriásica. Por otra, una intervención oportuna: “La detección precoz de la DMC permitirá una intervención rápida, que podría prevenir problemas cardiovasculares.

Tratamientos y Recomendaciones

Aunque aún no tiene tratamientos curativos, los tratamientos disponibles han avanzado significativamente en los últimos años. Existen diversas opciones terapéuticas que ayudan a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes:

  • Tratamientos tópicos: incluyen cremas y ungüentos con corticosteroides, vitamina D, o retinoides, que ayudan a reducir la inflamación y la renovación excesiva de las células de la piel.
  • Fototerapia: el tratamiento con luz ultravioleta en unidades especializadas puede ser eficaz para reducir los síntomas, especialmente en psoriasis localizada o la forma en gotas.
  • Medicamentos sistémicos: cuando los tratamientos tópicos no son suficientes, se pueden utilizar medicamentos orales o inyectables que regulan la actividad del sistema inmune, como los inmunosupresores clásicos (ciclosporina A o metotrexato), las denominadas moléculas pequeñas (apremilast) y los fármacos biológicos.

En los últimos años, los avances en la terapia biológica han revolucionado el tratamiento de la psoriasis, con medicamentos que ofrecen una mayor efectividad y menos efectos secundarios que las opciones tradicionales. Su elevado coste limita su uso para las formas más graves de la enfermedad.

Aunque la psoriasis es una enfermedad crónica, existen diversas recomendaciones que pueden ayudar a los pacientes a mejorar su bienestar:

  • Alimentación equilibrada: una dieta variada, como la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, ácidos grasos omega-3 (presentes en pescados grasos como el salmón) y baja en alimentos procesados y azúcares puede contribuir a reducir la inflamación y mejorar la salud general.
  • Ejercicio físico: la práctica regular de ejercicio, como caminar o nadar, puede reducir el estrés, mejorar la circulación y ayudar a regular el sistema inmunológico.
  • Evitar el tabaco y el alcohol: estos factores pueden empeorar los síntomas de la psoriasis y aumentar el riesgo de complicaciones asociadas.
  • Cuidado de la piel: mantener la piel hidratada con cremas emolientes y evitar productos irritantes es fundamental para controlar los síntomas.
  • Manejo del estrés: técnicas como la meditación, la terapia cognitivo-conductual o el mindfulness o algunas prácticas deportivas pueden ser útiles para reducir el estrés, que es un desencadenante común de los brotes.

Se debe recomendar un control del peso, la obesidad empeora la enfermedad en todas sus manifestaciones. Hay que atender especialmente a evitar condiciones asociadas como diabetes, hipertensión e hiperlipemia.

Unido al proceso inflamatorio aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular. Se deben limitar alimentos ricos en carbohidratos, grasas y sal en los hipertensos.

Los pacientes con tratamientos más complejos requieren revisiones analíticas frecuentes, 3-4 veces al año para detectar posible toxicidad o complicaciones derivadas de su uso.

La "Paradoja de la Obesidad"

Los autores del trabajo señalaron estos datos como evidencia adicional de la "paradoja de la obesidad", una situación en la que los pacientes que no presentan obesidad tienen un mayor riesgo de padecer trastornos y enfermedades relacionados con la obesidad que quienes sí la presentan.

La campaña conciencia a los pacientes sobre el riesgo de afección cardiovascular. La forma en la que la Artritis Psoriásica se manifiesta es diferente en cada paciente.

Tabla Resumen: Artritis Psoriásica y Riesgo Cardiovascular

Aspecto Descripción
Definición Enfermedad inflamatoria crónica asociada con artritis y mayor riesgo de ECV.
Prevalencia Afecta a hombres y mujeres, generalmente entre 40 y 50 años.
Riesgo Cardiovascular Mayor predisposición a complicaciones cardíacas como infartos.
Factores de Riesgo Obesidad, diabetes, hipertensión arterial, hiperlipidemia.
Tratamientos Tópicos, fototerapia, medicamentos sistémicos (inmunosupresores, biológicos).
Recomendaciones Dieta equilibrada, ejercicio físico, evitar tabaco y alcohol, manejo del estrés.

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