En Kivet, entendemos que cada familia quiere lo mejor para su compañero peludo. Los antibióticos son un tipo de fármaco que se utiliza con el objetivo de reducir o eliminar las poblaciones bacterianas causantes de infecciones locales o sistémicas, tanto en humanos como en animales.
Por supuesto, los perros también pueden padecer enfermedades derivadas de la proliferación de bacterias patógenas en su organismo, por lo que ellos también pueden necesitar tomar antibióticos en alguna ocasión. Ahora bien, no todos los antibióticos que existen en el mercado son aptos para su uso en perros y, por supuesto, las dosis varían muchísimo en función del tamaño del animal, así como de sus circunstancias.
Una incorrecta administración de fármacos puede ocasionar perjuicios graves en el animal, además de que se favorecen las resistencias bacterianas, un problema muy importante y sobre el que hoy en día se tiene mucho control a nivel clínico. Para evitar cualquier riesgo, recuerda que jamás debes dar antibióticos a tu perro si no te los ha recetado previamente un veterinario. Este, además, te indicará la cantidad y la frecuencia de administración que tu peludo necesita para mejorar su estado de salud.
Sí, los perros pueden tomar antibióticos siempre y cuando padezca alguna patología de etiología bacteriana y la medicación haya sido recetada por un veterinario colegiado.
Existen una serie de antibióticos que se han formulado de manera específica para su uso en perros y, en caso de que tu perro pueda beneficiarse de tomar alguno de ellos, estos serán los primeros que el veterinario te recetará. Los fármacos exclusivos de uso veterinario pueden adquirirse en la farmacia siempre que vayan acompañados de una receta y su precio es más elevado que el de los antibióticos que se utilizan en medicina humana.
¿Puedo dar antibióticos a mi perro de uso humano?
No obstante, en ocasiones, el clínico puede recetarle al perro un antibiótico estándar de uso humano si no existe su análogo en veterinaria. Un antibiótico es un tipo de fármaco que se utiliza para tratar o combatir las enfermedades provocadas por bacterias, ya que actúan destruyendo a estos microorganismos o inhibiendo su crecimiento.
Es muy importante tener en cuenta que los antibióticos solo son eficaces contra las infecciones bacterianas y que no tienen efecto sobre virus, parásitos u otros patógenos que pueden ocasionar enfermedades en el perro.
Aunque el uso más correcto de los antibióticos sea el terapéutico, es decir, aquel en que el fármaco se administra con el objetivo de eliminar una patología ya instaurada, en ciertas ocasiones el veterinario puede usar o recetar el uso de un antibiótico de manera preventiva.
Existen muchos antibióticos aptos para uso en perros y estos se pueden categorizar de muchas formas, según varios criterios.
Por lo general, los tipos de antibióticos para perros se clasifican en función de lo siguiente:
- Estructura química. La estructura de un fármaco determina sus propiedades físico-químicas, además de influir en aspectos muy importantes como son su absorción, distribución, metabolismo y eliminación.
- Espectro de acción. Una de las formas más comunes de clasificar a los antibióticos es según su espectro de acción y, más concretamente, de las bacterias o estructuras bacterianas contra las que ejercen efecto. Algunos antibióticos se caracterizan por ser de amplio espectro, es decir, por combatir a muchos tipos de bacterias a la vez, mientras que otros fármacos son más selectivos y resultan efectivos solo ante ciertos tipos de bacterias.
- Vía de administración. Por otro lado, podríamos clasificar a los antibióticos según su vía de administración.
En función de sus características, los antibióticos se clasifican en familias. Hay muchísimos fármacos y nombres comerciales en uso actualmente pero los más utilizados y reconocidos son:
- Penicilinas: un ejemplo es la amoxicilina, la cual muchas veces se combina con el ácido clavulánico para aumentar la resistencia y potencia del fármaco frente a las bacterias contra las que actúa.
- Cefalosporinas: se clasifican por generaciones (primera, segunda y tercera) y uno de los antibióticos más conocidos de este grupo es la cefalexina.
- Aminoglucósidos: actúan contra los ribosomas bacterianos. Un antibiótico de este grupo es la gentamicina.
- Tetraciclinas: su mecanismo de acción es muy similar al de los aminoglucósidos y destaca como antibiótico la doxiciclina.
