El Nutri-Score, un sistema de etiquetado nutricional diseñado para facilitar la comprensión de la calidad nutricional de los alimentos, ha sido objeto de una intensa controversia en Francia. Este sistema, que clasifica los alimentos en una escala de la A (más saludable) a la E (menos saludable), ha enfrentado la oposición de ciertos sectores agrícolas y de grandes multinacionales, quienes consideran que penaliza sus productos.
Desde hace varias semanas, se ha desatado una violenta ofensiva contra el Nutri-Score, liderada por los sectores de los quesos y embutidos, que se sienten "penalizados" por la calificación de sus productos. La razón detrás de esta oposición radica en el proyecto de la Comisión Europea de proponer un logotipo nutricional obligatorio para toda Europa a finales de 2022. Esta iniciativa ha movilizado a los sectores agrícolas y a las grandes multinacionales, quienes se resisten a proporcionar a los consumidores información clara y comprensible sobre la composición nutricional de sus productos.
Es cierto que una gran mayoría de los quesos y embutidos son clasificados como D y E por el Nutri-Score. Sin embargo, esto no es una invención del sistema, sino una traducción simple y comprensible de la realidad de sus composiciones nutricionales, que se caracterizan por un alto contenido en grasas saturadas y sal, así como por un elevado aporte calórico. Estos datos, aunque presentes en el cuadro nutricional en el reverso de los envases, suelen ser incomprensibles para el consumidor medio.
Aunque estos alimentos forman parte del patrimonio culinario francés, su composición nutricional no es favorable, y el Programa Nacional de Nutrición Salud recomienda limitar su consumo. Esto no significa que debamos eliminarlos por completo de nuestra dieta, pero sí ser conscientes de su impacto en nuestra salud.

La imagen vs. la realidad: ¿Quién se esconde detrás de la oposición al Nutri-Score?
La campaña lanzada contra el Nutri-Score por los productores de Roquefort, Rocamadour, Maroilles y otros quesos y carnes procesadas se basa en la imagen emblemática de la que disfrutan estos productos en la gastronomía francesa, su arraigo territorial y su lado tradicional. Formar parte del patrimonio culinario y tener una denominación de origen (DOP) o indicación geográfica protegida (IGP) son elementos muy respetables que merecen ser valorizados. Estas denominaciones garantizan que estos alimentos se han producido en una zona geográfica determinada, según un saber hacer reconocido que respeta un pliego de condiciones específico. Sin embargo, estas etiquetas no integran la noción de "calidad nutricional".
Así, incluso con una etiqueta DOP/IGP, los quesos (como los embutidos) ricos en ácidos grasos, sal y calorías siguen siendo ricos en ácidos grasos, sal y calorías. Detrás de la imagen positiva y simpática de estos productos, percibidos como tradicionales, se encuentran poderosas multinacionales como Lactalis (número 1 mundial de productos lácteos) y Savencia (quinto grupo mundial). Lactalis posee el 70% de la producción de Roquefort y de muchos otros quesos, controla la mitad de las DOP francesas y comercializa también cremas para postre, mantequilla y crema fresca, productos clasificados como D y E por el Nutri-Score. Savencia, además de su amplia gama de quesos, produce también embutidos y chocolate, también clasificados como D y E.
Atacar al Nutri-Score para supuestamente defender los quesos DOP es, en realidad, un caballo de Troya que Lactalis y otros industriales avanzan para intentar bloquear o desvirtuar el sistema. Además, Lactalis lleva a cabo otra operación de desestabilización proponiendo su propio logotipo "Es el plato que cuenta" para sus otros productos no DOP, evidentemente favorable a sus productos.

Todo sobre el Nutriscore: qué es y cómo podemos usarlo
La recuperación por los políticos y los desafíos de salud pública
Numerosos diputados, senadores y responsables políticos locales se posicionan como grandes defensores de los intereses económicos de los sectores de producción de las regiones en las que son elegidos o son candidatos. Sin embargo, estos políticos no suelen evocar los grandes desafíos de salud pública vinculados a la nutrición que enfrenta Francia, como la obesidad, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, para los cuales el Nutri-Score ha demostrado su capacidad de contribuir a reducir el riesgo.
Niegan los múltiples estudios científicos que ponen de manifiesto el interés y la eficacia del Nutri-Score para mejorar la salud de la población y su impacto particularmente claro en las poblaciones desfavorecidas. Peor aún, sin argumentos científicos, exigen que se exima del Nutri-Score a los quesos de su región o a todos los alimentos con denominación de origen, denegando a los consumidores la transparencia a la que tienen derecho sobre la composición nutricional de estos productos. Valdría más que destacasen que la presencia de las dos informaciones sobre los productos puede permitir orientarse hacia el concepto: "consumir menos pero mejor".
Una vez más, la salud pública se enfrenta a intereses económicos por parte de los industriales. Si está previsto que el Nutri-Score evolucione en función de los conocimientos científicos, estas evoluciones no deben hacerse para complacer a los sectores económicos o a los políticos por razones electoralistas.

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