- Quinolonas: estos fármacos impiden la replicación del ADN bacteriano, impidiendo que las bacterias se multipliquen.
El uso de antibióticos está sometido a un estricto control farmacéutico, lo que implica que no es posible adquirir este tipo de medicamentos sin contar con una receta veterinaria válida. Además, las recetas veterinarias tienen una duración determinada, que generalmente suele ser de un mes, por lo que una vez pasado este tiempo, la receta se invalida y es necesario que el clínico prescriba de nuevo el tratamiento.
Alguna clínicas veterinarias cuentan con su propio botiquín farmacéutico autorizado, lo que quiere decir que ciertos fármacos te los puede dispensar el propio veterinario, por lo que no es necesario que acudas a la farmacia.
Dosis de Amoxicilina para Perros
Las dosis de un antibiótico serán diferentes para cada perro y su cálculo debe realizarse por un profesional veterinario. El principal factor que determina la dosis necesaria es el peso corporal del animal, pero también hay que tener en cuenta otros aspectos que pueden alterar la determinación de dicha dosis.
Por ejemplo, la presencia de patologías previas, la edad del perro, la gravedad de la enfermedad bacteriana o la vía de administración escogida pueden hacer que el can requiera más o menos dosis.
Igualmente, estas dosis tienen que administrarse con una frecuencia concreta. Las características de cada fármaco hacen que algunos tengan una mayor duración y, por tanto, puedan darse cada más tiempo (por ejemplo, una vez al día), mientras que otros antibióticos será necesario administrarlos cada 8 o 12 horas para que hagan el efecto deseado.
Finalmente, cuando se realizan las recetas también debemos tener en cuenta la duración del tratamiento. Los tratamientos con antibióticos suelen ser relativamente largos, de unos siete a quince días en la mayoría de los casos, aunque pueden prolongarse en función de la gravedad.
Contraindicaciones y Efectos Secundarios
Ciertos antibióticos, en función de su composición específica, presentan algunas contraindicaciones muy concretas que el clínico debe conocer y saber gestionar adecuadamente. No obstante, la gran mayoría de los antibióticos comparten una serie de contraindicaciones comunes que vienen indicadas en sus respectivos prospectos.
Si alguna vez has tomado antibióticos y le has echado un vistazo al prospecto, te habrás percatado de que cada medicamente lleva asociada una lista de posibles efectos secundarios, normalmente agrupados por gravedad.
Con los antibióticos para perros de uso veterinario ocurre exactamente lo mismo, pues ningún fármaco está completamente exento de efectos secundarios, aunque unos sean más seguros que otros.
Por supuesto, no todos los efectos secundarios indicados en el prospecto tienen por qué aparecer y, de hecho, lo más habitual es que ninguno de ellos lo haga siempre que se cumpla adecuadamente con las pautas de administración marcadas por el veterinario.
No obstante, dentro de los efectos secundarios más frecuentes de los antibióticos para perros encontramos los siguientes:
- Alteraciones gastrointestinales: los fármacos pueden ocasionar diarreas o vómitos en el animal. Si estos síntomas son muy puntuales, no suelen implicar gravedad pero si no cesan tras unas horas del inicio del tratamiento, puede que sea necesario cambiar la medicación. Igualmente, algunos antibióticos pueden destruir bacterias beneficiosas que forman parte de la flora intestinal del perro y es por ello que muchos se recetan junto a protectores gástricos o probióticos.
- Reacciones alérgicas: aunque es muy poco frecuente, tras administrar a un perro un medicamento que nunca antes había tomado debemos vigilarlo por si llegara a manifestar alguna reacción de tipo alérgico. Estas alergias suelen manifestarse a nivel cutáneo (manchas, picores, escozor, etc.) o a nivel respiratorio (inflamación de la zona oral, dificultad para respirar, nerviosismo, etc.).
- Toxicidad: los comportamientos alterados, la letargia prolongada, la ataxia u otros tipos de alteraciones neurológicas suelen asociarse a efectos tóxicos, generalmente por una sobredosificación del producto en muchos casos.
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Tratamiento de la Dermatitis Atópica
La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica que cursa en brotes. Su alta prevalencia en la edad pediátrica hace que en ocasiones se subestime el impacto de la enfermedad en la calidad de vida de los pacientes.
Por una parte, el intenso prurito que acompaña a la enfermedad conduce a un mal rendimiento escolar y a alteraciones del sueño. Por otra parte el deterioro físico y psicológico que conlleva, puede dificultar las relaciones con los demás y conducir al aislamiento social.
Para el manejo óptimo de la DA no basta con conocer el tratamiento farmacológico de los brotes, sino que es necesario también evitar los desencadenantes de la enfermedad, mantener una higiene cuidadosa e hidratar correctamente la piel.
No existe ningún tratamiento curativo para la DA, y hasta el momento no es posible modificar el curso de la enfermedad. Así, el objetivo del tratamiento de la DA es la reducción de los síntomas, disminuir el número de recurrencias y controlar a largo plazo la enfermedad.
Se trata de un tratamiento que debe individualizarse según la gravedad de la dermatitis; sin embargo con fines didácticos revisaremos los distintos recursos terapéuticos de los que se dispone en la actualidad, para después realizar recomendaciones según la gravedad de la dermatitis.
El cuidado de la piel atópica
La piel atópica se caracteriza por una alteración en la función barrera de la piel con una elevada tasa de pérdida de agua transepidérmica, disminución en la capacidad de retención de la misma en la epidermis y una menor cantidad de lípidos y ceramidas intraepidérmicas.
Esto da lugar a una piel seca y pruriginosa que precisa una higiene cuidadosa, evitando la irritación, y la aplicación diaria de emolientes que constituyen un pilar fundamental en el tratamiento de la DA independientemente de su gravedad.
En la actualidad se recomienda baño breve o ducha a diario, seguido de la aplicación inmediata de emolientes, para evitar la evaporación del agua de la piel. Conviene emplear jabones de pH ácido (45). Se recomienda evitar las fuentes de calor y recurrir a toallas suaves, sin frotar la piel. Es aconsejable mantener las uñas cortas y limpias.
Emolientes e hidratantes
Denominamos sustancias hidratantes a aquellas que aumentan el contenido en agua de la capa córnea, y emolientes a aquellas que la hacen menos áspera y más flexible. Puesto que muchos emolientes basan su acción en el aumento del contenido de agua de la epidermis, a menudo se emplean ambos términos indistintamente.
La aplicación de emolientes forma parte del tratamiento de mantenimiento de la DA. No ha podido demostrarse que la aplicación regular de emolientes mejore de forma directa la DA, sin embargo ayudan a mejorar el aspecto de la piel atópica, y proporcionan sensación de bienestar al reducir el prurito y facilitar la reepitelización de la piel.
Poseen cierta actividad antiinflamatoria y disminuyen el riesgo de infección. La mayoría de los autores coinciden en que el uso continuado de estas sustancias reduce la necesidad de corticoides tópicos, por lo que forman parte de la mayoría de guías de tratamiento.
Debe evitarse su uso durante los brotes, puesto que son ineficaces una vez que se instaura la enfermedad. Además, su aplicación producirá aumento del prurito y sensación de escozor. Se recomienda su aplicación 3 minutos después del baño, con la piel todavía húmeda, y aplicárselo tantas veces como sea necesario, recomendándose un mínimo de 2 veces al día.
Ningún estudio ha demostrado la superioridad de un emoliente frente al resto, por lo que se recomienda utilizar aquel con el que el paciente encuentra la máxima hidratación con una cosmética aceptable (tabla I).
| Producto | Descripción | Inconvenientes |
|---|---|---|
| Vaselina | Mezcla de hidrocarbonos | Tacto graso |
| Lanolina | Mezcla de alcoholes y ácidos grasos | Capacidad sensibilizante |
| Colesterol, ácidos grasos, ceramidas | Componentes de la barrera lipídica | - |
| Glicerina | Gran capacidad higroscópica | - |
| Urea | Humectante y queratolítico | Picor y escozor en eccemas |
Entre los productos más utilizados se encuentran:
- Vaselina: es una mezcla de hidrocarbonos que se obtiene mediante el refinado y eliminación de las ceras de aceites minerales pesados. Se comercializa en forma sólida y líquida siendo su principal inconveniente su tacto graso, que hace que muchos pacientes no toleren su uso.
- Lanolina: es una mezcla de alcoholes y ácidos grasos esterificados de alto peso molecular que provienen de la destilación de la lana. Actúan mezclándose con los lípidos del estrato córneo dañado. Como inconveniente destaca su capacidad sensibilizante.
- El colesterol, los ácidos grasos libres y las ceramidas forman parte de la barrera lipídica, por lo que se utilizan en numerosos productos como principio activo.
- Glicerina: de gran capacidad higroscópica, actúa formando un reservorio a nivel del estrato córneo que dificulta la solidificación de las grasas manteniendo la estructura de la bicapa lipídica en estado fluido.
- Urea: actúa como humectante a bajas concentraciones y como queratolítico a altas concentraciones. Está por tanto especialmente indicada ante lesiones como la queratosis pilar, donde su acción queratolítica resulta especialmente beneficiosa. Sin embargo, su uso en zonas de eccema producirá picor y escozor.
Recientemente se han comercializado nuevas líneas de emolientes que añaden compuestos antipruriginosos y antiinflamatorios, como glicerofosfoinositol colina (Derm up®) o seletiose (Trixera plus®). Los productos formulados con proantocianidinas y ácido glicirretínico (Dersura®, Zarzenda®) se han denominado protectores de barrera activos. Poseen capacidad regeneradora de la barrera cutánea, con actividad antiinflamatoria y antipruriginosa.
Existe un estudio controlado aleatorizado con escaso tamaño muestral, que apunta a una mayor eficacia que los emolientes convencionales, así como estudios preliminares respecto al ahorro de corticoides derivados de su uso. Destaca por otra parte su elevado coste en comparación con los emolientes convencionales.
Alergias en Perros
La alergia es una respuesta inmunitaria exagerada a una sustancia que normalmente no es dañina para el cuerpo. Los perros, igual que los humanos, también pueden sufrir alergias, cuyos tipos, síntomas, diagnósticos y tratamiento pueden variar en cada caso.Alergias en los ojos, en las orejas, en la piel, en la boca, en las patas... Las alergias en los perros son varias y están causadas por diferentes sustancias.
- Alergias alimentarias. Nacen por la intolerancia a ciertos alimentos que conforman la dieta del perro.
- Alergias ambientales. Causadas por una sustancia extraña o por ciertos alérgenos en el aire, como el polen, el moho y los ácaros del polvo. Los signos de la alergia ambiental pueden incluir picores en la piel, estornudos, secreción nasal y ojos llorosos.
- Alergia a las pulgas. La alergia a las pulgas surge por una reacción alérgica a la saliva seca de este parásito.
- Alergias a los medicamentos. A veces los animales desarrollan alergias a ciertos medicamentos que son administrados a los perros.
No siempre resulta sencillo detectar una alergia en el perro, pues los síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades.
¿Cómo tratar la alergia en perros?
- Prueba cutánea. Esta prueba es una de las más utilizadas para detectar posibles alergias en los perros.
- Análisis de sangre.
- Prueba de eliminación o dieta de eliminación. Para realizarla, se deben retirar ciertos alimentos de la dieta del perro.
Algunos medicamentos pueden ayudar a reducir los efectos secundarios de las alergias en perros. Estos pueden incluir antihistamínicos, corticosteroides y medicamentos inmunosupresores. Si se sospecha que existe una alergia alimentaria, el veterinario puede recomendar un cambio en la dieta del animal.
El sistema inmunológico se fortalece con la administración de dosis de vacunas regulares de la sustancia a la que el perro es alérgico, ayudando a reducir la reacción alérgica. Si la alergia la originan sustancias presentes en el ambiente, como el polvo o el polen, el control ambiental puede ayudar a reducir los síntomas.
Aunque no es posible determinar todas las causas de las alergias en los perros, gatos u otras mascotas, hay ciertas medidas que podemos tomar para minimizarlas.
- Buenas normas de higiene.
- Evitar el consumo de alimentos sospechosos.
- Reducir la presencia de alérgenos ambientales, como el polen o el polvo.
- Desparasitación anual. Las pulgas y las garrapatas son algunos de los insectos que más reacciones alérgicas desencadenan en nuestros queridos peludos.
Las alergias pueden dañar el bienestar de nuestros amigos y empeorar su calidad de vida. Por eso es importante detectar los síntomas y actuar. Proteger a tu perro es cuidar su bienestar.
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